Clonar tu voz no es copiar: el error que está matando tu marca

La historia de Juan: el copywriter que se clonó hasta perder su esencia

Juan era el típico copywriter que se pasaba horas leyendo blogs, estudiando a los gurús del marketing y analizando cada palabra que salía de sus bocas. Él tenía un sueño: ser el próximo Isra Bravo. Pero había un problema. Juan no era Isra Bravo.

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Un día, decidió clonar su voz. No literalmente, claro. Pero empezó a escribir como él, a usar sus mismas frases, incluso a imitar su tono sarcástico. Al principio, funcionó. Sus textos empezaron a ganar atención, y sus clientes le felicitaban por su estilo ‘único’. Pero había un detalle que Juan no había considerado: no era único. Era una copia.

La cosa se complicó cuando un cliente le dijo: ‘Juan, me encanta tu estilo, pero parece que estoy leyendo a Isra Bravo en lugar de a ti.’ Ese día, Juan se dio cuenta de que había perdido algo invaluable: su voz propia.

¿Por qué clonar no es copiar? (Y por qué te estás equivocando)

Aquí viene la parte donde me pongo un poco polémico. Clonar tu voz no es lo mismo que copiar. Clonar implica tomar lo que funciona de otros y adaptarlo a tu esencia. Copiar es simplemente pegar y replicar sin ningún tipo de personalización.

El error que comete la mayoría de la gente en Medellín (y en cualquier otra parte del mundo) es pensar que pueden tomar la voz de alguien más y hacerla suya sin ningún tipo de transformación. Pues no, querido amigo. Así no es como funciona.

El otro día, un cliente me dijo: ‘Quiero sonar como Gary Vee.’ Y yo le contesté: ‘¿Y quién quiere sonar como tú?’ Ahí se quedó callado. Porque la verdad es que nadie quiere ser una copia de alguien más. Lo que queremos es encontrar nuestra propia voz.

El caso de Pepito: cuando clonar se convierte en un desastre

Pepito es el típico emprendedor que quiere hacerse notar. Un día decidió que iba a clonar la voz de su competencia. ¿El resultado? Un batiburrillo de frases cliché, palabras rebuscadas y un tono que no encajaba ni con él ni con su marca.

‘Pepito, esto suena como si lo hubiera escrito un robot,’ le dije. Y él me contestó: ‘Pero es que así escribe mi competencia.’ Y ahí está el problema. Pepito estaba tan enfocado en lo que hacían los demás que se olvidó de lo que él tenía que aportar.

La moraleja de esta historia es simple: clonar no es copiar. Clonar es tomar lo que funciona y adaptarlo a tu propia voz. Si no haces eso, terminarás siendo una sombra de alguien más.

Por qué tu marca parece un cementerio de palabras

Si tu marca parece un cementerio de palabras, es porque estás copiando en lugar de clonar. ¿Cómo saberlo? Sencillo. Si tus textos no tienen vida, si no resuenan con tu audiencia, si no generan conexión, entonces estás haciendo algo mal.

El otro día, un cliente me enseñó su página web. Era como pasear por un museo: todo estaba perfectamente ordenado, pero no había vida. ‘¿Y esto?’ le pregunté señalando un texto que parecía sacado de Wikipedia. ‘Es que así escribe mi competencia,’ me dijo. Y ahí estaba el problema de nuevo.

Si quieres que tu marca resuene, tienes que encontrar tu propia voz. No puedes simplemente copiar lo que hacen los demás y esperar resultados diferentes.

La fórmula mágica para clonar tu voz sin perderte en el intento

Aquí te voy a dar la fórmula mágica para clonar tu voz sin perder tu esencia. Primero, identifica lo que te hace único. ¿Qué es lo que solo tú puedes aportar? Segundo, estudia a los que admiras, pero no los copies. Toma lo que funciona y adáptalo a tu estilo. Tercero, practica. La única manera de encontrar tu voz es escribiendo, hablando, creando.

El otro día, un cliente me preguntó: ‘¿Cómo puedo encontrar mi voz?’ Y yo le dije: ‘Habla como si estuvieras en un bar con tus amigos.’ Porque la verdad es que tu voz ya está ahí, solo tienes que dejarla salir.

Conclusión: clonar no es copiar, es reinventar

Clonar tu voz no es lo mismo que copiar. Clonar es tomar lo que funciona y adaptarlo a tu propia esencia. Si no haces eso, terminarás siendo una sombra de alguien más.

Así que la próxima vez que te sientes a escribir, pregúntate: ¿esto suena como yo? Si la respuesta es no, entonces es hora de volver a empezar. Porque al final del día, lo que más vale es ser tú mismo.