El día que un café arruinó una página web
Todo comenzó en un café del Poblado. Estaba tomando un tinto con Leandro, un amigo que acababa de abrir un negocio de ropa deportiva. El tipo estaba emocionado. ‘¡Ya tengo mi página web!’ me dijo, sacando su laptop como si fuera a mostrarme la octava maravilla del mundo.
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Abrió el navegador y allí estaba: un diseño que parecía sacado de una clase de HTML en el año 2005. Botones que no funcionaban, imágenes pixeladas, textos en Comic Sans y un fondo amarillo chillón que hacía que mis ojos lloraran. Leandro, orgulloso, me dijo: ‘Me la hizo un sobrino que sabe mucho de tecnología’. Yo me quedé mirando la pantalla, deseando que el café fuera más fuerte para soportar el horror.
‘Leandro’, le dije, tratando de no sonar demasiado duro, ‘esto no es una página web, esto es un crimen contra la estética digital’. Él se rió, pero yo estaba serio. Y es que en Medellín, el diseño de páginas web es, en muchos casos, un desastre total.
Por qué tu web parece un cementerio
Aquí va mi opinión polémica: el 90% de las páginas web en Medellín están muertas. Sí, muertas. Sin vida, sin propósito, sin siquiera un mínimo de atención al usuario. ¿Por qué? Porque la gente sigue pensando que una página web es solo un trámite. ‘Necesito una web’, dicen, y contratan al primer ‘diseñador’ que encuentran en Facebook Marketplace.
El resultado son páginas que parecen cementerios: nada se mueve, todo está estático, y el visitante se va en menos de 5 segundos. ¿Qué sentido tiene tener una web si nadie la va a usar? Pero no, aquí seguimos viendo empresas que gastan millones en publicidad para que la gente llegue a una página que no funciona.
El caso de Pepito y su restaurante
Te voy a contar la historia de Pepito, un amigo que tiene un restaurante en Laureles. Pepito me llamó emocionado porque había contratado a alguien para hacerle la página web. ‘Me costó $500.000 pesos’, me dijo. ‘Espero que valga la pena’. Yo ya tenía mala espina.
Cuando vi la página, casi me da algo. Colores que no combinaban, un menú que no se podía descargar, y un formulario de contacto que no funcionaba. Le dije: ‘Pepito, ¿qué pasa si alguien quiere reservar una mesa?’. Él se quedó callado. Y ahí está el problema: la gente no piensa en el usuario. No piensan en qué va a hacer la persona que entra a tu web.
‘Pero es que mi cliente puede ver la dirección y el número de teléfono’, me dijo Pepito. Sí, claro, pero ¿qué pasa si el cliente quiere reservar en línea a las 11 de la noche? ¿O si quiere ver el menú antes de ir? No, aquí seguimos con el pensamiento de los años 90, cuando una página web era prácticamente un folleto digital.
Por qué el diseño no es solo estética
Aquí viene otro error común: pensar que el diseño web es solo estética. Muchos creen que mientras la página ‘se vea bonita’, ya está bien. Error. El diseño web es mucho más que eso. Es usabilidad, es experiencia de usuario, es funcionalidad.
Hace poco, una clienta me dijo: ‘Mi página se ve muy linda, pero nadie me contacta’. Le pregunté: ‘¿Dónde está el botón de contacto?’. Resulta que estaba escondido en un rincón, en letra pequeña y un color que no contrastaba. Claro, nadie la contactaba porque nadie encontraba el botón.
El diseño tiene que guiar al usuario, tiene que facilitarle la vida, no complicársela. Si tu web no es fácil de usar, no importa lo bonita que sea, no va a funcionar.
La obsesión por el móvil (o la falta de ella)
Aquí hay otro problema grave: la gente en Medellín sigue diseñando webs para computadores de escritorio. ¿Sabes qué? El 80% de los usuarios acceden a las páginas desde su celular. Y sin embargo, seguimos viendo páginas que no son responsivas, que no se adaptan a los móviles.
Hace poco, un cliente me enseñó su web en el celular. Tenía que hacer zoom para poder leer el texto, los botones eran tan pequeños que no se podía hacer clic, y las imágenes tardaban siglos en cargar. Le dije: ‘¿Qué pasa si alguien quiere ver tu web en el bus?’. Me respondió: ‘Ah, es que yo nunca pensé en eso’. Exacto. Por eso tu web no funciona.
Cómo arreglar el desastre
Ahora que ya hemos criticado todo, vamos a las soluciones. ¿Cómo hacer que tu web no sea un desastre? Primero, piensa en el usuario. ¿Qué va a hacer el usuario en tu web? ¿Cómo puedes facilitarle la vida? Segundo, invierte en un buen diseño. No te conformes con lo más barato. Una buena web es una inversión, no un gasto.
Tercero, asegúrate de que tu web sea responsiva. Que se vea bien en el celular, en la tablet y en el computador. Y por último, prueba todo. Antes de lanzar tu web, prueba todos los botones, todos los formularios, todas las opciones. No dejes nada al azar.
Conclusión: Menos tinto, más acción
Volvamos al café del Poblado. Después de ver el desastre de la web de Leandro, le dije: ‘Amigo, te voy a ayudar’. Le expliqué todo lo que estaba mal y cómo podíamos arreglarlo. Él me miró y me dijo: ‘Es que yo pensé que ya estaba listo’. Y ahí está el problema: pensar que ya está listo cuando no lo está.
En Medellín, tenemos que dejar de conformarnos con cualquier cosa. Tenemos que exigir más, pensar más en el usuario y menos en el tinto de la tarde. Porque al final del día, una buena web no es solo una herramienta, es tu mejor vendedor. Y si tu vendedor es un desastre, no esperes cerrar muchas ventas.
Así que ya sabes: menos tinto, más acción. Tu web lo agradecerá (y tus clientes también).