La historia del paseador que casi pierde a su cliente por culpa de una foto de Instagram
Érase una vez un paseador de perros en Medellín llamado Juan. Juan era un tipo simpático, un crack con los perros (los animales lo adoraban) y tenía una agenda que, bueno, digamos que estaba más vacía que la despensa de un estudiante universitario. Un día, decidió que era hora de entrar en el siglo XXI y crear un Instagram para su negocio. Parecía fácil: fotos de perros felices, algún que otro vídeo, y listo. Pero Juan cometió el error número uno de cualquier principiante en marketing digital: pensar que cualquier foto vale.
Resulta que Juan subió una foto de un perro que estaba paseando, pero el pobre animal tenía cara de estar más perdido que un turista en el Poblado sin Google Maps. La foto estaba borrosa, el encuadre era inexistente, y el fondo era un montón de basura amontonada en una esquina. Para colmo, el pie de foto decía: ‘Aquí paseando a Firulais’. Firulais no era el nombre del perro, pero eso es otra historia.
Al día siguiente, Juan recibió un mensaje de uno de sus pocos clientes fieles: ‘Juan, me encanta tu trabajo, pero esa foto… ¿en serio? Mi vecino me dijo que parece que estás secuestrando perros’. Juan, claro, se echó a reír, pero luego se dio cuenta de que esa foto le había costado un cliente potencial. Y ahí comenzó su viaje hacia el mundo del marketing digital.
Por qué tu web parece un cementerio
Aquí viene mi opinión polémica: la mayoría de los paseadores de perros en Medellín tienen webs que parecen diseñadas en 1995 por un adolescente que acababa de descubrir el HTML. Fondos blancos deslumbrantes, textos larguísimos que nadie lee, y fotos que parecen sacadas de un álbum familiar de los años 80. ¿Qué mensaje crees que estás mandando? ¿Qué eres un profesional serio y confiable? Ja. Lo único que estás diciendo es: ‘Mejor contrata a otro’.
El caso de ‘Pepito’ es otro clásico. Pepito es un paseador de perros en Laureles que decidió invertir en una web. El problema es que contrató a un primo que ‘sabe de computadores’. La web de Pepito tenía un fondo negro con letras rojas que decían ‘PASEADOR DE PERROS PROFESIONAL’. ¿Profesional? Parecía más bien una página de terror. Cuando le dije que eso no funcionaba, me contestó: ‘Pero es que así se ve más elegante’. No, Pepito, no. Lo único elegante ahí era el nivel de espanto que le dabas a tus clientes potenciales.
El Facebook que nadie quiere ver
Otra cosa que me saca de quicio son las páginas de Facebook mal gestionadas. No hay nada más triste que entrar en la página de un paseador de perros y ver que la última publicación es de hace tres meses. O peor aún, ver publicaciones que no tienen nada que ver con el negocio. El otro día encontré una página de un paseador en Envigado que tenía una foto de un almuerzo casero con el pie de foto: ‘Hoy comí esto’. ¿Qué tiene eso que ver con pasear perros? Absolutamente nada.
Peor aún, están los que abusan de los hashtags. Te encuentras con publicaciones como: ‘#paseodeperros #Medellín #perrosfelices #comidayperros #pasearperrosenMedellín #serviciosdecalidad #perros #petlovers #perrosdivertidos’. ¿En serio? ¿Crees que alguien va a encontrar tu negocio así? Spoiler: no.
El Whatsapp que nadie responde
Esto es otro clásico de Medellín. Te encuentras un paseador de perros en Instagram o Facebook, ves que parece serio, y decides contactarlo por Whatsapp. El problema es que nunca responden. O peor aún, responden dos días después con un ‘Hola, ¿cómo estás?’. Para entonces, ya has contratado a otro.
El otro día hablé con una cliente que estaba buscando un paseador para su golden retriever. Me contó que contactó a tres paseadores diferentes y solo uno le respondió en menos de 24 horas. Adivina cuál contrató. Exacto, el que respondió rápido. Moraleja: si tienes un negocio, responde rápido. No hay excusa.
El poder de las reseñas falsas
Aquí viene otra opinión polémica: las reseñas falsas están arruinando el negocio de los paseadores de perros en Medellín. No sé si es que la gente no sabe hacer marketing o simplemente no les importa, pero encuentras perfiles llenos de reseñas que obviamente son falsas. ‘Excelente servicio, lo recomiendo 100%’- dice María, que tiene una foto de perfil de un gatito genérico y no ha hecho ninguna otra reseña en su vida. ¿Quién se cree eso?
El caso de ‘Carlos’ es otro ejemplo. Carlos tenía un perfil en Facebook con más de 20 reseñas de 5 estrellas. El problema es que todas las reseñas eran de cuentas que se habían creado el mismo día y solo habían escrito esa reseña. ¿Qué mensaje crees que estás mandando? ¿Que eres un profesional serio? No. Lo único que estás diciendo es: ‘No tengo confianza en mi propio servicio, así que prefiero inventar reseñas’.
Conclusión: deja de hacerlo mal
Si eres paseador de perros en Medellín y estás leyendo esto, es hora de dejar de hacer las cosas mal. No necesitas ser un genio del marketing digital, pero sí necesitas tomar en serio tu presencia en línea. Haz fotos decentes, responde rápido, no abuses de los hashtags, y sobre todo, sé auténtico. Tu negocio depende de ello.
Y si no sabes por dónde empezar, aquí tienes un consejo final: piensa en lo que tú buscarías si fueras el cliente. ¿Querrías ver fotos borrosas? ¿Querrías esperar días por una respuesta? ¿Querrías leer reseñas falsas? Probablemente no. Así que deja de hacerlo mal y empieza a hacerlo bien. Tus clientes te lo agradecerán, y tu agenda también. Fin.
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