La historia del restaurante que casi quiebra por culpa de un botón
Había una vez en Medellín, un restaurante llamado “El Sabor de la Abuela”. Bueno, en realidad todavía existe, pero casi no lo hace. Todo empezó con un sueño: comida casera, decoración rústica y un enfoque en la experiencia familiar. El lugar estaba lleno los fines de semana, pero las reservas en línea eran casi nulas. El dueño, don Carlos, no entendía por qué.
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Un día, decidió pedir ayuda. Me llamó. “¡Necesito que mi página sea más bonita!” dijo, casi desesperado. Le pedí que me mostrara su sitio web. Lo primero que vi fue un botón de “Reserva Ahora” que parecía haber sido diseñado por alguien que nunca había usado una computadora. Estaba escondido en la esquina inferior derecha, en un color que casi se fundía con el fondo. Nadie lo veía. Nadie lo usaba.
Le pregunté: “Don Carlos, ¿cuántas reservas has recibido este mes?” “Tres”, respondió, avergonzado. Tres reservas en un mes. Con un restaurante que podía albergar a 50 personas por noche. Lo peor es que habían pagado una fortuna por ese diseño. “Nos dijeron que era moderno”, dijo. Moderno, sí, pero completamente inútil.
Por qué tu web parece un cementerio (y cómo arreglarlo)
No puedo contar cuántas veces he escuchado la frase: “Quiero algo moderno”. En Medellín, parece que “moderno” es sinónimo de “complicado”. Las webs están llenas de animaciones innecesarias, fuentes imposibles de leer y botones que desaparecen en el fondo. ¿El resultado? Una experiencia de usuario que parece un laberinto sin salida.
Recuerdo un caso reciente. Un cliente quería una página “innovadora”. ¿Qué hizo el diseñador? Puso un texto gigante que decía “Innovación” en la portada, con una fuente que parecía sacada de una película de ciencia ficción. No había un llamado a la acción claro. No había nada que me dijera qué hacer. Era como entrar a una habitación vacía y preguntarse: “¿Por qué estoy aquí?”
El cliente estaba encantado. “¡Es tal cual lo que quería!” dijo. Yo le respondí: “Sí, pero ¿qué quiere que haga el usuario?” Ahí quedó en silencio. El diseño puede ser bonito, pero si no cumple su función, es inútil.
El síndrome del ‘desliza para abajo’ infinito
Otra trampa común en Medellín es el uso excesivo de scroll. Parece que todos quieren que el usuario deslice la página hacia abajo hasta el infinito. Texto, más texto, más texto, y cuando piensas que ya terminaste, ¡más texto! Esto no solo aburre al usuario, también lo confunde.
Hace un mes, un cliente me mostró su sitio. Era una página de servicios de consultoría. Cada sección tenía un título tipo: “Lo que hacemos”, “Cómo lo hacemos”, “Por qué lo hacemos”, “Quiénes somos”, y así sucesivamente. Le pregunté: “¿Alguien ha llegado hasta el final?” Me miró y dijo: “No lo sé”. Lo probé. Tres minutos después, seguía deslizando. Me sentí como si estuviera en una película de terror sin fin.
El problema no es el contenido, es cómo lo presentas. Si el usuario no encuentra lo que busca en los primeros 5 segundos, se va. Así de simple.
El caso de ‘Pepito’ y los colores que gritan
No puedo dejar de mencionar el caso de Pepito, un amigo que tiene una tienda en línea de productos orgánicos. El otro día me llamó emocionado: “¡Acabo de cambiar los colores de mi página!” Cuando la vi, casi me caigo de la silla. Había utilizado una combinación de rojo brillante, amarillo fluorescente y azul eléctrico. Parecía un arcoíris en medio de un terremoto.
Le dije: “Pepito, ¿qué estás tratando de hacer?” Él respondió: “Quiero que la gente sienta energía cuando entre”. La energía que sentí fue un fuerte dolor de cabeza. Le expliqué que los colores deben guiar al usuario, no aturdirlo. Menos es más.
¿La solución? Simplificamos la paleta de colores. Usamos tonos más suaves y naturales, acordes con su marca. El resultado fue inmediato: más clics, más ventas, y menos dolores de cabeza.
El secreto para crear una UX que enamora (y vende)
Aquí está la verdad: el diseño UX/UI no es solo hacer algo bonito. Es crear una experiencia que guíe al usuario hacia lo que quieres que haga. Ya sea comprar, reservar, contactarte o simplemente seguir navegando. Es psicología aplicada al diseño.
Si estás en Medellín y quieres destacar, olvídate de seguir modas ciegamente. Entiende a tu usuario. Haz pruebas. Pregúntale a la gente qué piensa de tu sitio. Y, sobre todo, sé práctico. Un diseño que no funciona es como un carro sin motor: puede verse bien, pero no te llevará a ninguna parte.
Así que la próxima vez que pienses en tu diseño UX/UI, recuerda la historia de don Carlos y su botón invisible. No cometas el mismo error. Sé claro, sé sencillo, y sobre todo, sé efectivo. Tu negocio te lo agradecerá.