Hace unas semanas, estaba tomando un café en el Poblado con un viejo amigo, Juan. Juan es de esos que siempre tiene una nueva idea de negocio cada dos meses. Esta vez, estaba emocionado con su última creación: una tienda virtual de guayaberas artesanales. ‘Mira, te la voy a mostrar’, dijo mientras sacaba su laptop con la solemnidad de quien está a punto de revelar un secreto de estado.
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Abrió la página y… Dios mío. Era como si hubiera contratado a un diseñador que trabajaba exclusivamente con cómics de los 80. Colores neón por todos lados, fotografías borrosas, botones que parecían salir de la pantalla para golpearte en la cara y un menú que te llevaba a lugares que nadie quería visitar. ‘¿Qué tal?’, preguntó Juan con una sonrisa de satisfacción. Yo solo pude responder con otra pregunta: ‘¿Estás intentando asustar a tus clientes?’
Por qué tu web parece un cementerio
El caso de Juan no es único. En Medellín, el 90% de las tiendas virtuales parecen diseñadas por alguien que odia a la humanidad. Aquí tienes los pecados capitales:
1. El diseño de los años 90: Todavía hay gente que piensa que poner un fondo negro con letras amarillas es ‘innovador’. Spoiler: no lo es.
2. La falta de orden: ¿Por qué hay quince categorías cuando solo vendes tres productos? ¿Y por qué el botón de comprar está escondido como si fuera un tesoro pirata?
3. Las fotos amateur: Si tus productos parecen sacados de un catálogo de televentas de 1995, no esperes que la gente quiera comprar.
‘Pero soy creativo’ no es una excusa
El otro día, otro cliente me dijo: ‘Es que yo soy muy creativo, quiero que mi tienda sea diferente’. Sí, y por ‘diferente’ se refería a ilegible. La creatividad está muy bien, pero si tu diseño no es funcional, estás perdiendo el tiempo. La gente no quiere arte abstracto, quiere comprar.
Aquí tienes un ejemplo: Pepito, el del emprendimiento de velas aromáticas, decidió que su tienda iba a tener una tipografía manuscrita porque era ‘muy personal’. ¿El resultado? Nadie podía leer los precios y el 80% de sus visitas se iban antes de llegar al carrito. ‘Pero es que así me gusta a mí’, dijo Pepito. Pues sí, pero tu cliente no es tú.
El cliente nunca tiene la razón (en esto)
Aquí va una verdad incómoda: si estás diseñando tu tienda virtual basándote en lo que tú crees que está bien, estás cometiendo un error enorme. No tienes que adivinar, tienes que testear. ¿Qué funciona? Páginas limpias, colores que no destrocen la vista, botones grandes y evidentes, y una navegación tan simple que hasta tu abuela pueda usarla.
Y no, no es solo mi opinión. ‘La gente no quiere pensar cuando compra online’, me dijo una vez una psicóloga especializada en UX. Y tiene razón. Si tu cliente tiene que esforzarse para entender cómo funciona tu página, ya perdiste.
Conclusión: menos es más
Si hay algo que deberías llevarte de este artículo es que el diseño de tu tienda virtual no tiene que ser una obra maestra. Tiene que ser funcional. Olvídate de las florituras y céntrate en lo que realmente importa: hacer que el cliente compre.
¿Cómo? Empieza por estas tres cosas:
1. Simplifica: Menos categorías, menos texto, menos colores. Si algo no aporta valor, sácalo.
2. Aprende de los mejores: Mira cómo están diseñadas las páginas de Amazon o Zara. No las copies, pero sí usa sus principios.
3. Escucha a tus clientes: ¿Qué dicen de tu página? ¿Qué les gusta y qué les frustra? Usa esa información para mejorar.
Y recuerda: no estás diseñando para ti, estás diseñando para las personas que van a gastar su dinero en tu negocio. Hazles la vida fácil y ellos te lo agradecerán comprando. Si necesitas ayuda profesional con el diseño web en Medellín, hay expertos que pueden transformar tu tienda virtual.