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La noche que casi me duermo en vivo
Érase una vez, en un estudio de radio pequeño y lleno de cables que parecían serpientes enredadas, un locutor novato (yo) estaba a punto de cometer el error más grande de su vida. Era mi primer día en vivo, y estaba más nervioso que un gato en una piscina. El programa comenzó bien, pero minutos después, mi voz se convirtió en un monótono zumbido que podría haber sido usado como sonido de fondo para una clase de yoga. El productor, desde el otro lado del cristal, me miraba con ojos de ‘¿en serio?’ y hacía gestos desesperados para que cambiara el tono. Pero yo, ignorante de mi propia monotonía, seguí adelante. El resultado: una audiencia que probablemente se quedó dormida y un productor que nunca más me volvió a llamar.
Por qué tu voz parece un soporífero
No puedo creer que todavía haya gente que piense que la locución es simplemente hablar frente a un micrófono. ¡Por favor! La locución es un arte, una ciencia y una experiencia psicodélica si se hace bien. El problema es que muchos locutores, especialmente en Medellín, caen en la trampa de pensar que mientras más serios y formales suenen, más profesionales parecerán. ERROR COLOSSAL. La audiencia no quiere escuchar a un robot recitando noticias; quiere sentir emociones, vibrar con cada palabra, reír, llorar, enojarse. Si tu voz no transmite nada de eso, bien podrías estar leyendo el directorio telefónico.
El caso de Pepito y su voz ‘robótica’
El otro día, un chico llamado Pepito me pidió consejos para mejorar su locución. Me dijo: ‘Es que he estado practicando mucho, pero siento que no conecto con la audiencia’. Le pedí que me mostrara un ejemplo de cómo hablaba. Y ahí estaba: Pepito, con una voz que sonaba como si la hubiera sacado de un sintetizador de los años 80. ‘Pepito, amigo mío,’ le dije, ‘tu voz tiene tanto carisma como una tostadora. Necesitas soltarte, ser tú mismo, dejar que tu personalidad brille’. Le recomendé que escuchara a grandes locutores, que se grabara y se escuchara, que practicara con amigos. Y lo más importante: que no tuviera miedo de equivocarse. Porque en la locución, como en la vida, el verdadero fracaso es no intentarlo.
Cómo convertir tu voz en un arma de seducción masiva
Si quieres ser un buen locutor, tienes que entender que tu voz es mucho más que un conjunto de sonidos. Es tu herramienta para conectar, persuadir, emocionar. Aquí tienes algunos consejos para empezar: 1) Varía tu tono. No hables todo el tiempo en el mismo registro; sube, baja, haz pausas dramáticas. 2) Emociónate. Si tú no sientes lo que estás diciendo, ¿cómo esperas que lo sienta tu audiencia? 3) Practica, practica, practica. Graba tus sesiones, escúchate, identifica qué funciona y qué no. Y sobre todo, diviértete. La locución no debería ser una tortura; debería ser una fiesta.
El día que la radio salvó mi vida
Cierro con una anécdota personal. Hubo un tiempo en el que estaba pasando por una racha difícil. Un día, sin más, decidí meterme a un estudio de radio y simplemente hablar. Hablé de todo: de mis miedos, mis sueños, mis fracasos. Y algo mágico ocurrió: la gente se conectó. Recibí mensajes de personas que decían que mis palabras les habían ayudado, les habían hecho sentir menos solos. Ese día entendí que la radio y la locución no son solo herramientas de comunicación; son herramientas de conexión humana. Así que, si estás pensando en entrar en este mundo, te digo: hazlo. Pero hazlo de verdad. Porque el mundo no necesita más voces monótonas; necesita voces que vibren, que emocionen, que cambien vidas.