La historia del tipo que casi arruina una película con un sonido de pedo
Había una vez, en un estudio de postproducción perdido en Medellín, un tipo que vamos a llamar ‘Carlos’. Carlos era el nuevo becario, el chico de los recados que, por alguna razón, terminó a cargo de los efectos de sonido de un cortometraje indie. El director le dijo: ‘Necesitamos algo épico para la escena del enfrentamiento final’. Y Carlos, con la confianza del que no sabe lo que hace, pensó: ‘¿Qué es más épico que un sonido de pedo?’.
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Así fue como, en la escena clave del corto, cuando el héroe se enfrentaba al villano bajo la lluvia torrencial, de repente se escuchó un sonido de pedo retumbar en el surround 5.1. El director palideció. El productor casi suelta el café. Y Carlos, con una sonrisa de orgullo, dijo: ‘¡Ya tienes tu momento épico!’. Spoiler: Carlos no volvió a trabajar en cine.
Esta historia podría terminar aquí, como una anécdota graciosa para contar en un bar, pero no. Es el punto de partida perfecto para hablar de algo que muchos subestiman, pero que es crucial en cualquier proyecto audiovisual: el sound design.
Por qué el sound design no es solo poner soniditos
Vamos a dejarlo claro desde el principio: el sound design no es solo poner efectos de sonido aquí y allá como si estuvieras decorando un árbol de Navidad. No, señores. Es mucho más que eso. Es crear una atmósfera, contar una historia, emocionar, asustar, hacer reír o llorar. Es el arte de manipular el sonido para que el público sienta lo que tú quieres que sienta.
Y aquí es donde muchos meten la pata. Piensan que con descargar unos cuantos efectos de sonido de Internet y pegarlos en la línea de tiempo ya está. ¡Error garrafal! El sound design es como cocinar: puedes tener los mejores ingredientes, pero si no sabes cómo combinarlos, el platillo va a saber a rayos.
El otro día un cliente me dijo: ‘Es que es solo sonido, ¿no? Al final nadie se da cuenta’. Y yo, con toda la paciencia del mundo, le contesté: ‘¿Sabes por qué nadie se da cuenta? Porque está bien hecho. Si se dieran cuenta, es porque hiciste algo mal’.
El caso de Pepito y su jingle que sonaba a ascensor
Hablemos de Pepito. Pepito es un tipo talentoso, pero terco como una mula. Un día decidió hacer un jingle para un comercial de una marca de ropa. ‘¡Quiero algo fresco, juvenil, que pegue!’, le dijeron. Pero Pepito, en su sabiduría infinita, decidió hacer un jingle que sonaba a música de ascensor. ¿El resultado? El cliente lo rechazó, y Pepito se quedó preguntándose por qué.
Lo que Pepito no entendió es que el sound design, especialmente en publicidad, tiene que evocar emociones específicas. No puedes poner música de ascensor en un comercial de ropa juvenil y esperar que la gente se emocione. Es como ponerle salsa picante a un helado: no combina.
Por qué el sound design es el héroe anónimo del cine
Piensa en tus películas favoritas. Seguro hay escenas que recuerdas no solo por lo que ves, sino por lo que escuchas. El rugido de los dinosaurios en Jurassic Park, el sonido del sable de luz en Star Wars, el chasquido de dedos de Thanos en Avengers. Todo eso es sound design.
El problema es que, cuando está bien hecho, pasa desapercibido. Y cuando está mal hecho, arruina todo. ¿Alguna vez viste una película donde los efectos de sonido suenan falsos o están mal sincronizados? Es como ver a alguien intentando bailar salsa con los zapatos equivocados: incómodo y difícil de ignorar.
Los errores más comunes en Medellín (y cómo evitarlos)
Ahora vamos a hablar de los errores que veo una y otra vez aquí en Medellín. Primero, la falta de planificación. Muchos proyectos dejan el sound design para el final, como si fuera un detalle menor. Error. El sonido debe estar integrado desde el principio, no como un parche al final.
Segundo, la obsesión con los efectos de sonido. Sí, están bien, pero no puedes saturar una escena con tantos efectos que termines por distraer al público. Menos es más, amigos.
Tercero, la ignorancia del silencio. El silencio es una herramienta poderosa en el sound design, pero muchos lo temen. ‘¡Hay que llenar cada segundo con sonido!’, dicen. No, no hay que hacerlo. A veces el silencio dice más que mil sonidos.
El futuro del sound design: ¿Robots o creatividad humana?
Con la inteligencia artificial avanzando a pasos agigantados, muchos se preguntan si los robots terminarán reemplazando a los diseñadores de sonido. Mi respuesta: depende. La tecnología puede hacer muchas cosas, pero aún no puede replicar la creatividad humana, la intuición, la capacidad de emocionar.
Así que, mientras sigamos creando sonidos que muevan almas y no solo decibelios, el futuro del sound design está en buenas manos. Y ojo, que no estoy diciendo que los robots no puedan ayudar. Pero que no nos quiten el trabajo, ¿verdad?
Conclusión: Haz ruido, pero hazlo bien
El sound design es mucho más que soniditos. Es arte, es técnica, es ciencia. Es lo que hace que una película pase de ser buena a ser inolvidable, lo que convierte un anuncio en algo pegajoso, lo que lleva un videojuego al siguiente nivel.
Así que, la próxima vez que pienses en el sonido como un detalle menor, recuerda a Carlos y su sonido de pedo épico. O a Pepito y su jingle de ascensor. No seas como ellos. Haz ruido, pero hazlo bien.