El día que Juan decidió ‘trabajar’ desde la playa
Juan siempre había sido ese tipo que soñaba con trabajar desde una hamaca en el Caribe. ‘El wifi es bueno, el sol radiante y el mar inspira’, dijo el muy iluso. Así que un lunes cualquiera, decidió que no volvería a su oficina. Compró un pasaje a Cartagena, alquiló un Airbnb frente al mar y se sentó frente a su laptop con la determinación de un guerrero samurái.
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Pero algo empezó a fallar. Primero fue el calor. ‘¿Cómo puede ser que esta laptop se sienta como un horno microondas?’, se quejó mientras se deshacía de su camiseta. Luego vino el mar. ‘Mira ese barquito, qué lindo’, pensó, mientras pasaban 45 minutos en Instagram buscando barcos en alta resolución. Después llegaron los vecinos. ‘¡Baila, baila, baila!’, gritaban desde la casa de al lado, porque aparentemente en Cartagena las fiestas empiezan a las 11 de la mañana.
Al final del día, Juan había revisado su correo cinco veces, respondió un par de mensajes en Slack y abrió un documento de Google Docs que solo decía: ‘Empecemos aquí’. Ese fue el día en que Juan entendió que el paraíso no es un lugar para trabajar.
Por qué tu flujo de trabajo es un desastre
Juan no es el único. Todos somos Juan. Bueno, tal vez tú no te hayas ido a Cartagena, pero seguro tienes tus propias distracciones. Y aquí viene mi opinión polémica: la mayoría de la gente en Medellín (y en todas partes) está sabotando su flujo de trabajo sin siquiera darse cuenta.
Estás trabajando desde casa, qué bien, ¿no? Pero tu casa está llena de trampas. La nevera llama: ‘Ven, tómate un yogur’. La cama susurra: ‘Despiértame en 10 minutos’. Y tu celular, ese traicionero, no para de vibrar con notificaciones de Instagram, WhatsApp y la última vez que alguien mencionó tu nombre en Twitter.
El caso de Pepito: ‘Yo trabajo mejor bajo presión’
El otro día, un cliente me dijo: ‘Yo trabajo mejor bajo presión’. Y le contesté: ‘Claro, porque pasaste 80 horas procrastinando y ahora tienes 2 horas para hacer el trabajo de una semana’. Pepito, como lo llamaré, es el rey de la procrastinación.
‘Es que si tengo mucho tiempo, me relajo’, dijo Pepito, justificándose. ‘Pero si tengo una fecha límite, soy una máquina’. Lo que Pepito no entiende es que trabajar bajo presión no es un superpoder, es el resultado de un flujo de trabajo roto. Es como decir: ‘Yo corro mejor cuando me persigue un león’. Sí, obvio, pero el león no debería estar ahí en primer lugar.
Los enemigos invisibles de tu flujo de trabajo
Ahora hablemos de los verdaderos villanos de esta historia. No son los jefes exigentes ni los clientes molestos. Son esos pequeños hábitos que te están matando la productividad sin que te des cuenta.
1. El multitasking: ‘Puedo hacer tres cosas a la vez’, piensas mientras revisas tu correo, respondes un mensaje de WhatsApp y tratas de escribir un informe. Spoiler: no puedes. Lo único que logras es hacer tres cosas mal.
2. Las reuniones innecesarias: ‘Vamos a hacer una reunión para discutir la reunión de la próxima semana’. No, señor. No vamos a hacer eso.
3. Las notificaciones: Cada vez que tu celular vibra, pierdes el enfoque. Y no, no es solo un segundo. Es el tiempo que te toma volver a concentrarte.
Cómo arreglar tu flujo de trabajo (sin volverte un robot)
Ahora que ya sabemos qué no hacer, hablemos de cómo arreglar este desastre. No, no tienes que convertirte en un monje tibetano que medita 4 horas al día. Aquí hay algunos consejos prácticos:
1. Bloquea tu tiempo: Divide tu día en bloques de trabajo enfocado. 25 minutos de trabajo, 5 minutos de descanso. Es como el método Pomodoro, pero sin necesidad de comprar un reloj con forma de tomate.
2. Elimina las distracciones: Si tu celular es tu peor enemigo, déjalo en otra habitación. Y si no puedes vivir sin él, usa aplicaciones que bloqueen las redes sociales durante tus horas de trabajo.
3. Aprende a decir ‘no’: No tienes que aceptar todas las reuniones, ni hacerle favores a todo el mundo. Aprender a decir ‘no’ es como tener un superpoder.
El final feliz de Juan
Al final, Juan volvió de Cartagena. No digo que su vida sea perfecta, pero al menos ahora sabe que trabajar desde la playa no es tan romántico como parece. Ahora tiene un espacio de trabajo dedicado en su casa, apaga las notificaciones durante sus horas de trabajo y ha aprendido a decir ‘no’ cuando alguien le pide que haga algo que no le corresponde.
No estoy diciendo que tú tengas que hacer lo mismo. Pero si quieres mejorar tu flujo de trabajo, tal vez deberías empezar por dejar de perseguir barcos en Instagram. O al menos guardarlo para tu hora de descanso.