Presentación Automática: El arte de no dormir a tu audiencia mientras hablas

La vez que casi me quedo dormido en mi propia reunión

Era un martes por la mañana, y estaba en una reunión con un cliente potencial. Él, entusiasmado, había preparado una presentación automática para impresionarme. Y vaya que lo hizo… pero no en el sentido que él esperaba.

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El caso es que empezó con un PowerPoint que parecía sacado de los años 90. Fotos pixeladas, gráficos ilegibles y colores que hacían que mis ojos llegaran a un acuerdo tácito: ‘Cerrad, por favor’. El problema no terminó ahí. El tipo no soltaba el control remoto y avanzaba las diapositivas como si estuviera en una carrera de Fórmula 1. Entendí que estaba en modo ‘presentación automática’, es decir, su boca y el PowerPoint iban sincronizados para contarme un cuento que nadie quería escuchar.

En serio, me quedé mirando el reloj cada 30 segundos, deseando que alguien me rescatara. Fue entonces cuando me di cuenta: este hombre no estaba vendiendo nada. Estaba cometiendo un crimen contra la atención humana. Y fue ahí, en ese momento trágico, donde decidí que iba a escribir esto: una guía para evitar que tú, querido lector, termines siendo el villano de la historia.

Por qué tu presentación automática parece un repositorio de fotos viejas

El primer error, y el más recurrente, es pensar que una presentación automática es simplemente una colección de diapositivas con texto. No, señores, no. Si tu idea de impresionar es poner tres párrafos en una slide y leerlos como si fueras un robot mutado, estás perdido. La gente no viene a escuchar tu monólogo. Viene a ver cómo puedes resolver su problema.

Hace poco, un tal Pepito me dijo: ‘Es que yo no sé diseñar, pero el contenido es bueno’. Y yo le contesté: ‘Pepito, si tu contenido es tan bueno, pero nadie lo lee porque tus slides parecen una carta de restaurante de los años 80, entonces no sirve de nada’. El diseño importa. La claridad importa. Y, sobre todo, la brevedad importa.

¿Sabes lo que pasa cuando abrumas a tu audiencia con información? Que dejan de escucharte. Es como si les lanzaras un chorro de agua a presión a la cara. Apenas pueden respirar, menos procesar lo que dices. Así que, por favor, si tu presentación automática parece un museo de textos largos y aburridos, es hora de replantearla.

El síndrome del ‘robotic voice’: cuando hablas como Siri

Aquí viene otro problema que me saca de quicio: la gente piensa que una presentación automática es igual a hablar como un androide. Grave error. Si tu tono de voz es plano, como si estuvieras leyendo el diccionario, estás perdido. La audiencia necesita conexión, no un tutorial de cómo usar el microondas.

El otro día, en un taller, una asistente me dijo: ‘Es que yo soy muy seria, no puedo contar chistes ni usar gestos dramáticos’. Y yo le dije: ‘Nadie te está pidiendo que seas un payaso de circo. Pero si tu voz no tiene matices, si no transmites emoción, estás cavando tu propia tumba’. Una presentación automática no es un discurso militar. Es una conversación con tu público. ¿Lo entiendes? Conversación. Implica conexión.

Así que, por el amor de Dios, deja de hablar como si estuvieras leyendo un manual de instrucciones. Respira. Haz pausas. Cambia el tono. Y, sobre todo, sé humano.

El controvertido tema de las transiciones: menos Flash, más efectividad

Ahora vamos al capítulo de las transiciones. Dios mío, si hay algo que me hace perder la cordura son esas presentaciones automáticas llenas de efectos dignos de una película de ciencia ficción. ¿Sabes a qué me refiero? Esas transiciones que hacen que las palabras giren, vuelen, desaparezcan y reaparezcan como si estuvieran en un parque de atracciones.

A un cliente le dije una vez: ‘Amigo, tus transiciones están tan cargadas que parecen un videojuego de los años 2000’. Y él, orgulloso, me respondió: ‘Es que así llamo la atención’. No, señor. Así distraes. Una transición debe ser sutil, casi imperceptible. Su trabajo es facilitar el flujo, no robar el protagonismo. ¿Quieres que tu audiencia recuerde tu mensaje o que se quede mirando las luces de colores?

El gran error: no adaptarte a tu audiencia

Aquí viene el pecado capital. Lo he visto tantas veces que podría escribir un libro sobre ello. Gente que usa la misma presentación automática para todos los públicos, sin importar si están hablando con un CEO o con un estudiante de primer semestre. Es como servirle pizza de piña a alguien que odia el dulce. Simplemente, no funciona.

Te cuento algo gracioso. Una vez, un vendedor me mostró su presentación automática. Estaba llena de términos técnicos y gráficos complejos. Le pregunté: ‘¿Y si tu cliente no entiende de eso?’. Y él, con toda la tranquilidad del mundo, me dijo: ‘Es que yo siempre uso la misma’. Ahí entendí por qué estaba robado de clientes.

Amigos, adaptarse es clave. Si tu audiencia es técnica, usa jerga técnica. Si no lo es, simplifica. Si estás vendiendo, enfócate en el beneficio, no en el producto. Recuerda: una presentación automática no es para ti, es para ellos.

Cómo salvar tu presentación automática y no morir en el intento

Después de todo esto, seguramente te estás preguntando: ‘¿Y cómo hago una presentación automática que no sea un desastre?’. Tranquilo, tengo la fórmula mágica. Primero, simplifica. Menos es más. Segundo, sé humano. Conecta con tu audiencia. Tercero, adapta. No usa la misma presentación para todos. Y cuarto, practica. No hay nada peor que alguien que lee las slides como si fuera la primera vez que las ve.

Si sigues estos consejos, te aseguro que tu presentación automática dejará de ser un monólogo aburrido y se convertirá en una herramienta poderosa para conectar, persuadir y vender. Así que, la próxima vez que estés frente a un público, recuerda: no estás haciendo una presentación automática. Estás contando una historia. Y las historias, cuando son buenas, nadie las quiere dejar.