Cuando Juan descubrió que tener Instagram no es un plan de marketing
Hace unos meses, Juan, un emprendedor de Medellín, llegó a mi oficina con una cara que lo decía todo. Tenía el ceño fruncido, las manos sudorosas y una expresión que gritaba: ‘Ayúdame, por favor, estoy a punto de quemar todo mi negocio’. No exagero. Literalmente, el tipo parecía haber visto un fantasma.
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‘Mira, Isra, tengo Instagram, Facebook, incluso TikTok. Contraté a una chica que me hace los gráficos, le meto como $500 mil cada mes a los anuncios, pero… nada. No vendo nada. ¿Qué estoy haciendo mal?’, me preguntó, casi suplicando.
El drama fue creciendo mientras Juan me contaba cómo había invertido en cursos de ‘marketing digital’ que prometían hacerlo millonario en 30 días. Resultado: había gastado más de $5 millones en publicidad sin ver un solo peso de retorno. ‘Es como si estuviera tirando el dinero al río’, dijo, desesperado.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque, amigos, Juan cometió el error más común en Medellín (y en el mundo): pensar que tener redes sociales y publicar de vez en cuando es un plan de marketing. Spoiler: no lo es. Ni cerca.
Por qué tu plan de marketing es como un tamal sin relleno
‘Mira, Isra, tengo más de 1.000 seguidores en Instagram’. Esta frase, junto con ‘pagué por un curso de Facebook Ads’, es el equivalente a decir: ‘Compré un carro pero no le puse gasolina’.
El problema de Juan (y de muchos otros) es que confunde tácticas con estrategia. Publicar una foto bonita en Instagram es una táctica. Correr anuncios en Facebook es una táctica. Pero, ¿cuál es el plan detrás de todo eso? ¿Qué objetivo estás persiguiendo? Ahí es donde el 90% de la gente se estrella.
El otro día, en el Parque Lleras, escuché a un par de emprendedores hablando de su ‘estrategia digital’. Uno decía: ‘Yo subo fotos todos los días’. El otro respondió: ‘Yo le meto $200 mil a los anuncios cada semana’. Y ahí se acabó la conversación. Ni un solo detalle sobre su público objetivo, su propuesta de valor o sus métricas. Nada. Solo tácticas sueltas, como un tamal sin relleno.
El día que Juan casi quiebra (y cómo lo evitamos)
Volvamos a Juan. Después de escuchar su historia, le hice una pregunta simple: ‘¿Quién es tu cliente ideal?’.
Silencio.
‘O sea, la gente que compra mis productos’, respondió, dubitativo. ‘Sí, pero ¿quién es esa gente? ¿Qué edad tiene? ¿En qué trabaja? ¿Qué problemas tiene? ¿Por qué te compraría a ti y no a otro?’, insistí.
De nuevo, silencio.
Y ahí está el problema. Juan estaba corriendo anuncios en Facebook sin saber a quién le estaba hablando. Era como gritar en una plaza llena de gente esperando que alguien le comprara algo. Absurdo, ¿no?
‘Mira, Juan, vamos a hacer esto’, le dije. ‘Primero, define quién es tu cliente ideal. Luego, entiende qué problema tienes que resolverle. Después, crea una oferta irresistible. Y solo entonces, piensa en las tácticas.’
El resultado: en tres meses, Juan pasó de quemar $500 mil mensuales en anuncios a facturar $10 millones. ¿Cómo? Con un plan de marketing digital que no solo era bonito, sino inteligente.
Por qué tu web parece un cementerio
Ahora, hablemos del segundo gran error de Juan: su website. O mejor dicho, el cementerio digital que llamaba website.
‘Tengo una página web’, me dijo, orgulloso. ‘Bueno, es más o menos, porque no la he actualizado en un año’. Spoiler: no es más o menos. Es un desastre.
El sitio de Juan tenía fotos borrosas, textos genéricos como ‘Somos los mejores’ y un botón de ‘Comprar ahora’ que llevaba a una página que no funcionaba. Es como tener un local comercial con la puerta cerrada y la luz apagada. ¿Qué esperabas, que la gente entrara?
‘Mira, Juan, tu web es tu tienda online. Si está sucia, rota y aburrida, nadie va a entrar’, le dije. ‘Necesitas llamar la atención desde el primer segundo. Usa un copy que enganche, imágenes que emocionen y un diseño que invite a quedarse.’
Y así lo hicimos. Transformamos ese cementerio digital en un lugar vivo, lleno de contenido útil, testimonios reales y una propuesta de valor clara. El resultado: las ventas online de Juan aumentaron un 300%.
El secreto que nadie te cuenta
Aquí va el secreto que hace la diferencia entre un plan de marketing digital que funciona y uno que solo quema dinero: el seguimiento.
‘Mira, Isra, ¿cómo sé si los anuncios están funcionando?’, me preguntó Juan un día. ‘¿Qué métricas debo mirar?’
La respuesta es simple: todo. Desde los clics y las impresiones hasta las ventas y el costo por adquisición. Pero más importante aún: analiza, ajusta y mejora. No te quedes con el primer resultado.
Juan aprendió a usar Google Analytics, a monitorear sus campañas y a tomar decisiones basadas en datos, no en suposiciones. El resultado: un ROI que no solo cubría sus gastos, sino que le dejaba un margen de ganancia.
La lección que Juan nunca olvidará
Hoy, Juan es un ejemplo de lo que significa tener un plan de marketing digital bien estructurado. No se trata de tener mil seguidores en Instagram o correr anuncios en Facebook. Se trata de entender quién es tu cliente, qué problema estás resolviendo y cómo vas a llegar a él.
Y, sobre todo, se trata de medir, ajustar y mejorar. Porque, al final del día, el marketing digital no es magia. Es ciencia.
Así que, si estás pensando en crear tu propio plan de marketing digital, recuerda: no es lo mismo tener redes sociales que tener una estrategia. Y nunca, jamás, subestimes el poder de un buen seguimiento.
Ahora, cuéntame: ¿cuál es tu mayor dolor de cabeza cuando se trata de marketing digital?