‘El día que casi perdí un cliente por un punto y coma’
Era un día normal en la oficina. El café tibio, el aire acondicionado haciendo ruido y yo, corrigiendo un texto para un cliente que vendía productos orgánicos. Todo iba bien hasta que llegué a una frase que decía: ‘Nuestros productos son frescos, naturales, y, sin conservantes.’ Ahí estaba, ese maldito punto y coma antes de ‘y’. Una coma innecesaria que podía arruinar el flujo del texto.
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Le escribí al cliente: ‘Oye, esta coma sobra. Te hace sonar como un robot con paperas.’ El cliente, un tipo muy serio, me respondió: ‘Pero es que yo siempre la usa así. Mis profesores en la universidad me enseñaron que es correcto.’ Intenté explicarle que las reglas habían cambiado, pero él insistió en mantenerla. Al final, tuve que ceder, pero ese texto me persiguió en mis sueños durante semanas.
Ese día aprendí una lección importante: la corrección de estilo no es solo sobre gramática, es sobre cómo haces sentir al lector. Y si tu texto suena raro, por más ‘correcto’ que sea, nadie lo va a leer.
‘Por qué tu web parece un cementerio’
Ahora, hablemos de los errores más comunes que comete la gente en Medellín cuando se trata de corrección de estilo. Primero, el pecado capital: los textos largos y aburridos. Parece que la gente piensa que escribir es llenar una página con palabras sin sentido. El otro día vi una web de una empresa de software que decía: ‘Somos líderes en soluciones tecnológicas innovadoras que maximizan la eficiencia operativa y optimizan los procesos empresariales.’ ¿Qué carajos significa eso? ¿Por qué no simplemente decir: ‘Hacemos que tu negocio funcione mejor’?
En segundo lugar, está el uso excesivo de palabras rebuscadas. Aquí en Medellín, parece que hay un concurso de quién puede usar más términos técnicos en una sola frase. ‘Implementamos estrategias de marketing digital omnicanal para potenciar el engagement de la marca.’ ¡Por favor! ¿Por qué no simplemente decir: ‘Te ayudamos a vender más’?
‘El caso de Pepito y los puntos suspensivos’
El otro día, un cliente llamado Pepito me envió un texto lleno de puntos suspensivos… como si estuviera escribiendo un poema de amor del siglo XIX… Me dijo: ‘Es que así se siente más dramático…’ Le respondí: ‘Pepito, esto no es una telenovela de las 8. Si quieres drama, ponlo en la historia, no en la puntuación.’
Los puntos suspensivos tienen su lugar, pero abusar de ellos es como usar condimento en cada plato. Terminas arruinando el sabor del texto.
‘La coma criminal: el enemigo público número uno’
Otro error común es la coma criminal. No, no es una nueva serie de Netflix. Es esa coma que metes donde no debe ir. Por ejemplo: ‘Voy a comprar, manzanas, peras y plátanos.’ ¿Por qué esa coma antes de ‘manzanas’? ¿Es que la manzana necesita un respiro? La coma criminal no solo interrumpe el flujo del texto, sino que también confunde al lector.
Recuerdo un caso de un cliente que escribió: ‘Nuestros productos son, de alta calidad.’ Le dije: ‘Esa coma está de más. Te hace sonar como si estuvieras dudando de la calidad de tus propios productos.’ Él me contestó: ‘Pero es que así suena más formal.’ ¿Formal? Más bien suena como si estuvieras leyendo un texto del siglo pasado.
‘El poder de contar historias’
Finalmente, quiero hablar del poder de contar historias. La corrección de estilo no es solo sobre reglas gramaticales, es sobre cómo cuentas una historia. Si tu texto es plano y aburrido, por más correcto que sea, nadie lo va a leer. El otro día, un cliente me dijo: ‘Quiero que mi web sea profesional.’ Le respondí: ‘Profesional no significa aburrido. Puedes ser profesional y entretenido al mismo tiempo.’
Así que, la próxima vez que escribas un texto, piensa en cómo lo leerías tú. ¿Te engancharía? ¿Te haría reír? ¿Te haría sentir algo? Si la respuesta es no, entonces es hora de revisar tu corrección de estilo.
‘Conclusión: no seas un robot’
En resumen, la corrección de estilo es el arte de hacer que tus textos no solo sean correctos, sino también interesantes. No caigas en la trampa de pensar que lo formal es mejor. Es más importante conectar con tu lector que seguir todas las reglas al pie de la letra. Así que, la próxima vez que escribas, recuerda: no seas un robot con paperas.