Hace un par de semanas, estaba tomándome un tinto en un café del Poblado, intentando desconectar de todo el ruido digital que había dejado atrás en mi oficina. Ya sabes, ese momento en el que te sientas solo, miras el tráfico de Medellín y piensas: ‘¿Cómo es posible que esta ciudad tenga tanto caos y tanta belleza al mismo tiempo?’. Fue entonces cuando escuché una conversación que me hizo despertar de mi ensueño.
Dos tipos estaban hablando de su negocio. Uno de ellos, con cara de preocupación, le decía al otro: ‘Hermano, llevamos meses invirtiendo en redes sociales, pero nadie se inscribe en nuestro curso de programación. No sé qué hacer.’ El otro, con esa confianza típica del que cree que lo sabe todo, le respondió: ‘Es que la gente no quiere aprender programación. Estás peleando contra una pared.’
Yo, que soy incapaz de quedarme callado cuando escucho algo tan absurdo, me giré y les dije: ‘Perdón que me meta, pero el problema no es que la gente no quiera aprender. El problema es que ustedes están haciendo todo mal.’ Y así, entre cafés y miradas de sorpresa, empezó una conversación que me inspiró a escribir esto.
Por qué tu web parece un cementerio
El primer error que vi en estos tipos (y que veo en el 90% de los cursos de programación en Medellín) es que sus webs son más aburridas que un partido de fútbol 0-0. Entras, y parece que estás en un funeral. Colores grises, textos interminables llenos de jerga técnica, y un botón de ‘Regístrate’ que parece esconderse como si fuera un juego de escondite.
¿En serio? ¿Cómo esperas que alguien se emocione por aprender Python si tu web parece hecha en los años 90? El otro día un cliente me dijo: ‘Pero Isra, es que soy programador, no diseñador.’ Y yo le contesté: ‘¿Y qué? Tienes dos opciones: aprendes a hacer una web que enamore, o contratas a alguien que lo haga por ti.’ Porque, hermano, si tu web no genera emociones, estás muerto.
El síndrome del ‘Demasiado Técnico’
Este es el error más común en los cursos de programación. Quienes los crean piensan que tienen que demostrar lo inteligentes que son, y terminan escribiendo textos que solo otro programador entendería. ¿Qué pasa? Que asustan a los principiantes.
El otro día vi el landing page de un curso de Medellín que decía: ‘Aprende a dominar el paradigma de programación orientada a objetos y desarrolla aplicaciones robustas con enfoque en la escalabilidad.’ ¡Por Dios! ¿Quién va a leer eso y pensar: ‘Wow, esto es para mí’? Nadie, eso es. En cambio, deberían decir algo como: ‘Aprende a crear tu primera app desde cero, incluso si nunca has tocado una línea de código.’ Así se vende.
Por qué tus redes sociales son invisibles
Otro gran error: creer que publicar en redes sociales es suficiente. ‘Hermano, tengo Instagram y Facebook, y subo fotos de vez en cuando.’ ¿Y? ¿Qué estás publicando? Fotos de tu clase vacía con un título que dice: ‘Únete a nuestro curso.’ Eso no es marketing digital, eso es perder el tiempo.
Recuerdo el caso de ‘Pepito’, un chico que tenía un curso de desarrollo web en Medellín. Me dijo: ‘Llevo seis meses publicando en Instagram, pero no pasa nada.’ Le pedí que me mostrara su perfil, y ¿adivina qué? Solo publicaba capturas de pantalla de código. ¡Aburridísimo! Le dije: ‘Pepito, la gente no quiere ver código, quiere ver historias. Cuéntales cómo comenzaste tú, muéstrales cómo tu curso puede cambiarles la vida, usa videos, memes, lo que sea, pero hazlo interesante.’ Y ¿sabes qué? En tres meses, sus inscripciones se triplicaron.
El error mortal: no saber contar historias
Aquí está el gran problema: nadie está contando historias. Y sin historias, no hay conexión. No hay emociones. No hay ventas.
El otro día un cliente me dijo: ‘Pero Isra, es que mi curso es serio, no es para contar historias.’ Y yo le respondí: ‘Mira, hasta las universidades más prestigiosas del mundo usan el storytelling. ¿Por qué? Porque las historias son la forma más antigua de enseñar y persuadir. Si no cuentas una historia, estás perdiendo el tiempo.’
Por ejemplo, en lugar de decir: ‘Aprende Java con nosotros.’ Cuenta algo como: ‘Hace cinco años, estaba trabajando en un call center, ganando el mínimo. Un día decidí aprender Java, y hoy soy desarrollador senior en una de las mejores empresas de Medellín. ¿Quieres saber cómo lo hice? Así funciona.’
El futuro de los cursos de programación en Medellín
Medellín es una ciudad llena de talento y oportunidades, pero muchos se están quedando atrás por no entender cómo funciona el marketing digital. Si tienes un curso de programación, es hora de dejar de hacer las cosas como siempre y empezar a innovar.
No te conformes con una web aburrida, con textos técnicos imposibles de entender, o con redes sociales que no conectan. Aprende a contar historias, a emocionar, a vender. Porque, al final del día, no estás vendiendo un curso, estás vendiendo un sueño. Y si no lo haces bien, alguien más lo hará por ti.
Así que, la próxima vez que estés tomándote un tinto en el Poblado, piensa: ‘¿Estoy haciendo lo suficiente para que mi curso de programación sea el próximo éxito en Medellín?’ Y si la respuesta es no, ya sabes por dónde empezar.
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