El día que Pepito casi quiebra su restaurante
Pepito tenía un restaurante en Laureles. No era cualquier restaurante; tenía las mejores empanadas de la ciudad, un ambiente acogedor y hasta una terraza con vista al parque. Pero algo iba mal. Muy mal. Las mesas estaban vacías, los pedidos en línea eran una fantasía, y las redes sociales parecían un cementerio digital.
‘Es que la gente no sabe apreciar buena comida’, se quejaba Pepito, mientras revisaba su cuenta bancaria con cara de pánico. El problema era que Pepito pensaba que tener un buen producto era suficiente. Error garrafal. El mundo ha cambiado, querido Pepito, y si no estás en Instagram, TikTok o Google Maps, básicamente no existes.
Un día, desesperado, Pepito llamó a la Agencia de Marketing Digital Laureles. ‘Necesito ayuda’, dijo con voz temblorosa. Y ahí empezó la magia. Pero antes de contarte cómo lo salvaron, déjame decirte algo: Pepito no es el único. Medellín está llena de Pepitos.
Por qué Medellín está llena de Pepitos
Aquí va mi opinión polémica: Medellín es una ciudad vibrante, llena de emprendedores, pero muchos están cometiendo los mismos errores que Pepito. Crean un producto increíble, abren un local y luego se quedan esperando a que los clientes lleguen solos. Spoiler: no llegan.
‘Pero yo tengo un cartel en la puerta’, me dijo una vez un cliente. Claro, porque un cartel escrito a mano en papel bond es suficiente para competir en el siglo XXI. Otra perla: ‘Mis amigos siempre vienen, eso es suficiente’. ¿En serio? ¿Tu negocio depende de la buena voluntad de tus amigos? Eso no es un negocio, eso es un hobby.
Y no me hagas empezar con las páginas web. Por Dios, hay sitios que parecen diseñados en 1998. Fondos negros con letras amarillas, fotos pixeladas y un botón de ‘Contáctanos’ que no funciona. ¿Cómo esperas que alguien te tome en serio?
El milagro de la Agencia de Marketing Digital Laureles
Volvamos a Pepito. Cuando llegó a la agencia, le hicieron una pregunta sencilla: ‘¿Qué quieres lograr?’ ‘Que la gente venga’, respondió sin dudar. Ok, buen comienzo. Pero aquí está el truco: no se trata solo de que la gente venga, sino de que vuelva, que recomiende, que comparta, que se enamore de tu marca.
Primero, le hicieron un diagnóstico de su sitio web. ‘Tu web parece un cementerio’, le dijeron sin pelos en la lengua. Y era verdad. No había información clara, las fotos no mostraban el ambiente acogedor del lugar, y el proceso para hacer reservas era más complicado que hacer un doctorado.
Luego, arrancaron con las redes sociales. ‘No puedes publicar una foto de una empanada y ponerle
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