La vez que Pepito casi mata su negocio con una newsletter
Había una vez en un mundo no muy lejano, un emprendedor llamado Pepito. Pepito tenía una panadería artesanal que era la envidia del barrio. Sus croissants eran tan esponjosos que podían levantarte el ánimo incluso en un lunes por la mañana. Pero Pepito tenía un problema: nadie compraba sus muffins.
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‘¡Los muffins son gloriosos!’, se quejaba Pepito un día mientras tomábamos un café. ‘Pero no sé cómo hacer que la gente los compre.’
Entonces, inspirado por un curso online de marketing que vio en YouTube, decidió lanzar una newsletter. ‘¡Esto va a ser un éxito!’, pensó. Pero lo que escribió fue algo así:
‘Estimado cliente, le invitamos a probar nuestros muffins. Están en oferta a 2 por 1. Gracias por su atención.’
El resultado: cero ventas. Ni un solo maldito muffin se vendió. Pepito estaba desesperado. ‘¿Qué hice mal?’, me preguntó, con cara de perro abandonado en la lluvia.
Aquí es donde entro yo. Porque, amigos, Pepito cometió todos los errores posibles en su newsletter. Y hoy voy a contarte cómo NO hacer lo mismo.
Por qué tu newsletter parece un panfleto de barrio
Vamos directo al grano: el 90% de las newsletters que recibo son tan aburridas que prefiero limpiar mi bandeja de spam antes que abrirlas. ¿Por qué? Porque están escritas como si fueran anuncios de supermercado. ‘Oferta’, ‘Descuento’, ‘Compre ya’. Zzzzzz.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero, Isra, si no vendo, ¿qué hago?’. Y yo le contesté: ‘¿Vender? Claro que sí. Pero primero, cuéntales una historia. Haz que se enamoren de tu marca.’
La gente no compra productos; compra emociones. Y si tu newsletter se limita a decir ‘Tenemos esto, cómpralo’, estás perdido. Es como ir a una cita y decir: ‘Hola, ¿quieres casarte conmigo?’. No funciona así.
El truco del sujeto que nadie te dijo
Aquí viene lo bueno. El truco está en el asunto. Sí, esas dos o tres palabras que deciden si tu email va al inbox o al olvido. Y la mayoría lo arruina.
¿Qué es peor? Cuando el asunto es algo como ‘Boletín semanal de Pepito Panaderos’. Por favor, ¿quién va a abrir eso? Es como recibir una invitación a una fiesta aburrida.
Mejor: ‘¿Sabes por qué nuestros muffins están haciendo llorar a la gente?’. Ahora eso sí da curiosidad. ¿Quién no quiere saber por qué un muffin puede ser tan emocional?
La narrativa que engancha
La narrativa es clave. No escribas como un robot; escribe como si estuvieras tomando un café con tu cliente. Diálogos, anécdotas, humor. Haz que se sientan parte de la historia.
Por ejemplo, en vez de decir ‘Tenemos muffins nuevos’, podrías contar: ‘El otro día, mientras preparaba los muffins, mi abuela me llamó para decirme que mi receta le recordaba a su infancia en Italia. Y eso me hizo pensar: ¿qué tal si comparto un pedacito de esa historia contigo?’
Ahora estás vendiendo no un muffin, sino una experiencia. Y eso, queridos panaderos, es lo que marca la diferencia.
El llamado a la acción que funciona
El llamado a la acción (CTA) es como el remate de un chiste. Si no lo haces bien, todo el esfuerzo anterior se va al traste. Y aquí es donde muchos la cagan. ‘Compre ahora’, ‘Haga clic aquí’, ‘Suscríbase’. Aburrido y predecible.
Mejor: ‘¿Quieres probar el muffin que hizo llorar a mi abuela? Ven y te cuento la historia completa.’ O: ‘¿Te animas a descubrir por qué nuestros muffins son los más pedidos? Dale clic aquí y te lo cuento.’
El secreto es hacer que el CTA sea una extensión de la historia, no un salto brusco a ‘compre ya’.
El diseño que no distrae
El diseño también importa, pero no como piensas. No necesitas gráficos extravagantes o colores chillones. Lo que necesitas es claridad. Si tu newsletter parece un circo, nadie va a leerla.
El otro día vi una newsletter tan recargada que pensé que estaba viendo un anuncio de Navidad. Demasiados colores, demasiadas imágenes, demasiado texto. No hagas eso. Manténlo simple: texto legible, imágenes que apoyen la historia, y un diseño que guíe al lector de principio a fin.
El timing perfecto
Finalmente, pero no menos importante: el timing. No puedes enviar una newsletter cualquier día a cualquier hora.
Un cliente me dijo: ‘Envío mis newsletters los viernes a las 5 pm, cuando la gente está saliendo del trabajo.’ Y yo le contesté: ‘¿Y esperas que alguien la lea? Están pensando en el fin de semana, no en comprar.’
Mejor: los martes o miércoles, entre las 10 am y las 2 pm. Es el momento en que la gente está más receptiva y menos distraída.
En resumen: tu newsletter es tu carta de amor
Así que trata a tu newsletter como si fuera una carta de amor. Cuida cada palabra, cuenta una historia, haz que el lector se sienta especial. Porque si no lo haces, tu newsletter acabará en la papelera. Y no quieres eso, ¿verdad?
Así que, Pepito, si estás leyendo esto: tus muffins son gloriosos. Ahora solo falta que el mundo lo sepa. Y con una newsletter bien escrita, lo harán.
Y tú, ¿estás listo para escribir la newsletter que cambiará tu negocio?