Landing Pages: La historia del vendedor que perdió 100 millones por no leer esto

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El día que Juan perdió 100 millones

Era un martes cualquiera en Medellín. El sol brillaba sobre el Poblado y Juan, el dueño de una pequeña empresa de techos, estaba emocionado. Había invertido 5 millones de pesos en una campaña de Facebook Ads para promocionar sus nuevos techos ecológicos.

Pero algo olía mal. Literalmente. Juan acababa de meterse en una discusión con su diseñador porque la landing page donde iban a llegar los clientes era… bueno, un desastre. El diseñador insistía en que ‘se veía bien’, pero Juan tenía dudas.

Dos semanas después, los números hablaron por sí solos. De los 1.000 clics que recibió, solo 3 personas llenaron el formulario. Juan estaba furioso. ‘¿Cómo es posible? ¡Gasté 5 millones en publicidad y solo tengo tres leads!’, gritó desde su oficina.

Resulta que su landing page parecía más un cementerio de información que una máquina de conversión. Y ahí comenzó la lección más cara de su vida.

Por qué tu landing page parece un cementerio

Te voy a ser sincero: la mayoría de las landing pages que veo parecen diseñadas para perder clientes, no para ganarlos. Textos largos, botones invisibles, imágenes pixeladas y, mi favorito, el famoso ‘llame para más información’. ¿En serio? ¡Estamos en 2023!

Hace unos días, un conocido me mostró su landing page. Tenía una foto de su equipo sonriendo, un texto de 10 párrafos hablando de su historia y un botón que decía ‘Haz clic aquí’. Yo le dije: ‘¿Sabes qué significa eso para el usuario? Nada. Absolutamente nada.’

El problema es que la gente cree que una landing page es solo una página web bonita. No. Una landing page es un vendedor virtual, un embudo de conversión y, si se hace bien, una máquina de generar dinero. Pero claro, eso requiere saber un par de cosas que Juan, y muchos otros, ignoran.

El caso de Pepito y su botón invisible

El otro día me encontré con Pepito, un joven emprendedor que vendía productos para mascotas. Me mostró su landing page y lo primero que noté fue que el botón de ‘Comprar ahora’ estaba casi camuflado. Le dije: ‘Pepito, ¿qué te pasa? ¿Estás jugando al escondite con tu botón?’

Él no entendía mi preocupación. ‘Pero es que si hago el botón muy llamativo, la gente se distrae’, me dijo. ¡Dios mío! Le expliqué que el objetivo de una landing page es guiar al usuario hacia una acción específica, NO distraerlo. Si tu botón es invisible, tu venta también lo será.

Después de mucho discutir, logré convencerlo de cambiar el diseño. ¿El resultado? Sus conversiones aumentaron en un 40%. Y todo porque un botón dejó de estar escondido. Increíble, ¿no?

El error más común en Medellín: el síndrome del ‘todo está bonito’

Aquí en Medellín hay una tendencia peligrosa: creer que porque algo ‘se ve bonito’ ya está bien. ¡No! Una landing page no es un concurso de belleza. Es una herramienta de ventas.

Me topo con diseñadores que insisten en poner animaciones que vuelan, videos que nadie mira y textos que nadie lee. Y luego se preguntan por qué no hay conversiones. ¡Porque estás diseñando para ti, no para tu cliente!

Recuerda esto: tu cliente no busca arte. Busca una solución a su problema. Y si tu landing page no le muestra claramente cómo tú puedes resolverlo, se irá en menos de 3 segundos. Punto.

El secreto de una landing page efectiva

Ahora que ya sabes lo que NO hacer, te voy a contar el secreto de una landing page que convierte. Spoiler alert: no es magia, es psicología.

Primero, define claramente tu objetivo. ¿Quieres que te llamen? ¿Que compren? ¿Que se suscriban? Una landing page debe tener UNA sola acción principal. Si intentas hacer todo, terminarás haciendo nada.

Segundo, usa el poder de la simplicidad. Menos texto, más claridad. Un título impactante, un subtítulo persuasivo y un botón brillante. Nada más.

Tercero, invierte en un buen copywriting. Las palabras importan. No es lo mismo decir ‘Contáctanos’ que decir ‘Resuelve tu problema hoy’. ¿Ves la diferencia?

Y cuarto, prueba, mide y ajusta. Una landing page nunca es perfecta a la primera. Usa herramientas como Google Analytics para ver qué funciona y qué no. Y haz cambios hasta que encuentres la fórmula ganadora.

Conclusión: No seas como Juan

Juan aprendió por las malas que una landing page no es un gasto, es una inversión. Si lo hubiera hecho bien, no habría perdido esos 100 millones en ventas potenciales.

Así que, si estás pensando en crear una landing page, toma en cuenta lo que te he contado. No cometas los mismos errores que tantos otros. Hazla simple, clara y efectiva. Y sobre todo, asegúrate de que cada elemento esté ahí por una razón, no solo porque ‘se ve bonito’.

Porque al final del día, lo que cuenta no es cuántos clics recibes, sino cuántos de esos clics se convierten en clientes felices. Y eso, amigo mío, es lo que hace que una landing page sea realmente efectiva.