Storytelling Personal: La bomba que nadie sabe activar (y cómo hacerlo sin parecer un TED Talk aburrido)

La mujer que convirtió una cita en un monólogo insufrible

Imagínate esto: estás en un café en El Poblado. Tienes una cita con alguien que parece interesante. La conversación empieza bien, pero de repente, ella (o él, no discriminamos) empieza a contarte su vida entera. Desde cómo su abuela le enseñó a hacer arepas hasta por qué dejó su trabajo en esa empresa que odiaba. Y no para. No hay pausa. No hay espacio para respirar. Te sientes como un rehén en tu propia silla.

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Lo peor es que no es interesante. Es como escuchar esa canción que te gustaba en los 90, pero ahora es insoportable porque la han puesto en loop. Y tú ahí, sonriendo, asintiendo, mientras piensas en cómo escapar sin parecer un imbécil. Así es como la mayoría de la gente cuenta sus historias: como si fueran el único personaje de su propia película. Y eso, querido lector, es un error monumental.

Por qué tu storytelling parece un monólogo de telenovela barata

El otro día, un cliente me dijo: ‘Isra, necesito contar mi historia en mi web, pero no quiero parecer un ególatra.’ Le dije: ‘Demasiado tarde, tu web ya parece un altar a tu ego.’ Y no es broma. La gente (y tú probablemente también) cae en el mismo error: cuenta su vida como si fuera una biografía de premio Nobel, llena de detalles irrelevantes que a nadie le importan. ‘Nací en Medellín, estudié en la universidad X, trabajé en Y, ahora soy Z…’ ¡Aburrido!

El problema no es contar tu historia, sino cómo la cuentas. Si tu storytelling personal es una lista de logros y eventos cronológicos, mejor ni lo hagas. La gente no quiere saber qué hiciste, quiere conexión, emoción, algo que los haga sentir que no están leyendo el currículum de un robot.

El caso de Pepito y su web que parecía un cementerio

Hablemos de Pepito, un diseñador gráfico que quería impresionar a sus clientes con su historia. ¿Qué hizo? Saturado Google… Lo primero que hizo fue hablar de sí mismo en tercera persona. Sí, como si fuera Cristiano Ronaldo. ‘Pepito nació en Medellín con una pasión innata por el diseño…’ Lo segundo fue incluir una lista interminable de premios y certificaciones. Por último, añadió fotos de él en diferentes lugares del mundo, como si fuera un influencer. ¿El resultado? Una web que parecía más un perfil de LinkedIn que una invitación a hacer negocios.

Le dije: ‘Pepito, tu web es como un cementerio: nadie quiere pasar tiempo ahí.’ Me miró como si le hubiera robado el último pitillo. Le expliqué que el storytelling personal no es inflar tu ego, sino crear una conexión emocional. La gente no contrata a tu currículum, contrata a una persona. Y si no les das esa sensación, se van a fugar más rápido que un taxista en hora pico.

Cómo contar tu historia sin que la gente te odie

Primero, deja de pensar que tu vida es una película de Netflix. No lo es. Segundo, enfócate en el dolor, no en la solución. La gente no quiere saber cómo puedes ayudarlos (al menos no al principio), quiere saber que entiendes su problema. Tercero, usa narrativa, no cronología. Nadie quiere una línea de tiempo, quieren una historia que los atrape.

Aquí va un ejemplo que siempre uso: no digas ‘Soy un diseñador gráfico con 10 años de experiencia.’ Di: ‘Hubo un momento en mi vida en que odiaba mi trabajo. Pasaba horas frente al ordenador diseñando cosas que nadie usaba. Un día, decidí cambiar eso. Hoy, ayudo a marcas a crear diseños que no solo se ven bien, sino que generan resultados.’ ¿Ves la diferencia? Una es aburrida, la otra te hace querer saber más.

El truco que nadie te cuenta: el poder de lo inesperado

El otro día, en un bar, escuché a alguien contar una historia increíble. No era sobre su éxito, sino sobre su fracaso. Estaba hablando de cómo perdió su primer gran cliente y lo que aprendió de eso. ¿Sabes qué pasó? Todo el mundo estaba escuchando. No porque fuera una historia feliz, sino porque era real, vulnerable y, sobre todo, inesperada.

La gente está cansada de las historias perfectas. Si quieres que te escuchen, habla de tus errores, de tus miedos, de tus momentos incómodos. Eso es lo que crea conexión. Porque todos tenemos miedos, todos cometemos errores y todos hemos pasado momentos incómodos. Si solo hablas de tus éxitos, te conviertes en ese tipo que nadie quiere invitar a las fiestas.

Conclusión: si tu storytelling no emociona, es mejor que no cuentes nada

El storytelling personal no es una opción, es una necesidad. Pero si lo haces mal, es peor que no hacerlo. Así que, antes de ponerte a escribir tu vida en tercera persona o llenar tu web de logros, piensa en esto: ¿quieres que la gente se sienta conectada contigo o simplemente quieres inflar tu ego?

Si la respuesta es la primera, entonces cuenta tu historia con honestidad, vulnerabilidad y enfoque en el otro. Si es la segunda, mejor guarda tu historia para tus memorias. Porque, al final, nadie quiere leer la biografía de alguien que no sabe contar una historia interesante.