El elefante en la cristalería
Había una vez un emprendedor llamado Carlos que decidió montar su propia tienda virtual. Se emocionó tanto que en dos tardes tenía su sitio online. Lo llamó ‘El Rincón del Buen Gusto’. El problema? La web parecía un elefante en una cristalería: todo roto, desordenado y con un diseño que gritaba ‘¡Sal de aquí!’.
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Carlos estaba tan orgulloso que me invitó a verla. ‘Mira, Isra, ¿no te parece increíble?’, dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Yo intenté ser educado, pero la verdad es que aquello era un desastre. Un fondo blanco soso, fotos de productos pixeladas, redacciones sacadas de Wikipedia y botones de ‘Comprar’ que parecían escondidos en un laberinto.
‘Carlos, ¿has vendido algo?’, le pregunté. Se quedó callado. ‘Bueno, no… pero es cuestión de tiempo’, respondió. Spoiler alert: no fue cuestión de tiempo. Fue cuestión de un diseño horrible.
Por qué tu web parece un cementerio
Aquí va una verdad dura: la mayoría de las tiendas virtuales en Medellín (y en general) parecen cementerios. Frías, estáticas y abandonadas. ¿Por qué? Porque la gente piensa que el diseño es solo poner un logo y unos colores bonitos. ¡Error!
El diseño de una tienda virtual es como un buen anfitrión en una fiesta. Si llego a tu casa y me recibes con música estridente, luces que destellan como discoteca y un ambiente incómodo, me voy en dos minutos. Lo mismo pasa en tu web. Si el usuario llega y no sabe dónde hacer clic, si las fotos parecen sacadas de un Nokia del 2005 o si el texto es aburrido como una clase de contabilidad, adivina qué: se van.
El caso de Pepito y su botón fantasma
El otro día estaba tomando un tinto con mi amigo Pepito, que tiene una tienda de ropa online. ‘Isra, no entiendo por qué no vendo’, me dijo. Le pidí su sitio web y, en menos de 30 segundos, encontré el problema: el botón de ‘Comprar’ era del mismo color que el fondo. Literalmente invisible.
‘Pepito, ¿quién te hizo esta web?’, le pregunté. ‘Uh, mi primo que sabe de computadoras’, respondió. Claro, porque todos los primos que ‘saben de computadoras’ son diseñadores web profesionales, ¿no?
Le dije: ‘Mira, Pepito, el botón de compra es como la puerta de tu tienda física. Si está cerrada o escondida, nadie entra. Y si nadie entra, no vendes. ¿Entiendes?’
La ley del ‘menos es más’
Ahora voy a soltar una opinión polémica: la mayoría de las webs están saturadas como un bus de Transmilenio a las 7 AM. Botones por aquí, banners por allá, pop-ups que saltan como si fueran maratón, textos larguísimos que nadie lee… ¡BASTA!
El diseño de una tienda virtual debe ser limpio, intuitivo y enfocado en una cosa: guiar al usuario hacia la compra. Si tu web tiene más elementos que un circo, estás perdiendo clientes. Piensa en Apple: diseño minimalista, fácil de navegar y enfocado en los productos. ¿Qué hacen todos? Compran.
El storytelling que nadie cuenta
Aquí viene otro error brutal: las descripciones de productos que parecen escritas por un robot. ‘Camiseta azul, talla M, 100% algodón’. ¡Aburrido! Si quieres vender, cuentas una historia.
‘Esta camiseta no es solo un pedazo de tela. Es la compañera perfecta para esos días en los que quieres sentirte cómodo sin perder el estilo. Hecha con algodón suave como un abrazo, es ideal para un café con amigos o un paseo por el parque. ¡Úsala y sentirás la diferencia!’
¿Ves la diferencia? Una descripción aburrida es como una persona que solo habla de sí misma. Una buena historia es como una conversación interesante que te engancha.
El móvil, el rey del mambo
Aquí va otro tema que me saca de quicio: las webs que no están optimizadas para móviles. ¡Es 2023, señores! Más del 70% de las compras online se hacen desde el celular. Si tu web no se ve bien en móvil, estás perdiendo dinero.
El otro día una cliente me dijo: ‘Isra, mi web se ve linda en la laptop, pero en el celular no funciona’. Y yo le contesté: ‘Entonces no funciona’. Simple. Si tu web no es responsive, es como tener un restaurante con la puerta cerrada: nadie entra.
Conclusión: ¿Quieres vender o quieres perder?
El diseño de una tienda virtual no es un lujo, es una necesidad. Si tu web parece un elefante en una cristalería, un cementerio o un circo lleno de distracciones, estás espantando clientes.
Así que hazte un favor: revisa tu sitio. ¿Es fácil de navegar? ¿Atrae la atención? ¿Guía al usuario hacia la compra? Si no es así, cambia. Porque en el mundo online, la primera impresión es la única que importa.
Y si no sabes por dónde empezar, aquí estoy yo. Porque, como suelo decir, una web mala es como un chiste mal contado: nadie se ríe y todos se van.