El día que casi pierdo un cliente por culpa de una bocina
Todo comenzó en una tarde calurosa de Medellín. Estaba en un café del centro, tratando de cerrar un negocio con un cliente que quería lanzar su podcast. El tipo, vamos a llamarlo Juancho para proteger su dignidad, estaba emocionado. Tenía un micrófono de esos que compras en cualquier tienda de tecnología por $150.000 y una idea en la cabeza: “Voy a ser el próximo Joe Rogan de Colombia”.
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Pero ahí estaba el problema. Juancho, como muchos, creía que el éxito de un podcast estaba en el contenido. “El público me va a escuchar porque tengo algo que decir”, repetía mientras agitaba las manos como si estuviera dirigiendo un concierto. Pero cuando me mostró un avance de su primer episodio, casi me caigo de la silla. El audio sonaba como si lo hubiera grabado en una alcantarilla. Eco por todos lados, ruido de fondo constante, y algo peor: la bocina de un camión que pasó en el minuto 3:47 y que él dejó ahí como si fuera parte del ambiente. “Da personalidad”, me dijo con una sonrisa de orgullo. Yo solo pude pensar: “Personalidad de ambulancia”.
Ahí fue cuando entendí que Juancho no era el problema. El problema es que nadie le había explicado que el editing es el 80% de un buen podcast. Así que hoy, voy a hacerlo yo. Porque estoy harto de escuchar podcasts que parecen grabados en un gallinero.
El mito más grande del podcasting
Vamos a empezar con algo que necesita ser dicho: el contenido no es rey. Sí, leíste bien. El contenido es importante, claro, pero si tu audio suena como si lo hubieras grabado en el fondo de un pozo, nadie va a quedarse a escuchar tu sabiduría. Y aquí es donde la mayoría de los podcasters en Medellín (y en el mundo) cometen su primer error.
“Pero mi teléfono tiene buen micrófono”, dicen. Mentira. Los micrófonos de los teléfonos son para WhatsApp, no para podcasts. Y si estás pensando en grabar en un lugar ruidoso porque “es auténtico”, déjame decirlo claro: la autenticidad no incluye pitidos de fondo ni el sonido del tráfico de la Avenida El Poblado.
El caso de Pepito: cuando el editing salva vidas
Recuerdo a otro cliente, vamos a llamarlo Pepito porque su nombre real es demasiado normal para esta historia. Pepito tenía un podcast sobre filosofía. Sí, filosofía. El primer episodio que me envió era una hora y media de reflexiones profundas sobre el existencialismo… mezcladas con el ladrido constante de su perro. Cuando le dije que había que editar eso, me miró como si le hubiera sugerido quemar la Biblia. “Es parte del contexto”, dijo. Yo le contesté: “Pepito, si Sartre hubiera incluido ladridos en sus textos, nadie lo habría leído”.
Finalmente, Pepito cedió. Le quitamos los ladridos, ajustamos los niveles de audio, y añadimos un poco de música de fondo para darle ambiente. El resultado fue increíble. El podcast pasó de sonar como una grabación casera a algo que podrías escuchar en Spotify junto a los grandes. Y adivina qué: Pepito ahora tiene seguidores que escuchan hasta sus pensamientos más aburridos sobre Kierkegaard.
Los pecados capitales del podcast editing
Ahora vamos a lo que realmente importa: los errores más comunes que arruinan tu podcast. Porque sí, querido lector, hay pecados que cometemos todos y que necesitan ser expuestos.
1. El eco de la muerte: ¿Sabes ese sonido como si estuvieras hablando en una cueva? Eso es porque estás grabando en una habitación sin tratamiento acústico. Compra unos paneles de espuma o graba en un closet lleno de ropa. No es glamuroso, pero funciona.
2. El volumen inconsistente: Nada peor que un invitado que habla tan bajo que tienes que subir el volumen al máximo, y luego tú gritas como loco en el siguiente segmento. Usa un compresor, por el amor de Dios.
3. La música que mata: Sí, la música de fondo es genial, pero si suena más alto que tu voz, estás haciendo karaoke, no un podcast.
4. Los silencios incómodos: Si te quedas callado por más de dos segundos, corta esa parte. Nadie quiere escuchar tu respiración pesada.
Por qué el editing no es opcional
Aquí está la verdad cruda: Si no estás dispuesto a invertir en un buen editing, mejor no hagas podcast. Porque en el mundo de hoy, donde todo el mundo tiene un micrófono y algo que decir, el diferencial está en la calidad. Y no, no necesitas gastar millones en equipos profesionales. Pero sí necesitas aprender a usar herramientas básicas como Audacity o GarageBand. Y si no tienes tiempo para hacerlo tú mismo, contrata a alguien que lo haga. Es tan importante como el contenido.
El futuro de los podcasts
El podcasting no va a desaparecer, pero sí va a evolucionar. Y los que sobrevivan serán los que entiendan que un buen podcast no es solo lo que dices, sino cómo lo dices. Así que si estás pensando en lanzar el tuyo, recuerda: el editing es tu mejor aliado. Y si no me crees, pregúntale a Juancho. Después de que le ayudé a editar su primer episodio (y le quité la bocina del camión), empezó a ganar seguidores. Ahora sí tiene la posibilidad de ser el próximo Joe Rogan… o al menos, el próximo Juancho.