El día que Carlos aprendió que vender fotos no es lo mismo que vender cursos
Carlos era un fotógrafo talentoso. De esos que hacen que hasta una foto de un árbol en un parque de Medellín parezca una obra de arte. Pero había un problema: Carlos no sabía vender. Y menos vender cursos de fotografía.
Un día, decidió que iba a lanzar su propio curso. ‘Cómo capturar la esencia de Medellín en tus fotos’ lo llamó. Sonaba bien, ¿no? El problema fue que Carlos pensó que con subir un par de fotos bonitas a Instagram y escribir ‘¡Inscríbanse ya!’ iba a ser suficiente. Spoiler: no lo fue.
Pasaron semanas y el curso tenía cero inscritos. Cero. Ni su mamá se había apuntado. Carlos estaba frustrado. ‘¿Por qué nadie quiere aprender de mí?’, se preguntaba, mientras contemplaba su reflejo en la ventana de su apartamento en El Poblado.
Fue entonces cuando me llamó. ‘Necesito ayuda’, dijo, con esa voz de desespero que solo tiene alguien que acaba de descubrir que el marketing digital no es solo poner fotos bonitas en redes sociales.
Y ahí comenzó todo.
Por qué tu web parece un cementerio
‘Tu web es un desastre’, le dije a Carlos sin rodeos. ‘Parece un cementerio de botones y textos largos que nadie lee’.
Carlos se quedó mirándome como si le hubiera dicho que sus fotos eran malas. ‘¿Pero no es suficiente con tener información sobre el curso?’, preguntó, confundido.
‘No, Carlos. No es suficiente’, le respondí. ‘La gente no quiere leer un ensayo sobre tu curso. Quieren saber qué ganan ellos al tomarlo. Quieren ver testimonios, resultados, fotos antes y después. Quieren sentir que están invirtiendo en algo que les va a cambiar la vida.’
Carlos me miró como si acabara de revelarle el secreto del universo. ‘Entonces, ¿qué hago?’, preguntó.
El arte de generar FOMO (Fear Of Missing Out)
‘Primero, necesitas crear FOMO’, le dije. ‘Fear Of Missing Out. Miedo a perderse algo.’
‘¿Cómo?’, preguntó Carlos, aún más confundido.
‘Facilito. Pon una oferta limitada. Dí que solo tienes 10 cupos para el curso. O que si se inscriben antes de tal fecha, les das un descuento. La gente odia perderse algo bueno. Y si ven que otros ya se están inscribiendo, ellos también querrán hacerlo.’
Carlos asintió, pero aún parecía escéptico. ‘¿Y eso funciona?’, preguntó.
‘Claro que funciona. El otro día un cliente me dijo que hizo eso y se le llenó el curso en dos días. Dos días, Carlos. Imagínate.’
Por qué tu Instagram no está funcionando
‘Tu Instagram está lleno de fotos bonitas, pero no estás vendiendo’, le dije. ‘Necesitas contar historias.’
‘¿Historias?’, preguntó Carlos, como si le hubiera pedido que escribiera una novela.
‘Sí, historias. La gente no compra cursos, compra resultados. Muéstrales qué pueden lograr si toman tu curso. Pon antes y después. Cuenta cómo tú mismo aprendiste a tomar fotos increíbles. La gente quiere identificarse contigo.’
‘Pero yo no soy bueno contando historias’, dijo Carlos, inseguro.
‘Entonces aprenderás’, le dije, sin darle opción. ‘Porque si no, seguirás teniendo cero inscritos.’
La importancia de saber quién es tu público
‘Carlos, ¿sabes quién es tu público?’, le pregunté.
‘Pues, gente que quiere aprender fotografía’, respondió, como si fuera obvio.
‘Eso es demasiado general. Necesitas saber más. ¿Son jóvenes? ¿Adultos? ¿Gente que quiere dedicarse a la fotografía profesionalmente o solo como hobby? ¿Viven en Medellín o en otras partes del país?’
‘No lo sé’, admitió Carlos.
‘Ahí está el problema’, le dije. ‘Si no sabes quién es tu público, no sabes cómo hablarle. Y si no sabes cómo hablarle, no vas a poder venderle.’
El caso de Pepito: cómo no hacer las cosas
‘Te voy a contar el caso de Pepito’, le dije a Carlos. ‘Pepito también daba cursos de fotografía. Y cometió todos los errores posibles.’
‘¿Qué hizo?’, preguntó Carlos, intrigado.
‘Primero, puso su curso en una página que tardaba 10 minutos en cargar. Segundo, no tenía claro quién era su público. Y tercero, intentaba venderle el curso a cualquiera que se cruzara en su camino.’
‘¿Y qué pasó?’, preguntó Carlos.
‘Que nadie se inscribió. Porque la gente no quiere sentirse como un número más. Quieren sentirse especiales. Quieren sentir que el curso fue hecho específicamente para ellos.’
Carlos se quedó pensando. ‘Entonces, ¿qué hago?’
Cómo hacer que tu curso sea irresistible
‘Primero, define tu nicho’, le dije. ‘Segundo, haz que tu página sea rápida y fácil de navegar. Tercero, usa testimonios y resultados para generar confianza. Y cuarto, cuenta historias que conecten emocionalmente con tu público.’
Carlos asintió, pero aún parecía abrumado. ‘¿Y eso es todo?’, preguntó.
‘No, pero es un buen comienzo’, le dije. ‘Lo importante es que empieces a pensar en el marketing como algo más que solo poner fotos bonitas en redes sociales. El marketing es sobre crear conexiones, generar emociones y, al final, vender.’
El resultado: Carlos ya no tiene cero inscritos
Carlos siguió mis consejos. Rediseñó su página, empezó a contar historias en Instagram y definió su nicho. Y, lo más importante, empezó a generar FOMO.
El resultado? En dos semanas, ya tenía el curso lleno. ‘No lo puedo creer’, me dijo, emocionado. ‘Funcionó.’
‘Claro que funcionó’, le dije. ‘Porque el marketing digital, cuando se hace bien, funciona. Y tú lo hiciste bien.’
Conclusión: el marketing digital no es opcional
Si estás dando cursos de fotografía en Medellín y no estás usando el marketing digital, estás dejando pasar una gran oportunidad. No seas como Carlos al principio, pensando que con unas fotos bonitas es suficiente. Necesitas estrategia, necesita contar historias, necesita generar FOMO. Y, sobre todo, necesita entender a tu público.
Porque al final, no se trata solo de vender cursos. Se trata de cambiar vidas. Y eso, amigos míos, es lo que hace que el marketing digital sea tan importante.
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