La vez que casi arruino una cena por no dar contexto
Esto pasó el año pasado. Había quedado con unos amigos en uno de esos restaurantes de moda en El Poblado. Todo iba bien hasta que llegó el postre. De repente, mi amiga Laura sacó un tema de la nada: ‘Ahora toca hablar de lo que pasó con Juan’. Todos se quedaron mirándola como si hubiera dicho que el helado estaba salado. ‘¿De qué Juan estás hablando?’, preguntó alguien. Laura se rio como si fuera obvio. (Spoiler: no lo era). Resulta que había estado hablando con otro amigo, Andrés, sobre un tal Juan que había dejado el trabajo. Pero ninguno de los demás sabía quién era Juan, dónde trabajaba o por qué había dejado el empleo. Y ahí empezó el caos. La conversación se convirtió en un juego de adivinanzas: ‘¿Pero Juan no era el de la fiesta del sábado?’, ‘¿Juan el que vivía en Envigado?’. Media hora después, entendimos que hablaba del ingeniero de la empresa de Laura. Pero el daño ya estaba hecho: la cena había sido secuestrada por la falta de contexto.
Te recomendamos leer: Marketing Digital Medellin
Te recomendamos leer: Llms Sin Censura
Por qué tu web parece un cementerio
Ahora déjame adivinar. Tienes una web. Probablemente una página de servicios o productos. Y seguramente tiene frases como ‘Somos líderes en el mercado’, ‘Ofrecemos soluciones innovadoras’ o ‘Nuestro equipo está comprometido con la excelencia’. ¿Sabes lo que eso significa? Absolutamente nada. ¿Líderes en qué mercado? ¿Soluciones innovadoras para qué? ¿Excelencia en qué? Sin contexto, tu web es como un cementerio: llena de palabras que no dicen nada. ‘Pero es que todo el mundo lo hace’, me dijeron una vez. Sí, y por eso todo el mundo tiene webs que parecen escritas por un bot en crisis existencial.
El caso de Pepito y la venta que se escapó
El otro día me llamó un cliente, vamos a llamarlo Pepito. Pepito estaba desesperado porque no cerraba una venta. ‘Le hablé de todas las características del producto, le di los precios, le expliqué cómo funciona… ¿Sabes qué me dijo? Que no entendía para qué servía’. ¡Claro que no lo entendía, Pepito! Pepito le había dado todos los datos técnicos pero no había puesto un solo gramo de contexto. ‘¿Pero es que yo no soy narrador de cuentos’, me dijo. No, Pepito, no eres narrador de cuentos. Eres vendedor. Y si no puedes contar una historia que haga que tu cliente entienda por qué ese producto es la solución a su problema, mejor dedícate a vender helados. (Con contexto, claro).
Contexto infinito: La cura para el drama innecesario
El contexto infinito es esa cosa que nadie usa pero todos necesitan. Es como los subtítulos de una película: sin ellos, estás perdido. Pero aquí está el truco: el contexto no es solo dar información. Es crear una historia que conecte los puntos. Por ejemplo, no basta con decir ‘Juan dejó el trabajo’. Hay que decir ‘Juan, el ingeniero que trabajaba en la empresa de Laura, dejó el trabajo porque le ofrecieron un puesto mejor en otra ciudad’. Ahí sí tiene sentido. Ahí sí entiendes. Y ahí sí la conversación fluye.
Por qué Medellín necesita urgentemente dosis de contexto
Aquí en Medellín tenemos un problema: nos creemos que todo el mundo sabe de lo que estamos hablando. ‘Ah, pero es que tú sabes quién es Juan’, ‘Es que todo el mundo sabe cómo funciona esto’. Spoiler: no, no lo saben. Y eso está arruinando nuestras conversaciones, nuestras ventas y hasta nuestras relaciones. ¿Cuántas veces has estado en una reunión donde alguien saca un tema como si fuera obvio y tú te quedas ahí, sonriendo como un idiota porque no tienes idea de qué están hablando? Exacto. Demasiadas.
El futuro está en el contexto infinito
El contexto infinito no es solo una herramienta de comunicación. Es una forma de vida. Es la manera de asegurarte de que tus mensajes llegan claros, que tus ventas cierran y que tus amigos no se quedan mirándote como si hubieras hablado en chino. Así que la próxima vez que vayas a hablar, piensa: ¿Estoy dando suficiente contexto? ¿Estoy conectando los puntos? Porque si no lo haces, estás condenado al drama innecesario, a las ventas perdidas y a las cenas arruinadas. Y nadie quiere eso.