La historia del intérprete invisible
Hace un par de semanas, estaba en un café en El Poblado, disfrutando de un tinto bien cargado, cuando escuché una conversación que me hizo soltar el café de risa (y un poco de pena ajena).
—Oiga, Juan, ¿por qué no te contratan para eventos grandes? —le preguntó un amigo al otro lado de la mesa.
—No sé, hermano. Debería hacerlo. Soy buenísimo —respondió Juan, un intérprete con más de 10 años de experiencia pero con el marketing digital de un estudiante de secundaria.
—¿Y cómo te encuentran? —insistió el amigo.
—Ah, yo tengo mi página web. Es bien profesional —dijo Juan, con orgullo digno de un trofeo de participación.
Curiosidad me pudo. Me metí a ver su página web desde mi teléfono mientras ellos seguían hablando. Y, hermano, lo que vi fue digno de un episodio de ‘Black Mirror’. La página parecía un cementerio digital: fotos pixeladas, textos escritos con WordArt, un botón de ‘Comprar ahora’ que llevaba a un error 404 y cero pruebas sociales. Ni una sola foto de Juan en acción.
—¿Y cómo te buscan? —le pregunté, sin poder contenerme.
—Ah, yo les paso mi tarjeta de presentación —respondió Juan, como si fueran los años 90.
Ahí me di cuenta: los intérpretes en Medellín están cometiendo errores garrafales en su marketing digital. Y si tú estás leyendo esto, probablemente tú también.
Por qué tu web parece un cementerio
Oye, Juan no es el único. La mayoría de los intérpretes en Medellín tienen páginas web que parecen diseñadas por alguien que odia el diseño. Fotos genéricas de personas sonriendo (que ni siquiera son ellos), textos escritos en tercera persona que nadie lee y cero estrategia de márketing.
—Es que yo no soy diseñador —me dijiste el otro día.
—¿Y qué? —te respondí—. Tampoco eres chef, pero sabes que no puedes servirle a tus clientes un plato quemado.
Si tu página web no atrae clientes, está quemada. Punto. No importa si eres el mejor intérprete del mundo. Si tu web parece un cementerio, estás enterrando tu negocio.
El caso de Pepito: De ser invisible a tener lista de espera
Te voy a contar una historia real. Pepito es un intérprete que trabaja en Medellín. Buenísimo en lo suyo, pero invisible en línea. Hasta que un día me dijo: —¿Qué puedo hacer para destacar?
—Primero, déjame ver tu web —le respondí.
Lo que vi fue digno de un museo de marketing digital antiguo: fotos borrosas, textos largos que nadie lee y cero personalidad. Le dije: —Pepito, tu web es como tú en una fiesta: aburrida.
—¿Qué hago? —me preguntó, desesperado.
—Cuenta tu historia. Muéstrate. Sé tú mismo —le dije.
Así que Pepito se puso en marcha. Subió fotos reales, videos de él trabajando en eventos, testimonios de clientes felices y hasta un blog donde cuenta anécdotas de su trabajo. En menos de seis meses, tenía lista de espera.
El error garrafal de las redes sociales
Ahora vamos a hablar de redes sociales. O mejor dicho, vamos a hablar de cómo las están usando mal.
—Yo tengo mi Instagram —me dijo otro cliente el otro día.
—¿Y qué publicas? —le pregunté.
—Ah, fotos de mi perro y memes —respondió, como si fuera lo más normal del mundo.
O sea, ¿me estás diciendo que tu estrategia de marketing es que la gente vea fotos de tu perro mientras tú les traduces un discurso sobre inteligencia artificial? ¿En serio?
Las redes sociales no son tu álbum familiar. Son tu escaparate profesional. Si no las usas para mostrar tu trabajo, estás perdiendo el tiempo.
El secreto del storytelling
Aquí está el secreto: el marketing digital no es vender, es contar historias. Y tú tienes una historia que contar.
—Pero yo no soy escritor —me dijiste el otro día.
—Pero eres intérprete —te respondí—. Y si puedes interpretar un discurso complejo en dos idiomas, puedes escribir una historia sencilla en uno solo.
Cuenta tus anécdotas. Muestra tus logros. Haz que la gente sienta que te conoce. Así es como ganas clientes, no con una página web llena de fotos genéricas y textos aburridos.
Conclusión: Deja de ser Juan
Si estás leyendo esto y te ves reflejado en Juan, es hora de cambiar. Deja de ser el intérprete invisible. Cuenta tu historia, muestra tu trabajo y haz que tu marketing digital trabaje para ti.
Porque si no lo haces, alguien más lo hará. Y mientras tú estás en un café, lamentándote de que no te contratan, otros están cerrando contratos desde sus teléfonos.
Así que, ¿qué vas a hacer?
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