Hace unos meses, estaba en un café de Medellín, disfrutando de mi tinto de rigor, cuando escuché una conversación que me hizo soltar la taza. Dos tipos, probablemente ejecutivos de alguna start-up, hablaban sobre su ‘estrategia de marketing innovadora’. Uno decía: ‘Mira, el otro día le metí ChatGPT a nuestra campaña de Instagram. Le dije que escribiera unos posts y ya. ¡Fácil y rápido!’
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El otro, con cara de orgullo, respondió: ‘¡Sí, hombre! Yo también hice lo mismo con las respuestas automáticas de WhatsApp. Total, eso de la inteligencia artificial es solo poner herramientas y ya funciona’.
Yo, desde mi mesa, casi me atraganto con el café. Porque claro, reducir la inteligencia artificial en marketing a ‘poner una herramienta y ya’ es como decir que por comprar un violín ya eres Paganini. Pero ahí estaban ellos, felices de la vida, pensando que habían descubierto la pólvora.
Y lo peor es que no son los únicos. Por eso hoy, amigos, vamos a hablar de inteligencia artificial en marketing, pero no desde el aburrido manual de ‘qué es y cómo funciona’. Vamos a hacerlo con ejemplos reales, errores fatales y una pizca de esa irreverencia que tanto nos gusta.
Por qué tu estrategia de IA parece un chiste de Rafa Gorgory
El otro día, un cliente me dijo: ‘Israel, tengo una página web supermoderna, con chatbots, recomendaciones automatizadas y hasta AI que genera contenido. Pero nadie compra. ¿Qué hago mal?’
Yo le miré y le dije: ‘¿Sabes qué pasa? Que tienes todas las herramientas, pero ningún cerebro’. Y sí, porque la inteligencia artificial no es magia. Es como un chef: puedes tener los mejores ingredientes, pero si no sabes cocinar, el plato será un desastre.
Y eso es lo que veo en Medellín. Empresas que ponen chatbots que responden ‘Hola, ¿en qué puedo ayudarte?’ y después no saben ni decir cuánto cuesta el producto. O páginas webs que usan AI para generar contenido, pero ese contenido parece escrito por un bot (porque lo es) y nadie lo lee.
El caso de ‘Pepito’: Cuando la AI te deja en ridículo
Te cuento el caso de Pepito, un amigo que tiene una tienda de ropa. Un día, decidió usar inteligencia artificial para personalizar los correos de marketing. La herramienta era buena, pero Pepito no la configuró bien. Resultado: mandó un mail a todos sus clientes diciendo ‘Hola, [Nombre], sabemos que te encanta comprar en [Tienda]’. El problema es que, por un error, el [Nombre] salió literalmente como ‘[Nombre]’ y la [Tienda] como ‘[Tienda]’.
¿Imaginas? Un correo que decía: ‘Hola, [Nombre], sabemos que te encanta comprar en [Tienda]’. Como si fuera una plantilla mal copiada. Los clientes se rieron, Pepito lloró, y la herramienta quedó en el olvido.
Pero no es culpa de la AI. Es culpa de Pepito, que no supo usarla. Y créeme, esto pasa más de lo que piensas.
Por qué tu web con AI parece un cementerio digital
Otra cosa que me vuelve loco: empresas que piensan que por poner un chatbot o una herramienta de recomendaciones automáticas, ya tienen una web de última generación. Y no. Porque si tu web no tiene un diseño atractivo, un mensaje claro y una estrategia detrás, da igual cuanta IA le metas. Seguirá siendo un cementerio digital.
El otro día, entré en una web que tenía de todo: recomendaciones automáticas, chatbot, hasta un asistente virtual que te hablaba. Pero el diseño era tan malo que parecía hecho en los 90. Y el contenido… mejor ni hablamos. Total, que salí de ahí más rápido que de una fila del Éxito en diciembre.
Moraleja: La IA no es un parche para una mala estrategia. Es un complemento. Y si no tienes la base bien hecha, todo lo demás será inútil.
¿Cómo usar la AI en marketing sin quedar como Pepito?
Primero, deja de pensar que la inteligencia artificial es solo herramientas. Es una forma de pensar. Es entender que, con datos y algoritmos, puedes tomar mejores decisiones, personalizar tus mensajes y optimizar tus campañas.
Segundo, aprende a usar las herramientas. No basta con instalar un chatbot. Tienes que configurarlo, entrenarlo y mantenerlo. ¿Cómo? Con pruebas, feedback y mejora continua.
Tercero, no te olvides del factor humano. Porque al final, el marketing es sobre emociones, conexiones y storytelling. Y eso, amigos, todavía no lo hace una máquina.
Así que, la próxima vez que pienses en usar inteligencia artificial en tu marketing, recuerda: No es solo poner una herramienta y ya. Es entenderla, entrenarla y usarla con inteligencia (la tuya, no la artificial).
¿Y tú? ¿Ya estás usando AI en tu estrategia?
Déjame tu comentario y cuéntame cómo te va. Pero eso sí, si vas a contar un caso como el de Pepito, mejor no me lo digas. ¡Nos vemos en el próximo artículo!