Cuando el chochalismo digital te deja sin negocio
Voy a empezar con una historia que me dejó helado. Había un tipo, llamémoslo Carlos. Carlos era el típico paisa emprendedor: tenía una cafetería en El Poblado, buen producto, mejor sonrisa y un ego del tamaño del Puente de la 4ª Sur. El problema empezó cuando decidió que necesitaba una página web.
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‘Mano, yo quiero algo bien bacano’, me dijo en un café, mientras agitaba su tinto como si fuera un coctel molotov. ‘Que tenga movimiento, luces, música, que la gente entre y diga: ¡Uy gonorrea, esto es lo máximo!’. Le pregunté cuál era su presupuesto. ‘Ay gonorrea, cómo es eso de presupuesto?’, respondió, como si yo le hubiera hablado en arameo.
Carlos terminó contratando a un primo que estudiaba ingeniería de sistemas y le hizo una página que parecía el sitio web de una discoteca de los 90. Movimientos epileptogénicos, una canción de fondo que no podías pausar y, para rematar, un formulario de contacto que no funcionaba. Dos meses después, Carlos cerró su negocio. ‘Es que la gente ya no sale’, justificó. No, Carlos, es que tu página web era un ciberespanto.
El problema número 1: El síndrome del ‘eso sirve’
Aquí en Medellín tenemos una maldición: el ‘eso sirve’. ¿Un logo hecho en Paint? Eso sirve. ¿Una página web que carga en 10 minutos? Eso sirve. ¿Un dominio que parece spam? Eso sirve. Este conformismo digital es el cáncer del desarrollo web en nuestra ciudad.
El otro día un cliente me dijo: ‘Pero gonorrea, ¿para qué gastar en un diseño profesional si mi sobrino me lo hace más barato?’. Le contesté: ‘¿Y por qué no le encargas a tu sobrino que te opere las cataratas también?’. El tipo se quedó mirándome como si hubiera blasfemado contra Santo Domingo, pero entendió el punto.
Por qué tu web parece un cementerio
Hay páginas web en Medellín que dan más pena que un carro de turismo corriendo en Las Palmas. Fotografías borrosas, textos que parecen escritos por un bot mal programado y call-to-action más escondidos que un narvarteño en Ávila.
¿Recuerdas esa página de la panadería de tu barrio? Esa donde el único botón que funciona es el de ‘regresar’ y tiene una foto del pan que parece haber sido tomada con un Nokia 3310. Exactamente ese es el problema: diseñamos webs como si tuviéramos miedo de que alguien realmente las use.
‘Es que yo no entiendo de tecnología’
Esta frase debería estar prohibida en Medellín. ¿Sabes qué pasa cuando no entiendes de tecnología? Terminas con una página web que te deja más pérdidas que un taxista en Altavista.
El otro día me topé con una página de una tienda de ropa que tenía un carrusel de imágenes que se movía tan rápido que parecía una alucinación lisérgica. Le pregunté al dueño por qué lo había puesto así. ‘Es que yo no entiendo de tecnología’, respondió, como si eso fuera un argumento válido. Hermano, si no entiendes de tecnología, contrata a alguien que sí lo haga.
El secreto: Piensa en el usuario, no en tu ego
Aquí va mi consejo más importante, y lo voy a poner en mayúsculas para que quede claro: TU PÁGINA WEB NO ES PARA QUE TE VEA BIEN, ES PARA QUE TU CLIENTE LA USE BIEN. Eso significa diseñar pensando en quién va a entrar, no en lo que tú quieres mostrar.
¿Un ejemplo? La página de Comfama. Nadie entra allí pensando ‘uy qué bonito diseño’. Entran porque pueden reservar clases de natación sin perder la cordura. Esa es la magia: hacer que la experiencia del usuario sea tan fluida que ni siquiera se den cuenta de lo bien diseñada que está.
El futuro del desarrollo web en Medellín
Medellín tiene el potencial de ser el Silicon Valley de Latinoamérica. Pero para eso, tenemos que dejar de pensar que ‘eso sirve’ y empezar a exigirnos más. Menos conformismo, más profesionalismo. Menos ‘eso lo hace mi primo’, más ‘esto lo hace un experto’.
¿Mi pronóstico? En unos años, cuando todas las empresas de Medellín tengan páginas web que realmente funcionen, vamos a mirar hacia atrás y preguntarnos por qué tardamos tanto en darnos cuenta de que el desarrollo web no es un gasto, sino una inversión.
Y para aquellos que todavía piensan que su página web ‘eso sirve’, les dejo esta reflexión: en un mundo donde TikTok existe y las abuelas aprenden a videollamar, ¿de verdad crees que tu cliente se va a conformar con una página que parece el Windows 95?
Ahora, ¿quién quiere ir por un tinto y hablar más de esto?