Por qué tu Landing Page es tan aburrida como un domingo lluvioso (y cómo arreglarlo)

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La vez que Carlos perdió $10.000 porque su Landing Page era un desastre

Carlos es un tipo listo. Tiene un negocio de venta de kits de cultivo casero de champiñones. Sí, eso. Microemprendedor total. Un día, después de escuchar un podcast sobre marketing digital, decidió lanzar su primera campaña de Facebook Ads. ‘¡Estaré forrado en un mes!’, pensó. Invirtió $10.000 en anuncios, diseñó (en Paint) una landing page que decía ‘COMPRA AHORA’ en letras rojas gigantes y se fue a dormir esperando que su teléfono explotara con pedidos.

Al día siguiente, revisó las estadísticas: 3.000 clics en el anuncio, 0 ventas. Cero. Ni una. Carlos estaba furioso. ¿Cómo era posible? ¿Por qué la gente hacía clic pero no compraba? ¿Qué había hecho mal? Lo peor es que, cuando llamó a su primo ‘el experto en marketing’, este le dijo: ‘Carlos, tu landing page parece el menú de un restaurante chino de los 90. Nadie va a comprar ahí’.

Y ahí es donde entramos nosotros. Porque, amigos, hoy vamos a hablar de cómo crear una landing page que no sea tan aburrida como un domingo lluvioso.

Por qué tu landing page parece un cementerio

Vamos a ser claros: la mayoría de las landing pages son un desastre. Sí, como la de Carlos. Y lo sé porque las veo todos los días. Gente que se gasta una fortuna en anuncios y luego dirige el tráfico a una página que parece el sótano de un museo abandonado. Textos larguísimos, imágenes pixeladas, llamados a la acción tan escondidos que parecen tesoros de piratas. Y luego se preguntan por qué no venden.

Ejemplo real: el otro día un cliente me dijo: ‘Pero Isra, yo pongo toda la información importante en la landing page, ¿por qué no funciona?’. Le miré la página y me di cuenta de que había escrito un tratado de filosofía del siglo XVIII. Nadie va a leer eso, ¡ni siquiera tu abuela!

La regla de los 3 segundos: o captas o pierdes

La gente decide en 3 segundos si se queda o se va. Ni más, ni menos. Tres segundos. Si en esos tres segundos no captas su atención, adiós. Y no, ‘COMPRA AHORA’ en letras rojas no cuenta como captar atención. Es más, eso asusta.

¿Qué hace falta? Una propuesta clara, un diseño limpio y, sobre todo, algo que genere curiosidad. Imagina esto: llegas a una página y lo primero que ves es un título que dice ‘Cómo cultivar champiñones en tu casa sin salir de la cocina’. ¿Te quedas o te vas? Exacto, te quedas. Porque es interesante, porque genera curiosidad, porque te da ganas de seguir leyendo.

El síndrome del ‘texto infinito’

Aquí viene otro error común: el texto infinito. Gente que cree que cuanto más escriban, más convencerán. Error. La gente no lee, escanea. Si no les das puntos claros, se van. Y no, poner un párrafo de 20 líneas en tamaño 12 no es un punto claro.

Ejemplo: el otro día vi una landing page que empezaba con ‘Somos una empresa líder en el sector desde 1987, comprometidos con la calidad y la innovación’. ¡Bostezos totales! ¿Qué tal si en vez de eso ponían ‘Convierte tu balcón en un huerto urbano en solo 7 días’? ¡Eso sí vende!

El botón mágico: tu mejor amigo o tu peor enemigo

El llamado a la acción (CTA, para los amigos) es el corazón de tu landing page. Si está mal, todo está mal. Y aquí es donde la mayoría falla. Botones que dicen ‘Haz clic aquí’, ‘Más información’, ‘Enviar’. Aburridos, genéricos, sin chispa.

¿Qué tal si en vez de eso pones algo como ‘Quiero mi kit de champiñones ahora’ o ‘Conviértete en un cultivador experto hoy’? Eso sí genera acción. Y, por favor, que el botón no sea del mismo color que el fondo. Que se vea, ¡que llame la atención!

El caso de Pepito (o cómo arruinar una buena idea)

Hablando de errores, aquí viene Pepito. Pepito tiene una academia online de yoga. Hizo una landing page preciosa, con fotos profesionales, textos cortos y un diseño moderno. Incluso puso un vídeo introductorio. Pero… adivina qué: no vendió nada. ¿Por qué? Porque el formulario de registro tenía 15 campos. Sí, 15. Nombre, apellido, dirección, fecha de nacimiento, signo zodiacal, color favorito… hasta preguntaba el nombre de la mascota. La gente llegaba, veía el formulario y se iba. ¿Quién tiene tiempo para eso? Nadie.

Moraleja: menos es más. Pide solo lo necesario. Si solo necesitas un correo, pide un correo. No te pongas creativo.

El diseño: bonito no es suficiente

Aquí otro tema polémico: el diseño. Mucha gente cree que si la página es bonita, ya está. Error. El diseño tiene que ser funcional. No se trata de poner fotos bonitas y tipografías modernas, se trata de guiar al usuario hacia el objetivo.

Ejemplo: el otro día vi una landing page que tenía un diseño espectacular. Pero el botón de compra estaba escondido en un rincón, el texto era ilegible y las imágenes estaban en un orden caótico. Bonita, sí, pero totalmente inútil.

Conclusión: deja de aburrir y empieza a vender

Al final del día, una landing page efectiva se resume en esto: claridad, simplicidad y acción. Si logras eso, estás listo. Si no, estarás como Carlos, preguntándote por qué nadie compra.

Así que, la próxima vez que diseñes una landing page, piensa en esto: ¿captaría mi atención en 3 segundos? ¿Es clara y fácil de entender? ¿Me da ganas de hacer clic? Si la respuesta es sí, enhorabuena, lo hiciste bien. Si no, vuelve al tablero. Y recuerda: no aburras, vende.