La noche en que me di cuenta de que estaba pagando por el aire
Era jueves. Lo recuerdo porque ese día siempre ordeno pizza. Estaba descalzo en la cocina, revisando mi celular mientras esperaba que el delivery llegara. De repente, vi una notificación del banco: “Cargo recurrente: $49.900”. ¿Qué carajos era eso?
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Me metí a la app y ahí estaba: un cargo de casi 50 lucas por algo llamado “FitnessPro”. Ni siquiera recordaba haberme suscrito a eso. Ahí empezó mi descenso al infierno de las suscripciones.
Ese día descubrí que estaba pagando por:
- Un servicio de música que no escuchaba desde que Spotify me regaló tres meses gratis.
- Una plataforma de películas que solo usé una vez para ver “El Padrino” (sí, nunca la había visto, no me juzguen).
- Un gimnasio virtual que juré usar cuando compré esos leggings que todavía tienen etiqueta.
En total, casi $200.000 mensuales regalados como si fueran caridad. Y esa fue solo la primera página del extracto.
Porque no, no eres el único que cae en esta trampa
El otro día estaba en un café en El Poblado (sí, soy de esos) y escuché a dos chicas hablar:
“Es que yo pago Netflix, pero es que nunca lo veo”, dijo una.
“Ay, pero lo tienes por si acaso”, contestó la otra.
POR SI ACASO. Esa es la frase más peligrosa del siglo XXI. ¿Por si acaso qué? ¿Por si acaso te quedas en casa un viernes? ¿Por si acaso se va la luz? ¿Por si acaso los extraterrestres llegan y te piden ver ‘Stranger Things’?
Nos hemos convertido en una generación de ‘por si acaso’. Compramos cursos que no terminamos, suscripciones que no usamos y ropa que no nos ponemos. Y me incluyo porque, aunque escribo esto, todavía tengo HBO activo.
El truco psicológico que nos hace caer como bobos
Vamos a hablar claro: las empresas nos están tomando el pelo. Saben que somos masoquistas financieros y juegan con eso.
Te ofrecen un mes gratis. Suenas emocionado, te suscribes pensando “yo lo cancelo antes de que me cobren”. Spoiler alert: no lo cancelas. Porque la vida pasa, porque te olvidas, porque te da pereza.
Pepito, un amigo mío, me confesó que estuvo pagando un servicio de idiomas durante AÑOS. ¿Lo usó? Nunca. ¿Por qué no lo canceló? “Es que cada vez que iba a hacerlo, me salía alguna excusa”.
Ese es el verdadero truco: la procrastinación es su mejor aliada. Mientras más te demores en cancelar, más dinero sacan de ti.
El síndrome del ‘no quiero perderlo’
Esta es otra de las grandes mentiras que nos contamos a nosotros mismos. “Es que ya estoy suscrito, si lo cancelo pierdo todo”. ¿Pero qué pierdes exactamente?
Un cliente me dijo una vez: “Es que yo pago Adobe porque tengo todos mis archivos ahí”. ¿Y cuándo fue la última vez que abriste esos archivos? En 2018. Exactamente.
Nos aferramos a cosas que no necesitamos porque nos da miedo soltar. Es el mismo miedo que nos hace guardar esos jeans que ya no nos quedan desde la prepa.
Cómo puedes evitar caer en la trampa
Primero, haz un inventario de todas tus suscripciones. Sí, TODAS. Esa que pensabas que habías cancelado. Esa que te cobran en dólares.
Segundo, pregúntate: “¿Realmente uso esto?”. Si la respuesta es “no”, cancela. Ya. No mañana, no después de la cena. Ahora.
Tercero, no caigas en el “por si acaso”. Si lo necesitas, te puedes suscribir de nuevo. Créeme, el mercado no se va a acabar.
El secreto que las empresas no quieren que sepas
Cuando cancelas una suscripción, te suelen ofrecer un descuento. Es su último intento por retenerte. Mi consejo: recházalo.
Porque si sigues pagando, aunque sea menos, sigues cayendo en la trampa. Es como cuando te ofrecen una segunda cita con alguien que no te interesa. ¿Para qué?
El día que decidí dejar de pagar por el aire
Ese jueves de pizza me propuse algo: cancelar todo lo que no usara. Fue doloroso, lo admito. Hubo plataformas a las que tenía cariño. Pero era necesario.
Cuando vi mi nuevo extracto el mes siguiente, sentí una paz que no había sentido desde que encontré WiFi gratis en el aeropuerto.
Así que aquí va mi regalo para ti: revisa tus suscripciones ahora mismo. Y si encuentras algo que no uses, cancélalo. Créeme, tu bolsillo te lo agradecerá. Y si no lo haces, seguirás pagando por el aire.