La noche que un chef casi incendió su negocio
Hace unos meses, estaba en un bar en El Poblado, Medellín, tomándome un cóctel con un amigo chef, al que llamaremos ‘Juan’. Juan tenía un problema: sus cursos de cocina no llenaban. Y él, en su desesperación, había decidido tirar la casa por la ventana. Literalmente. Me explicó que había contratado a un ‘gurú’ del marketing digital que le prometió llenar sus clases en una semana.
El plan era simple: bombardear Facebook con anuncios. Pero no cualquier anuncio. Eran anuncios que parecían sacados de una película de terror: imágenes de ollas quemadas, textos en mayúsculas (‘¡APRENDE A COCINAR O MUERE TRYING!’) y un call-to-action que gritaba ‘¡CLIC AQUÍ O ARREPIÉNTETE!’. El resultado: cero inscripciones y un par de comentarios furiosos de gente quejándose de que los habían asustado.
Juan estaba destrozado. ‘Pero seguí todas las reglas’, me dijo, mientras tomaba un trago largo de su mojito. ‘¿Qué más quería la gente?’. Le expliqué que no se trataba de seguir reglas, sino de entender a su público. Y ahí empezó mi diatriba sobre cómo el marketing digital para cursos de cocina en Medellín está siendo ejecutado de manera tan torpe que da miedo.
Por qué tu web parece un cementerio
Uno de los errores más grandes que veo en Medellín es el diseño de las webs de cursos de cocina. Parecen diseñadas por alguien que odia la vida. Páginas llenas de texto gris, imágenes borrosas de platos que parecen sacados de un hospital, y un menú tan confuso que necesitas un mapa para encontrar cómo inscribirte.
El otro día, un cliente me mostró su web orgulloso. ‘Mira, aquí está toda la información’, dijo. Y sí, toda la información estaba ahí. Pero estaba sepultada bajo capas de párrafos interminables y botones que no funcionaban. ‘¿Por qué no usas un diseño más limpio?’, le pregunté. ‘Porque quiero que la gente sepa que somos profesionales’, respondió. Pero, amigo, si tu web parece un documento de Word de los años 90, no estás transmitiendo profesionalismo. Estás transmitiendo aburrimiento.
La tragedia de los anuncios que dan miedo
Volviendo al caso de Juan. Los anuncios que dan miedo son una epidemia en Medellín. No sé quién empezó con esta moda, pero debería ser arrestado. Imagina esto: estás scrollando Instagram, disfrutando de fotos de gatitos y paisajes, y de repente aparece un anuncio de un curso de cocina con una foto de un pollo quemado y un texto que dice: ‘¿Quieres evitar que tu comida se vea así?’. ¿Seriamente?
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero si funciona con las películas de terror’. Sí, funcionan con las películas de terror, pero tus cursos de cocina no son ‘El Exorcista’. La gente no quiere sentir miedo cuando piensa en aprender a cocinar. Quieren sentir inspiración, entusiasmo, curiosidad. Así que deja de asustarlos y empieza a motivarlos.
El algoritmo de Instagram no es tu enemigo
Aquí viene otro error común: culpar al algoritmo de Instagram por todo. ‘Mis posts no tienen alcance porque el algoritmo me odia’, me dijo otro cliente. Bueno, quizás el algoritmo no te odia, pero tu contenido sí es aburrido. Si estás publicando fotos borrosas de tus platos con un pie de foto que dice ‘Curso de cocina’, no esperes que el algoritmo te haga favores.
El otro día, vi un post increíble de un curso de cocina en Medellín. Era un video corto de un chef preparando un plato mientras contaba una historia divertida sobre cómo aprendió esa receta de su abuela. El pie de foto decía: ‘¿Quieres aprender a hacer este plato que robó el corazón de mi abuela?’. El post tuvo cientos de likes y comentarios. ¿Por qué? Porque era auténtico, entretenido, y hacía que la gente quisiera saber más. Así de simple.
Conclusión: deja de matar tus cursos de cocina
Si quieres que tus cursos de cocina en Medellín tengan éxito, deja de cometer estos errores mortales. No mates tu negocio con anuncios que dan miedo, webs que parecen cementerios, y contenido aburrido. En lugar de eso, enfócate en crear una experiencia que inspire a tu público. Cuenta historias. Sé auténtico. Y recuerda, el marketing digital no se trata de seguir reglas. Se trata de entender a tu gente.
Y si todo lo demás falla, llama a un experto. Pero asegúrate de que no sea el mismo que convenció a Juan de que los anuncios de terror eran una buena idea.
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