Onboarding: El arte de no hacer sentir a tu nuevo empleado como un extraterrestre

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Imagínate esto: estás en tu primer día de trabajo. Te han prometido un ambiente moderno, un equipo dinámico y unas responsabilidades excitantes. Llegas a la oficina, te recibe alguien que apenas te saluda, te entregan una carpeta con papeles que parecen sacados de una máquina del tiempo de los años 90, y te dicen: «Aquí está tu puesto, empieza cuando quieras». ¿Te suena? Pues esto le pasó a mi amigo Carlos.

Carlos, un tipo brillante con un máster en Marketing Digital, había dejado su trabajo estable en una empresa grande para unirse a una startup prometedora. Todo sonaba genial en las entrevistas: «Somos como una familia», «Aquí todos tenemos voz», «Innovamos cada día». Pero el primer día fue un choque de realidad. Después de esa fría bienvenida, Carlos pasó horas sin saber qué hacer, nadie le explicaba nada, y cuando finalmente preguntó, le respondieron con un «Ah, eso lo verás en las próximas semanas».

Carlos aguantó tres meses antes de mandar todo al carajo y renunciar. ¿La razón? No era el trabajo, era la sensación de ser un extraterrestre en un planeta desconocido. Y esto, queridos lectores, es lo que pasa cuando no sabes hacer un onboarding decente.

¿Por qué el onboarding es como una primera cita?

Deja que te lo diga claro: el onboarding es como una primera cita. Si llegas tarde, hablas solo de ti y no muestras interés en la otra persona, lo más probable es que no haya segunda cita. Lo mismo pasa con los empleados. Si el primer día solo les das una montaña de papeleo y un ordenador viejo, ¿qué mensaje estás enviando? Exacto: «Aquí no nos importas».

El otro día hablé con una clienta que me dijo: «Pero si ya les pagamos bien, ¿qué más quieren?». Y yo, con toda la paciencia del mundo, le contesté: «Qué más quieren? Quieren sentir que son parte de algo, que su trabajo importa, que no son solo un número en una nómina». Ella se quedó pensando, pero no creo que haya entendido del todo.

El caso de Pepito: cómo NO hacer onboarding

Hablemos de Pepito, un joven emprendedor que montó una empresa de diseño gráfico. Pepito tenía un problema: sus empleados se iban en menos de seis meses. Cuando le pregunté qué hacía con los nuevos, me dijo: «Les muestro la oficina, les explico lo básico y los dejo solos». ¡Madre mía!

Le expliqué que su enfoque era como invitar a alguien a tu casa, mostrarle la puerta y decirle: «Allá tú, arregláte». Pepito se rió, pero por dentro estaba pensando: «¿Y qué más puedo hacer?». Le sugerí un plan de onboarding estructurado, con sesiones de integración, mentorías y objetivos claros desde el primer día. Pepito lo intentó, y sorpresa: la rotación bajó un 50% en seis meses.

El gran error: pensar que el onboarding es un trámite

Aquí viene mi opinión polémica: la mayoría de las empresas tratan el onboarding como un trámite. Es como si dijeran: «Bueno, ya sabemos que tenemos que hacer esto, así que cumplimos con el mínimo». Pero el onboarding no es un trámite, es una inversión. Un empleado que se siente bienvenido y valorado desde el primer día es más productivo, más comprometido y menos propenso a largarse a la primera oferta mejor.

El otro día vi un caso que me hizo hervir la sangre. Una empresa organizó un «onboarding express» de una hora. Una hora. ¿En serio? Ni siquiera te da tiempo a aprender dónde está el baño, y ya te están soltando en la jungla. Esto es como intentar enseñarle a alguien a nadar tirándolo al mar. Spoiler: no funciona.

El mejor onboarding que he visto

Pero no todo es desastre. Conocí una empresa que hace un onboarding espectacular. El primer día no es solo una visita guiada, es una experiencia. Los nuevos empleados tienen un mentor asignado, reciben un kit de bienvenida con cosas útiles (y algunas divertidas, como una taza con su nombre), y tienen una agenda llena de actividades que les ayudan a entender la cultura de la empresa y su papel en ella.

¿El resultado? Empleados felices, motivados y fieles. Esta empresa tiene un índice de retención del 90% después de un año. Y adivina qué: no es porque paguen mucho más que los demás, es porque saben cómo hacer que la gente se sienta parte del equipo desde el principio.

Conclusión: el onboarding es tu mejor arma secreta

Así que, queridos empresarios, emprendedores y gestores de recursos humanos, aquí está la verdad cruda: el onboarding no es algo que «tienes que hacer», es algo que «quieres hacer» si deseas retener talento y construir una cultura empresarial sólida. No seas como Carlos, Pepito o esa empresa del «onboarding express». Sé inteligente, invierte en una buena experiencia de inicio, y verás cómo tus empleados florecen.

Y si no sabes por dónde empezar, aquí tienes unas preguntas básicas: ¿Qué quieres que sienta tu nuevo empleado el primer día? ¿Qué necesita saber para empezar con buen pie? ¿Cómo puedes hacer que se sienta parte del equipo? Responde estas preguntas, ponte manos a la obra, y deja de tratar a tu gente como si fueran máquinas de producción. Ah, y si necesitas ayuda, ya sabes dónde encontrarme.