La noche que todo cambió
Había una vez en Medellín, en un bar de El Poblado, donde las luces eran tan tenues que apenas podías distinguir si la persona frente a ti era un humano o un maniquí. Ahí estaba yo, compartiendo una cerveza con un amigo que, sin querer, me soltó una pregunta que me dejó pensando toda la noche.
—Oye, ¿cómo hago para que mi negocio sea conocido sin que parezca que estoy desesperado por vender? —me dijo, mientras jugaba con el hielo de su bebida como si fuera una bola mágica.
El tipo tenía un local de ropa en Laureles, pero era tan invisible como un fantasma. Su estrategia de marketing consistía en poner un letrero que decía ‘Abierto’ y esperar a que la gente entrara. Spoiler: no funcionaba.
—¿Te has puesto a pensar que tal vez tu cliente ideal ni siquiera sabe que existes? —le contesté, mientras me preparaba para soltarle una verdad que le iba a doler.
Por qué tu web parece un cementerio
Vamos a ser claros: si tu página web parece abandonada, ¿qué esperas? Que la gente venga a dejarle flores? Mi amigo tenía una web que parecía sacada de los archivos de 2005. Fotos pixeladas, textos que no decían nada y un botón de ‘Comprar’ que ni siquiera funcionaba.
—Pero es que no sé qué ponerle —se defendió, como si eso fuera una excusa válida.
—Mira, le dije, tu web no tiene que ser la Mona Lisa, pero mínimo tiene que decirle a la gente por qué deberían comprarte a ti y no al de al lado. Si no sabes qué poner, contrata a alguien que sí sepa. Porque seguir así es como poner un letrero en tu local que diga: ‘Cerrado, vengan mañana’.
El error de confundir Instagram con WhatsApp
Aquí viene otra cosa que me saca de mis casillas: la gente que usa Instagram como si fuera WhatsApp. ¿Sabes de quién hablo? Esos negocios que publican una foto de su producto con un texto que dice: ‘Disponible, pregunte por inbox’.
—Pero es que así funciona —me dijo otro cliente, un tipo que tenía una tienda de zapatos en Envigado.
—No, no funciona —le contesté, tratando de no gritar—. Instagram es una red visual, no un chat privado. Si lo único que haces es pedirles a las personas que te escriban, estás perdiendo el tiempo. Lo que tienes que hacer es crear contenido que les haga parar el scroll y pensar: ‘¡Caramba, necesito esos zapatos!’.
El caso de Pepito y su pizza invisible
Te voy a contar una historia que ilustra perfectamente lo que pasa cuando no tienes una estrategia de marketing digital. Pepito tenía una pizzería en Belén. El tipo hacía unas pizzas que te hacían llorar de felicidad, pero nadie las conocía.
—Es que la gente solo compra en las grandes cadenas —se quejaba Pepito, como si el éxito fuera un derecho y no algo que hay que ganarse.
Un día decidimos hacer un experimento. Creamos una campaña en Facebook donde le mostramos las pizzas a personas que vivían en un radio de 3 kilómetros de su local. No les dijimos que compraran, solo les mostramos lo buenas que eran. En menos de una semana, Pepito tuvo que contratar a dos personas más para poder atender la demanda.
—¿Ves? No es que la gente no quiera comprar, es que no sabe que existes —le dije, mientras él asentía con la cabeza como si acabara de descubrir el fuego.
Por qué el marketing digital no es solo poner anuncios
Aquí está la parte que más me molesta: la gente piensa que hacer marketing digital es solo poner anuncios en Facebook o Instagram. Y no, no es así. El marketing digital es como una cebolla: tiene muchas capas.
—Pero es que yo no tengo tiempo para eso —me dijo una cliente que tenía un salón de belleza en Sabaneta.
—Entonces contrata a alguien que sí tenga tiempo —le dije, tratando de no perder la paciencia—. Porque si no lo haces, seguirás siendo invisible. Y en este mundo, si no eres visible, no existes.
El secreto para conquistar Medellín sin ser visto
Si hay algo que he aprendido en todos estos años, es que el marketing digital para cliente incógnito no se trata de gritar ‘¡Aquí estoy!’, sino de hacer que la gente te encuentre sin que se den cuenta.
—¿Cómo se hace eso? —me preguntó mi amigo del bar, mientras pedía otra ronda.
—Es fácil, le dije. Tienes que estar donde está tu cliente, pero de una manera que no parezca que estás ahí para venderle algo. Crea contenido que le resuelva un problema, que le entretenga, que le haga pensar. Y cuando llegue el momento, él mismo te buscará.
Y con eso, mi amigo se quedó pensando, como si acabara de recibir el secreto de la felicidad eterna. Y yo me quedé con la satisfacción de saber que, al menos por esa noche, había hecho algo bueno por el mundo del marketing digital en Medellín.