El día que Pepito se convirtió en el rey de las webs aburridas
Todo comenzó hace tres años en una cafetería del Poblado. Pepito, un empresario de Medellín con cara de ‘soy más listo que todos’, me contó su gran idea: quería una página web para su nuevo negocio de hamburguesas gourmet. ‘Pero algo moderno’, dijo con esa seguridad que solo tienen los que no tienen ni idea.
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Le pregunté qué entendía por ‘moderno’. Pensé que me hablaría de tendencias, UX o diseño responsive. Pero no. Pepito sacó su celular y me mostró una página que parecía sacada de 2005: fondos negros, texto blanco, letra Comic Sans y una animación de fuego que ni en los peores sueños de un diseñador podrías imaginar.
‘¡Esto es lo que quiero!’, dijo, como si acabara de descubrir la teoría de la relatividad. Le expliqué que eso no solo estaba feo, sino que además ahuyentaría a sus clientes. ‘No te preocupes, yo sé lo que hago’, replicó con esa mezcla de arrogancia y desconocimiento que solo un pepito puede tener.
Seis meses después, Pepito cerró su negocio. No fue por la calidad de las hamburguesas (eran increíbles), ni por el precio (más que razonable). Fue porque su página web parecía el resultado de un experimento fallido entre el diseño gráfico y el terror psicológico.
Por qué tu web parece un cementerio
Aquí va mi primera crítica, y va directa al corazón: en Medellín, muchas empresas siguen creyendo que una página web es solo un catálogo digital. ‘Ponemos la dirección, el teléfono y unas fotos y ya’, dice alguien que debería estar prohibido de opinar sobre diseño web.
El otro día, un cliente me dijo: ‘¿Para qué invertir en diseño si puedo usar un plantilla de WordPress?’. Le contesté: ‘Para que tu competencia no te robe los clientes mientras tú estás ocupado ahorrándote unos pesos’.
El diseño web no es solo estética. Es experiencia de usuario, es marketing, es psicología. Si tu web no cuenta una historia, no genera emociones y no guía al usuario hacia una acción (comprar, contactar, suscribirse), entonces es como un cementerio: nadie quiere quedarse ahí mucho tiempo.
El gran error: creer que el diseñador es tu enemigo
Aquí va otra perla que escucho demasiado en Medellín: ‘Es que los diseñadores son caros y tardan mucho’. ¡Por Dios! ¿De verdad crees que puedes hacer tú mismo lo que un profesional ha estudiado años para dominar?
Recuerdo una vez, un cliente me pidió que le diseñara una web. Le expliqué todo el proceso: investigación, prototipado, diseño, desarrollo. Me dijo: ‘¿Y no podemos saltarnos esos pasos?’. Le contesté: ‘¿Y tú te saltarías los cimientos al construir una casa?’.
El resultado fue que quiso hacer cambios sobre la marcha, sin ningún tipo de criterio. Al final, su página quedó como Frankenstein: un poco de aquí, un poco de allá, y nada que funcionara bien. ¿La culpa? Según él, del diseñador, claro.
Los secretos de un buen diseño web en Medellín
Primero, olvídate de las plantillas genéricas. Si tu web parece igual a otras mil, ¿por qué alguien debería elegirte a ti? Segundo, piensa en el usuario. ¿Qué necesita? ¿Qué le gusta? ¿Qué problemas tiene? Diseña pensando en él, no en ti.
Tercero, invierte en profesionales. No estoy diciendo que gastes una fortuna, pero sí que valores el trabajo de quienes saben. Un buen diseñador web no solo hace que tu página se vea bonita, sino que además te ayude a vender más.
Y por último, cuida los detalles. Desde la tipografía hasta los botones de llamada a la acción. Todo comunica, todo suma. Una web bien diseñada es como un buen café paisa: se nota cuando está hecho con esmero.
El final de la historia (y el principio de la tuya)
Volvamos a Pepito. Después de cerrar su negocio, entendió que el diseño web no es un gasto, sino una inversión. Hoy tiene una nueva página, diseñada por profesionales, y su negocio está mejor que nunca.
Moraleja: no seas Pepito. Si estás pensando en crear una página web en Medellín, hazlo bien. No te conformes con lo primero que encuentres, ni intentes ahorrar donde menos debes. Porque al final, una web mal hecha te puede costar más que una buena.
Ahora, ve y haz que tu página web sea tan increíble como tu negocio. Y si no sabes por dónde empezar, busca a alguien que sí lo sepa. Después de todo, en Medellín hay talento de sobra para hacer cosas increíbles. Solo tienes que estar dispuesto a escucharlo.