La cafetería del desastre
Había una vez un tipo llamado Carlos. Carlos era el orgulloso gerente de marketing de una pequeña empresa de café en Medellín. Tenía datos. Muchos datos. Sabía cuántos cafés vendían al día, cuánto tiempo pasaba la gente en su tienda, incluso cuántas cucharadas de azúcar añadían a cada taza. Carlos estaba convencido de que esos números eran suficiente para conquistar el mundo.
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Un día, Carlos decidió presentar sus datos a un posible inversionista. Llenó una presentación de PowerPoint con gráficos, tablas y porcentajes. El inversionista lo miró fijamente durante 15 minutos mientras Carlos hablaba de ‘tasas de conversión’ y ‘análisis de cohortes’. Al final, el inversionista dijo: ‘Carlos, todo esto es interesante, pero… ¿qué carajos estás vendiendo? ¿Café o una calculadora?’
Carlos salió de la reunión con el rabo entre las piernas. Y así comenzó su viaje hacia el storytelling data.
Por qué los datos sin historia son como un chiste malo
Aquí está el problema: el 90% de las empresas en Medellín están enamoradas de los datos, pero odian las historias. Piensan que los números hablan por sí solos. Spoiler: no lo hacen. Los datos son como las notas de una canción. Sin melodía, ritmo y emoción, solo son ruido.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero Isra, los datos son objetivos. Las historias son subjetivas.’ Le respondí: ‘¿Y? La gente no toma decisiones basadas en la objetividad. Toma decisiones basadas en emociones, miedos y deseos. Si tus datos no conectan con eso, estás perdiendo el tiempo.’
La trampa del ‘¡Mira mis gráficos!’
Carlos no es el único que cae en esta trampa. En Medellín, hay miles de Carlos. Empresarios que piensan que por mostrar un gráfico de barras o una tabla de Excel, ya están comunicando. Error. Lo único que están comunicando es que no saben comunicar.
Imagina esto: vas a una reunión y alguien te muestra un gráfico sobre el crecimiento de las ventas. Tienes dos opciones: aburrirte hasta que se te caigan las pestañas o desconectar completamente. Ahora imagina que, en lugar del gráfico, te cuentan cómo una madre soltera usó ese producto para cambiar su vida. ¿Con cuál te quedas? Exacto.
El caso de Pepito y la estadística que nadie entendió
Pepito era un vendedor de seguros. Tenía una estadística fascinante: el 70% de los hogares en Medellín no tenían seguro de vida. Pepito pensó que, con solo mencionar ese número, la gente correría a comprarle. Spoiler: no corrieron.
Un día, Pepito cambió su enfoque. En lugar de decir ‘70% no tiene seguro’, comenzó a contar historias. Habló de Juan, un padre de familia que murió repentinamente dejando a su esposa y sus hijos en la bancarrota. Habló de María, una mujer que perdió su casa porque no tenía seguro. De repente, sus ventas se dispararon. ¿Por qué? Porque las historias hicieron que la gente sintiera algo. Y cuando la gente siente, compra.
El storytelling data no es decoración
Aquí viene la parte polémica. Mucha gente en Medellín piensa que el storytelling data es solo ‘ponerle chispitas’ a los números. Error. No se trata de hacer bonito. Se trata de hacer relevante.
El otro día, un cliente me dijo: ‘Isra, añadí una historia a mi presentación y nadie se emocionó.’ Le pregunté: ‘¿Qué historia?’ Me respondió: ‘Pues, dije que nuestra empresa tiene 10 años de experiencia.’ Le dije: ‘Eso no es una historia. Es una línea de tiempo. ¿Y qué?’
El storytelling data no es contar cualquier historia. Es contar la historia correcta. La que hace que tu audiencia diga: ‘¡Caramba, esto es para mí!’
Cómo hacer que tus datos griten (y vendan)
Primero, identifica el conflicto. Los datos solos son aburridos. Los datos que resuelven un problema son oro. Por ejemplo, en lugar de decir ‘Nuestro café tiene un 15% más de cafeína’, di: ‘¿Te cuesta mantenerte despierto en esas largas reuniones? Nuestro café tiene un 15% más de cafeína para que no te quedes dormido ni en la junta más aburrida.’
Segundo, usa personajes. La gente no se conecta con cifras. Se conecta con personas. Si tu producto aumenta las ventas en un 20%, no hables del porcentaje. Habla de Ana, la vendedora que logró comprarle un regalo de cumpleaños a su hija gracias a ese aumento.
Tercero, simplifica. Nadie quiere oírte hablar de algoritmos complicados. Di lo que necesitan saber, de la manera más clara posible. Si tu explicación necesita una maestría en matemáticas, estás haciendo algo mal.
El futuro es narrativo (no numérico)
El futuro no pertenece a los que tienen más datos. Pertenece a los que saben qué hacer con ellos. Si quieres destacar en un mundo lleno de información, aprende a contar historias que importen.
Carlos lo entendió. Dejó de ser el chico de los gráficos y se convirtió en el contador de historias. Sus reuniones ahora son más cortas, pero sus resultados son más grandes. Y tú, ¿sigues siendo el Carlos del principio o ya aprendiste la lección?
Recuerda: el storytelling data no es una moda. Es la manera en que los datos cobran vida. Y si tus datos no están vivos, están muertos. Y nadie quiere hacer negocios con un cadáver.