El día que Pepsi casi arruina su marca (y cómo tú podrías hacerlo peor)
Hace unos años, un ejecutivo de Pepsi decidió que era hora de renovar su identidad corporativa. No era una decisión cualquiera. Hablamos de una marca que lleva décadas compitiendo con Coca-Cola en el ring del branding. Así que contrataron a una agencia de diseño de lujo, gastaron millones de dólares y… ¿el resultado? Un logo que parecía un smiley vomitando.
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No exagero. La nueva versión del logo fue recibida con memes, burlas y hasta teorías conspirativas sobre si alguien en el equipo de diseño estaba bajo los efectos de alguna sustancia ilícita. ¿Lo peor? Después de tanto debate, al final el nuevo diseño no aportó nada significativo a la marca. Fue como cambiar el sofá de sitio: gastaste energía, pero el salón sigue igual.
Y aquí es donde entras tú. Porque, si no tienes cuidado, podrías cometer el mismo error. O peor.
¿Por qué tu marca parece un disfraz de última hora?
El otro día estaba en un café en Medellín, y escuché a un tipo decir: ‘Total, es solo un logo’. Me dieron ganas de levantarme, ir a su mesa y gritarle: ‘¡¡ESO ES LO QUE DIJO EL COMPAÑERO DE PEPSI!!’. Pero me contuve. No quería parecer loco.
El problema es que mucha gente piensa que la identidad corporativa es solo un logo, unos colores y una fuente bonita. Y sí, eso es parte de ella, pero es como decir que un libro es solo la portada. La identidad corporativa es la esencia de tu marca. Es lo que la gente siente cuando piensa en ti. Es lo que hace que alguien elija tu empresa en lugar de la competencia.
Y aquí viene mi opinión polémica: en Medellín, muchos empresarios tratan su identidad corporativa como si fuera un trámite. ‘Ay, necesito un logo rápido para abrir mañana’. Y ahí lo tienes: marcas que parecen fabricadas en serie, sin alma ni personalidad. ¿Sabes qué pasa cuando haces eso? Que tu marca se pierde en el mar de la mediocridad.
El caso de ‘Pepito y su emprendimiento fallido’
Te voy a contar una historia. Pepito (sí, le cambié el nombre para proteger su dignidad) decidió montar una cafetería. Su concepto era genial: café gourmet con experiencias temáticas mensuales. Podías tomar un café mientras escuchabas música de los 80 o participabas en un taller de pintura. ¡Buena idea, ¿no?!
Pero Pepito cometió un error fatal. No invirtió en su identidad corporativa. Su logo lo diseñó su sobrino (que acababa de descargar Photoshop). Los colores los eligió porque ‘le gustaban’. Y la tipografía… bueno, esa fue una combinación de Comic Sans y Times New Roman que aún me da pesadillas.
¿El resultado? Su café cerró a los seis meses. La gente no entendía qué ofrecía. El local parecía una mezcla entre una guardería y una oficina de abogados. Y Pepito, frustrado, dijo: ‘Es que la gente no aprecia el buen café’. ¡No, Pepito! Es que la gente no entendía quién eras.
Ejemplos que hicieron historia (y otros que arruinaron reputaciones)
Veamos algunos casos reales para que aprendas de los mejores (y de los peores).
El renacimiento de Apple
En los 90, Apple estaba casi muerta. Su identidad corporativa era un desastre. Tenían un logo arcoíris que parecía diseñado por un niño de primaria. Entonces llegó Steve Jobs, contrató a la agencia Pentagram y crearon una identidad minimalista, elegante y futurista. ¿El resultado? Apple se convirtió en una de las marcas más valiosas del mundo.
La tragedia de Gap
En 2010, Gap decidió cambiar su logo. ¿Por qué? Nadie lo sabe. El nuevo diseño era tan malo que los clientes se rebelaron en redes sociales. Después de solo una semana, Gap tuvo que volver al logo antiguo. ¿La lección? Si algo funciona, no lo cambies sin una razón. Y, sobre todo, escucha a tus clientes.
El éxito de Nike
El ‘swoosh’ de Nike es uno de los logos más reconocibles del mundo. ¿Sabes por qué? Porque representa movimiento, esfuerzo y superación. Es simple, pero transmite muchísimo. Además, Nike ha sabido mantener consistencia en su identidad corporativa durante décadas. Eso genera confianza y lealtad.
¿Cómo crear una identidad corporativa que la rompa?
Aquí tienes algunos consejos prácticos para no meter la pata:
1. Define tu propósito: ¿Por qué existe tu marca? ¿Qué problema resuelves? Eso debe reflejarse en tu identidad.
2. Sé consistente: Usa los mismos colores, fuentes y tono de voz en todo. Así la gente te reconocerá al instante.
3. Escucha a tus clientes: Ellos son los que le dan valor a tu marca. Si no conectas con ellos, estás perdido.
4. Invierte en profesionales: No le pidas a tu sobrino ni descargues plantillas de Internet. Una identidad corporativa es una inversión, no un gasto. Busca una agencia de branding en Medellín que entienda realmente tu visión.
Conclusiones (o cómo no arruinar tu marca)
La identidad corporativa no es un capricho. Es lo que define tu marca ante el mundo. Si la haces bien, puedes ganar lealtad, reconocimiento y hasta más ventas. Si la haces mal, acabarás como Pepsi o Gap: gastando millones para quedar peor de lo que empezaste.
Así que, por favor, no trates tu marca como un trámite más. Dedícale tiempo, esfuerzo y recursos. Y, sobre todo, escucha a los que saben. Porque, como dice el refrán: ‘El que escucha consejos, nunca llega viejo’. Y tu marca tampoco.