El día que conocí al hombre que quería una web ‘como la de los 90’
Hace unas semanas, estaba tomándome un tinto en un café de Sabaneta, disfrutando de ese aroma a café recién molido que solo se encuentra aquí, cuando un tipo se me acerca. Parecía salido de una película de los 80: traje, corbata y una carpeta de cuero que gritaba ‘tengo un negocio serio’. Me dijo: ‘Oiga, ¿usted sabe de diseño web?’. Le dije que sí, y lo que salió de su boca casi me hace escupir el tinto.
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‘Quiero una página como la de los años 90. Esas que tienen todo: gifs animados, textos parpadeantes, música de fondo… ¡Eso es lo que vende!’. Me quedé mirándolo como si me hubiera dicho que la tierra es plana. ‘Amigo’, le contesté, ‘si haces eso, no vas a vender nada. Vas a espantar a tus clientes como si fueras el fantasma de la ópera’. Pero él insistió. ‘No, no. Mi competencia tiene eso, y les va bien’. Le pregunté quién era su competencia. Me dijo el nombre. Entré a su página y… sorpresa: era una web moderna, minimalista y funcional. El tipo estaba tan perdido que ni siquiera sabía reconocer lo que estaba viendo.
Por qué tu web parece un cementerio (y no lo sabes)
Esto me lleva a uno de los mayores problemas del diseño web en Sabaneta (y en cualquier otro lugar): la gente piensa que tener un sitio es suficiente. Pero no, no lo es. Tu web no es un trámite burocrático que tienes que hacer para decir ‘ya tengo presencia en internet’. Tu web es tu carta de presentación digital, tu vitrina, tu vendedor 24/7. Y si parece un cementerio, llena de textos largos, fotos borrosas y colores que hieren los ojos, lo único que estás haciendo es espantar a tus clientes.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero mi web tiene toda la información que necesitan’. Sí, pero ¿quién diablos va a leer un muro de texto de 1000 palabras sin imágenes ni videos? Nadie. Absolutamente nadie. La gente no lee, escanea. Y si tu web no está hecha para eso, estás perdiendo el tiempo.
‘Es que yo sé lo que quiere mi cliente’ (spoiler: no, no lo sabes)
Otro error común en Sabaneta es pensar que tú sabes mejor que nadie lo que quiere tu cliente. El otro día, estaba hablando con un amigo que tiene una ferretería. Me enseñó su web y era un desastre: fotos mal iluminadas, textos larguísimos sobre la historia de la empresa (¿a quién le importa?) y un botón de ‘Comprar ahora’ que nadie encontraba porque estaba escondido en un rincón. Le dije: ‘Oye, ¿has pensado en cambiar esto?’. Y él me respondió: ‘No, porque mis clientes saben lo que buscan’.
Ahí es cuando exploté. ‘¡No, no lo saben! Tus clientes no son adivinos. Si no les haces fácil encontrar lo que buscan, se van a otro lado. Y créeme, hay mil ferreterías más que están dispuestas a hacerles la vida más fácil’.
El caso de Pepito: cómo salvar una web que estaba condenada al fracaso
Hablando de webs que estaban condenadas al fracaso, te voy a contar la historia de Pepito. Pepito tiene una panadería en Sabaneta, y su web era un reflejo fiel de su desorden mental. Tenía fotos de panes que parecían sacadas de un álbum familiar de los 90, textos que decían cosas como ‘En nuestra panadería, hacemos pan con amor’ (¿?), y un menú que era más difícil de entender que un examen de matemáticas.
Cuando Pepito llegó a mí, estaba desesperado. ‘Mi web no vende nada’, me dijo. Le dije: ‘Claro que no, porque parece hecha por alguien que odia el pan’. Le hice una nueva web: fotos profesionales, textos cortos y claros, un menú fácil de usar y un botón de ‘Pedir ahora’ que no podías perderte. ¿El resultado? Las ventas online de Pepito se multiplicaron por tres en menos de un mes. Y lo mejor de todo: él entendió que tener una web no es solo poner información, es crear una experiencia.
Conclusión: no seas el tipo del café
Así que, si estás pensando en hacer o mejorar tu web, no caigas en los errores del tipo del café. No pienses que porque te funcionó en los 90 va a funcionar ahora. El diseño web es una ciencia, un arte y una estrategia. Si no lo haces bien, lo único que vas a lograr es perder clientes.
Y si no me crees, pregúntale a Pepito. Él lo vivió en carne propia.