Había una vez un tipo llamado Camilo. Camilo era un asesor de inversiones en Medellín, el típico ‘pro’ que sabía todo sobre acciones, fondos indexados y cómo hacerte rico (o al menos eso decía él). Pero había un problema: Camilo no tenía clientes. Bueno, tenía dos o tres, pero todos eran sus tíos o amigos de la universidad que le hacían el favor para que no se muriera de hambre.
Un día, Camilo decidió que ya estaba bien de pasar desapercibido. Se puso manos a la obra y contrató a un ‘experto’ en marketing digital. Este ‘experto’ le hizo una página web que parecía salida de los años 90, con fuentes Comic Sans y colores que te dejaban ciego. Además, le dijo que lo más importante era tener un blog donde Camilo escribiera artículos como ‘Cómo invertir en la bolsa’ (spoiler: nadie los leía).
Pero ahí no acabó la tragedia. Camilo también empezó a publicar en LinkedIn frases como ‘El éxito está en tu mente’ y ‘El poder de la abundancia’ acompañadas de fotos de él mismo mirando al horizonte como si fuera Cristiano Ronaldo en una portada de GQ. Spoiler: tampoco funcionó.
Al final, Camilo terminó frustrado, diciendo que el marketing digital era una estafa y que mejor se dedicaba a vender seguros. Y así, otro asesor de inversiones talentoso se perdió en el abismo del mal marketing. ¿Qué salió mal? Sigue leyendo, porque esto es más común de lo que piensas.
Por qué tu web parece un cementerio
Vamos a ser claros: si tu página web parece un sitio abandonado, es porque está mal diseñada. No, no es suficiente tener un montón de texto gris interminable que nadie va a leer. Tampoco sirve de nada tener un banner gigante con tu foto sonriendo como si estuvieras en una campaña política.
El otro día me encontré con la web de un asesor de Medellín que tenía un mensaje en la portada que decía: ‘Bienvenido a mi sitio web’. ¡Genial, gracias por la calurosa bienvenida! Pero, ¿qué ofreces? ¿Quién eres? ¿Por qué debería confiar en ti? Nada de eso estaba claro. Solo había una foto de él con un traje y una sonrisa que gritaba ‘contrátame, por favor’.
Aquí va un tip: tu web tiene que ser como una conversación en un bar. Sí, como esas charlas en El Poblado donde entras hablando del clima y terminas discutiendo filosofía. Tiene que ser interesante, cautivadora y, sobre todo, clara. Si no logras captar la atención en los primeros 5 segundos, tu web es como un cementerio: silenciosa y llena de tumbas (en este caso, de oportunidades perdidas).
LinkedIn no es tu perfil de Tinder
Ahora hablemos de LinkedIn, esa red social donde todos fingen ser exitosos y nadie se atreve a admitir que se comió un perro caliente en la esquina a las 2 de la mañana. Lo primero que tienes que entender es que LinkedIn no es Tinder. No estás allí para ligar, estás allí para vender.
El otro día me encontré con el perfil de un asesor de Medellín que tenía una foto en la playa, camisa desabotonada y mirada seductora. Abajo decía: ‘Experto en inversiones y amante de la vida’. Ok, ¿y? ¿Eso me hace querer invertir contigo? No. Lo que me hace es preguntarme si estás más interesado en enseñarme tu estrategia de inversión o tu six-pack.
Si quieres usar LinkedIn, hazlo bien. Publica contenido de valor, no frases motivacionales que parecen sacadas de un calendario de sobremesa. Cuenta casos reales, comparte insights, haz que la gente piense: ‘Este tipo sabe de lo que habla’. Pero, por favor, deja las fotos de la playa para Instagram.
El caso de Pepito y el blog fantasma
Ahora vamos con el tema del blog. Aquí hay un error común: creer que tener un blog significa publicar artículos aburridos que nadie lee. Te voy a contar el caso de Pepito, un asesor de Medellín que decidió que iba a escribir sobre ‘Los 10 errores más comunes al invertir’.
El primer error de Pepito fue pensar que escribir un artículo era lo mismo que copiar y pegar de Wikipedia. El resultado fue un texto que parecía escrito por un bot, lleno de jerga técnica y cero personalidad. ¿El segundo error? No promocionarlo. Publicó el artículo y lo dejó ahí, como si fuera a magia hacer que la gente lo encontrara.
Aquí va la verdad: un blog no sirve de nada si no lo promocionas. Tienes que compartirlo en LinkedIn, enviarlo por email, mencionarlo en tus reuniones. Pero, sobre todo, tiene que tener algo que nadie más tiene: tu voz. Si suenas como todos los demás, ¿por qué alguien debería leerte?
Cómo dejar de perder clientes (y empezar a ganarlos)
Así que ya sabes lo que NO hacer. Ahora vamos con lo que SÍ funciona. Primero, entiende que el marketing digital no es una fórmula mágica. Es una herramienta que, si usas bien, puede ayudarte a ganar clientes. Pero para eso tienes que ponerle trabajo.
Empieza por tener una web que realmente funcione. Que sea clara, sencilla y que le diga a la gente exactamente por qué deberían elegirte a ti. Luego, usa LinkedIn para mostrar tu expertise, no tu estilo de vida. Publica contenido que sea útil, interesante y que refleje quién eres.
Y, por último, no temas ser tú mismo. El marketing digital es como una conversación: si suenas falso, la gente lo nota. Pero si suenas auténtico, si muestras quién eres y qué puedes ofrecer, vas a atraer a los clientes que realmente importan.
Así que, asesores de Medellín, dejen de perder el tiempo con estrategias que no funcionan. Es hora de hacer las cosas bien. Porque, al final del día, el mejor marketing es el que te permite ser tú mismo.
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