El arte de recuperar clientes por email: cómo no parecer un vecino castroso

La historia del restaurante que casi pierde todo

Hace unos meses, en un barrio bonito de Medellín, había un restaurante que prometía mucho. Se llamaba ‘La Sazón de Mamá’. El tipo, Carlos, había invertido sus ahorros en decoración, en un chef con experiencia internacional y hasta en una campaña de Instagram con influencers. Pero algo pasó: después del boom inicial, las mesas empezaron a vaciarse. Carlos estaba desesperado. ‘¿Qué hago?’, me preguntó un día, mientras brindábamos con una cerveza Aguila. ‘Todo el mundo viene una vez, pero nadie vuelve’.

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Ahí fue cuando le pregunté: ‘Carlos, ¿has intentado recuperarlos por email?’. Él se quedó mirándome como si le hubiera hablado en chino. ‘Email, ¿para qué? Si ya vinieron una vez, ¿no?’. Ay, Carlos. Carlos, Carlos, Carlos. Me faltó ponerle un suero de ignorancia digital ese día. Pero tranquilos, al final de esta historia les cuento qué pasó con él.

Ahora, ustedes tal vez están pensando: ‘¿Qué tiene que ver esto conmigo?’. Pues todo. Porque Carlos no es el único que mete la pata con el email marketing. De hecho, es más común de lo que creen. Y aquí es donde empieza el drama.

Por qué tu email suena como un vecino castroso

El otro día, un cliente me dijo: ‘Mira, mando emails, pero nadie me hace caso’. Le pedí que me mostrara uno de sus correos. Y ahí estaba el problema: el sujeto era ‘¡Gran descuento solo para ti!’. El cuerpo del mensaje decía: ‘Hola, queremos ofrecerte un descuento del 20% en todos nuestros productos’. Y punto. Nada más.

¿Sabes qué le dije? ‘Tu email suena como ese vecino que siempre te quiere vender algo, pero nunca te pregunta cómo estás’. Y ahí está el primer error: tratar el email como una máquina expendedora. La gente no quiere que le tires ofertas en la cara. Quieren conexión, atención, algo que les diga: ‘Hey, te conozco, sé lo que necesitas’.

El caso de Pepito y su tienda de ropa

Voy a contarles el caso de Pepito, dueño de una tienda de ropa en Envigado. Pepito tenía una lista de emails decente, pero sus campañas eran un desastre. Me enseñó uno de sus correos más ‘exitosos’. El asunto decía: ‘¡Última oportunidad para comprar!’. El cuerpo: ‘Querido cliente, aprovecha nuestra rebaja antes de que se acabe’. ¿Qué pasó? La gente lo ignoró. Y no porque no les interesara la promoción, sino porque no había ninguna conexión emocional.

Le dije: ‘Pepito, tú no estás vendiendo ropa, estás vendiendo estilo de vida’. Cambiamos el enfoque. El nuevo email empezaba con: ‘¿Sabes qué usarías para destacar en esa reunión importante?’. Y luego seguía con recomendaciones personalizadas, según los datos que tenía de sus clientes. ¿El resultado? Un aumento del 40% en las ventas. Y eso, amigos, es lo que llamo recuperar clientes sin parecer un castroso.

Los pecados capitales del email marketing en Medellín

Ahora, hablemos de los errores comunes. Porque si hay algo que me saca ronchas es ver cómo la gente en Medellín sigue cometiendo los mismos fallos una y otra vez. Primero, el pecado del ‘Hola, desconocido’: mandar emails genéricos, sin personalización. Segundo, el pecado del ‘Te escribo solo cuando quiero algo’: nunca seguimiento, nunca interés genuino. Tercero, el pecado del ‘Mira mi descuento y cómpralo ya’: cero storytelling, cero conexión emocional.

Si tú estás haciendo cualquiera de estas cosas, detente. Porque no estás recuperando clientes, estás espantándolos. Y eso, querido lector, es como dispararte en el pie.

El truco del ‘email que parece carta de amor’

Aquí viene el secreto: tu email debe sonar como si lo estuvieras escribiendo a mano, con cuidado, con atención. Como una carta de amor. No estoy bromeando. Piensa en eso: ¿cómo le escribes a alguien que te importa? Con detalles, con preguntas, con interés. Pues lo mismo aplica para tus clientes.

Un ejemplo: en lugar de escribir ‘Hola, tenemos un descuento para ti’, prueba con ‘Hola Juan, vi que hace unas semanas compraste nuestra camiseta azul. ¿Te gustó? Queríamos darte las gracias y ofrecerte algo especial’. ¿Ves la diferencia? Es como hablarle a un amigo, no como gritarle a un desconocido en la calle.

Cómo Carlos salvó su restaurante (y tu también puedes)

Volvamos con Carlos, el dueño de ‘La Sazón de Mamá’. Después de nuestra conversación, decidió cambiar su enfoque. En lugar de mandar emails diciendo ‘Ven otra vez’, empezó a escribir cosas como: ‘Hola María, recuerdo que pediste nuestra pasta al pesto la última vez. ¿Sabías que tenemos una nueva versión con un toque especial?’. Y adivinen qué: la gente empezó a volver. ¿Por qué? Porque les hizo sentir importantes, vistos.

Ahora, tú puedes hacer lo mismo. No importa si tienes un restaurante, una tienda de zapatos o un servicio de limpieza. El principio es el mismo: conectar, personalizar, ofrecer valor. Y sobre todo, no parecer un vecino castroso que solo habla de sí mismo.

Conclusión: Recuperar clientes es un arte, no una ciencia

Recuperar clientes por email no es una fórmula mágica. Es más bien como cocinar: necesitas los ingredientes correctos, sazonar al gusto y saber cuándo servir el plato. Si lo haces bien, no solo recuperarás clientes, sino que les darás una razón para quedarse contigo. Así que, deja de tratar el email como un anuncio de televisión y empieza a verlo como una conversación. Tu negocio te lo agradecerá.