El día que un chatbot intentó ser el alma de la fiesta
Hace unos meses, en una reunión de trabajo, un colega decidió que era el momento perfecto para estrenar su nuevo juguete: un chatbot de IA programado para contar chistes. El tipo, emocionado como niño con zapatos nuevos, lo sacó de su bolsillo, lo colocó en medio de la mesa y dijo: ‘Prepárense para reírse como nunca’.
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El chatbot empezó fuerte: ‘¿Qué hace un perro con un taladro?’. Todos esperábamos algo ingenioso. Pero la respuesta fue: ‘Taladrar’. Silencio incómodo. El colega, tratando de salvar la situación, le dijo al bot: ‘Cuéntanos otro’. Y el bot, obediente, soltó: ‘¿Por qué el pollo cruzó la calle? Para llegar al otro lado’. Para ese momento, ya estábamos mirándonos como si estuviéramos en un funeral.
El final de la historia? El chatbot terminó en un cajón, y el colega aprendió una lección valiosa: el humor no es solo palabras, es timing, contexto y, sobre todo, humanidad.
Por qué la IA para humor suena como tu tío en Navidad
El problema con la IA y el humor es que la inteligencia artificial no entiende el contexto. Puede generar palabras, frases e incluso argumentos, pero no sabe cuándo algo es gracioso. Es como si estuvieras en un funeral y alguien dijera: ‘¿Por qué está triste la gente? ¡Es solo un cuerpo sin vida!’. Mal momento, ¿no?
El otro día, un cliente me dijo: ‘Quiero que mi chatbot sea divertido, como si fuera un amigo’. Le pregunté: ‘¿Qué tipo de amigo? ¿El que hace chistes malos y todo el mundo le soporta porque es buena gente?’. Él se rió, pero no captó la ironía. Y ahí está el problema: todo el mundo quiere que su IA sea graciosa, pero nadie sabe cómo lograrlo.
Los errores que todos cometen con la IA para humor
Primero: pensar que cualquier chiste es mejor que ninguno. Error. Un chiste malo puede arruinar una experiencia. Imagina que estás en una página web buscando un producto serio, como un seguro médico, y el chatbot te dice: ‘¿Sabes qué es gracioso? Las facturas médicas’. No, no es gracioso. Es incómodo.
Segundo: creer que más es mejor. Un chatbot que cuenta un chiste tras otro es como ese amigo que no sabe cuándo parar. Terminas deseando que se calle. El humor debe ser dosificado, como el alcohol en una fiesta. Un poco es divertido; demasiado, un desastre.
Por qué el humor es más que palabras
Aquí está el secreto: el humor no está en las palabras, está en la experiencia. Un chiste es gracioso porque conecta con algo que hemos vivido, sentido o imaginado. La IA puede generar frases ingeniosas, pero no puede vivir, sentir o imaginar. Por eso, sus intentos de humor suenan tan forzados.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero la IA puede aprender, ¿no?’. Sí, puede aprender patrones, pero no puede entender por qué algo es gracioso. Es como enseñarle a un robot a bailar: puede mover los brazos y las piernas, pero nunca tendrá el ritmo.
Cómo hacer que tu IA sea graciosa (de verdad)
Primero: contratar a un comediante. No, no es broma. Si quieres que tu IA sea graciosa, necesita un guionista que entienda de humor. No puedes dejar que la IA invente chistes por su cuenta porque terminará diciendo cosas como: ‘¿Qué hace una vaca en el espacio? Moo-n’. Sí, lo acabo de inventar, y sí, es malo.
Segundo: usar el humor con moderación. Un chiste bien colocado puede ser memorable; diez chistes seguidos pueden ser agotadores. Piensa en tu IA como un comediante de stand-up: necesita saber cuándo hacer reír y cuándo dejar respirar al público.
Tercero: personalizar el humor. No puedes usar el mismo tipo de humor para una página de seguros que para una tienda de juguetes. El humor debe adaptarse al público y al contexto. Si no, es como ponerle salsa picante a un helado: no funciona.
El futuro de la IA para humor (spoiler: sigue siendo malo)
La IA va a mejorar, pero no creo que alguna vez llegue a ser tan graciosa como un humano. Porque el humor no es solo inteligencia, es emocional. Es saber cuándo algo es gracioso, incluso cuando no debería serlo. Es romper las reglas y hacer que la gente se ría de lo inesperado.
Así que, si estás pensando en usar IA para humor, piénsalo dos veces. Y si decides hacerlo, asegúrate de tener un humano revisando cada chiste. Porque, si no, tu chatbot podría terminar diciendo cosas como: ‘¿Por qué el robot cruzó la calle? Para actualizarse’.
Y eso, querido lector, no es gracioso.