Madre mía, ¡qué desastre! Así es cómo las universidades de Medellín están matando su marketing digital

El otro día estaba en un café de El Poblado, disfrutando de un tinto bien cargado, cuando escuché una conversación que me hizo soltar la cuchara al plato. Dos tipos trajeados discutían sobre cómo aumentar las matrículas en su universidad. Uno decía: ‘Hay que hacer más eventos presenciales, la gente necesita vernos’. El otro respondía: ‘Pero mira las redes, están ahí para eso’. Cuando el primero dijo: ‘Las redes son para los jóvenes, nosotros somos serios’, casi me atraganto con el café.

¿En serio? ¿En pleno 2023 todavía hay gente que piensa que el marketing digital es solo para ‘jóvenes’ y que las universidades ‘serias’ no necesitan preocuparse por ello? ¡Madre mía! Pero no se quedó ahí. El segundo tipo, que parecía más ‘moderno’, propuso: ‘Hay que hacer más publicaciones en Facebook, que ahí está toda la gente’. Y ahí fue cuando decidí intervenir. Me levanté, me acerqué a su mesa y les dije: ‘Oigan, ¿saben que están hablando como si fuera 2010, no 2023?’.

Por qué tu web parece un cementerio

Les expliqué que si su sitio web era un lugar, sería ese viejo edificio abandonado del centro que todos evitan. ‘¿Por qué?’, preguntaron. ‘Porque es obsoleto, lento y aburrido’, les respondí. Les pregunté cuándo fue la última vez que actualizaron su web. Se miraron, incómodos. ‘Lo último que hicimos fue cambio de logo’, dijo uno. ‘En 2018’, agregó el otro. ¡Luego no se sorprendan si su web tiene menos tráfico que una calle de Bello a las 3 de la mañana!

El caso de Pepito: cómo una universidad pequeña se volvió viral

Les conté la historia de Pepito, un cliente mío que dirige una universidad pequeña en Medellín. Pepito llegó a mí desesperado. ‘Tenemos poca visibilidad y las redes no nos funcionan’, me dijo. Lo primero que hice fue auditarlo. ¡Y vaya auditoría! Su Instagram tenía fotos granuladas de los años 90, su Facebook parecía un álbum familiar de abuela y su web… bueno, ya saben cómo era.

Le dije: ‘Pepito, esto es como querer ganar un maratón corriendo en chanclas’. Así que trabajamos juntos. Creamos una estrategia de contenido que hablaba directamente a los jóvenes: historias reales de alumnos, testimonios, consejos útiles. ¡Y de pronto, boom! Un video de un estudiante contando cómo la universidad le cambió la vida se volvió viral. Pepito me llamó emocionado: ‘¡Estamos saturados de solicitudes!’.

El error garrafal: ignorar el poder del storytelling

Pero no todas las universidades aprenden tan rápido. Hay algunas que siguen publicando cosas como: ‘Bienvenidos al nuevo semestre’. ¡Obvio que son bienvenidos si ya pagaron la matrícula! ¿Qué tal si en vez de eso cuentan una historia de un alumno que superó sus miedos gracias a la universidad? O mejor aún, ¿qué tal si muestran cómo las instalaciones se transforman día a día para mejorar la experiencia estudiantil?

Les expliqué a los dos tipos del café que el storytelling no es solo contar historias, es hacer sentir algo. ‘La gente no compra productos, compra emociones’, les dije. Uno de ellos me miró como si estuviera hablando en chino. ‘Pero eso es más complicado’, respondió. ‘¿Complicado? ¡Oiga! Lo complicado es tratar de vender algo que nadie quiere comprar porque no le importa’, le dije.

Los infames anuncios de Facebook: el desperdicio de dinero

Luego les hablé de los anuncios. ‘¿Creen que por poner un anuncio en Facebook ya están haciendo marketing digital?’, les pregunté. Uno asintió como si fuera la verdad absoluta. ‘No. No. Y no’, les dije. Les expliqué que hacer un anuncio sin segmentación es como tirar dinero por la ventana. ‘¿Quieren llegar a jóvenes entre 18 y 25 años? Pues no le muestren el anuncio a alguien de 50 que vive en Envigado y busca recetas de cocina’.

Les conté cómo otra universidad gastó millones en anuncios que solo mostraban fotos aburridas de profesores en salas de reuniones. ‘¿Y qué pasó?’, preguntaron. ‘Nada. Absolutamente nada’, les dije. ‘Porque nadie se emociona viendo a un profesor en traje sentado en una silla’.

El futuro del marketing digital para universidades en Medellín

Para terminar, les hice una pregunta: ‘¿Quieren seguir siendo esas universidades viejas que nadie recuerda o quieren ser las que cambian vidas?’. Los dos se quedaron pensativos. Les dije que el marketing digital no es un gasto, es una inversión. ‘Si lo hacen bien, pueden transformar su universidad en un lugar donde la gente quiera estar, no donde tenga que estar’.

Así que si diriges una universidad en Medellín y estás leyendo esto, espero que te sirva de llamado de atención. El marketing digital no es una moda, es el presente y el futuro. Y si no lo haces bien, prepárate para quedarte atrás mientras otros avanzan. La pregunta es: ¿qué vas a hacer al respecto?

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