El día que casi cierran el salón de Laura por culpa de su Instagram
Laura tenía un salón de eventos en Medellín. No era el más grande, pero tenía un encanto especial: techos altos, ventanales enormes y una terraza que daba a las montañas. ¿El problema? Nadie lo sabía.
Un día, después de meses de ver cómo su calendario se llenaba más de días vacíos que de eventos, decidió contratar a un “experto” en marketing digital. Entonces llegó Carlos, el autoproclamado gurú de las redes sociales.
“Hay que publicar todos los días”, dijo Carlos con una seguridad que hasta entonces solo había visto en vendedores de seguros. Y así, empezó a llenar el Instagram del salón con fotos de mesas decoradas, copas de champagne y, ¡oh sorpresa!, selfies de Carlos.
Las fotos eran… digamos… cuestionables. Una vez subió una foto de una mesa con flores, pero el ángulo era tan malo que las flores parecían salir de un florero del tamaño de un árbol. Y los pies de foto eran aún peores: “¡Ven a nuestra próxima fiesta!”… cuando no había ninguna fiesta programada.
Pasaron tres meses y las reservas no mejoraron. Lo que sí mejoró fue el número de seguidores en Instagram… pero eran bots. Laura estaba desesperada. “¿Qué estoy haciendo mal?”, me preguntó en un café. Y ahí empezó todo.
Por qué tu web parece un cementerio
El primer error de Laura (y de Carlos) fue pensar que Instagram lo era todo. Pero sí, lo admito, hay salones de eventos en Medellín que tienen webs que parecen diseñadas por el mismo diablo. Fotos borrosas, textos interminables y un botón de “Reserva ahora” que nunca funciona.
El otro día me encontré con un cliente, Juan, que tenía un salón espectacular en El Poblado. Pero su web… Dios mío. Parecía el álbum de fotos de la abuela: sin orden ni concierto. Había una foto de un evento de bodas seguida de un anuncio de descuentos en catering. Y el texto… “Somos los mejores”. ¡Qué original!
“Juan,” le dije, “tu web no está vendiendo. Está espantando.” Y es que una web no es un currículum vitae, es una vitrina. Tiene que mostrar lo bueno, sí, pero también tiene que invitar a la acción. ¿Qué acción? Que reserven, claro. Y eso nos lleva al siguiente punto.
El síndrome del Instagram fantasma
Volvamos a Laura y su Instagram desastroso. El problema no era solo que las fotos fueran malas (que lo eran), sino que no había una estrategia detrás. Publicar por publicar es como tirar dinero por la ventana.
La clave está en el contenido de valor. ¿Qué es contenido de valor? Pues, por ejemplo, tips para organizar eventos, testimonios de clientes satisfechos, fotos de eventos reales (¡no de mesas vacías!) y, sobre todo, un tono que conecte con tu audiencia.
Pero no, muchos salones en Medellín siguen publicando fotos de copas de champagne con el pie de foto: “¡Ven y celebra con nosotros!”. Y luego se preguntan por qué nadie les hace caso.
El dilema del “
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