El día que Pepito se convirtió en el meme de la oficina
Era un martes por la mañana en Medellín, y el aroma del café recién hecho flotaba en el aire como un aroma de redención. Pepito, nuestro protagonista, estaba sentado frente a su computadora, decidido a enviar el correo electrónico más importante de su carrera. Este correo, pensó, sería el que lo llevaría a la gloria. El que cerraría el trato del año. El que lo convertiría en el héroe de la empresa.
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Pero Pepito cometió un error. Un error tan grande que lo convirtió en el meme de la oficina durante semanas. Escribió un correo largo, denso, aburrido como una telenovela de las 9 de la mañana. Y para rematarla, lo envió a las 7:30 de la mañana, esperando que su cliente lo leyera mientras desayunaba. Spoiler: no lo leyó.
El cliente, Mauricio, un hombre ocupado con la paciencia de un gato en un baño público, abrió el correo, vio la pared de texto y simplemente lo archivó. No solo eso, le contó a todos sus colegas sobre el ‘correo más largo y aburrido del mundo’. Pepito se convirtió en el hazmerreír de la industria, y el trato nunca se cerró.
Por qué tus correos son como un cementerio
El problema con los correos electrónicos es que la gente los trata como si fueran cartas escritas por Tolstói. Piensan que mientras más palabras, más profesional se ven. Pero no, querido lector, no es así. Un correo electrónico debe ser como un buen trago: corto, fuerte y directo al objetivo.
Y aún así, aquí en Medellín, veo a diario cómo la gente sigue cometiendo los mismos errores. Correos larguísimos, llenos de jerga empresarial que nadie entiende, enviados a la hora incorrecta, sin una llamada a la acción clara. Es como si estuvieran compitiendo por el título de ‘Correo más ignorado del año’.
El caso del ‘Asunto’ que nadie leyó
El otro día, un cliente me dijo: ‘¡Es que no entiendo por qué nadie responde mis correos!’. Le pedí que me mostrara un ejemplo. El asunto decía: ‘Asunto: Reunión’. Eso es todo. Ni más, ni menos. ¡Ni siquiera tenía un ‘¡Hola!’!
‘¿Y tú crees que alguien va a abrir un correo con un asunto tan aburrido?’, le pregunté. Él se encogió de hombros y dijo: ‘Pero es que es una reunión importante’.
Aquí está el problema. La gente piensa que los correos electrónicos son como gritarle a alguien en un concierto. ‘¡OYE, ES IMPORTANTE!’. Pero no, no es así. Un correo electrónico debe tener un asunto que genere curiosidad, que haga que el destinatario piense: ‘¿Qué es esto? Tengo que abrirlo’.
La hora en la que el correo muere
Ahora hablemos del timing. ¿Sabes cuál es la peor hora para enviar un correo electrónico? Las 7:30 de la mañana. Exactamente la hora en la que Pepito envió su correo. Porque la gente está durmiendo, desayunando, o simplemente ignorando todo lo que llega a su bandeja de entrada.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero es que yo envié mi correo a las 6 de la mañana, para que lo vean primero’. ¡Error! Eso es como despertar a alguien con una bocina y decirle: ‘¡Hola! ¿Quieres comprar algo?’. Spoiler: no quiere comprar nada.
El arte de la llamada a la acción
Y llegamos al punto más importante: la llamada a la acción. Esa frase mágica que le dice al destinatario qué hacer después de leer tu correo. Pero aquí, en Medellín, veo a diario cómo la gente la arruina. Correos que terminan con: ‘Espero su respuesta’. Eso es como decir: ‘Aquí tienes una pelota, pero no voy a decirte qué hacer con ella’.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero es que yo no quiero ser muy directo’. Y yo le respondí: ‘¿Prefieres ser ignorado?’. Porque aquí está la verdad: la gente no adivina qué quieres que hagan. Si no les dices claramente, simplemente no lo harán.
El secreto oscuro de los correos exitosos
Entonces, ¿cuál es el secreto para escribir correos electrónicos que la gente lea y responda? Es simple: sé claro, sé conciso y sé humano. Trata al destinatario como si estuvieras hablando con él frente a frente. No escribas como si fueras un robot de Wikipedia, escribe como si estuvieras tomando un café con esa persona.
Y sobre todo, recuerda: un correo electrónico no es una novela. Es una herramienta de comunicación. Úsala bien, y verás cómo tus respuestas aumentan, tus clientes sonríen, y tu reputación se salva de convertirse en el meme de la oficina.