El día que Dr. Juan casi pierde un paciente por no estar en Google
El otro día, sentado en un café de El Poblado, escuché una conversación que me hizo agarrar la cabeza. Una señora de unos 60 años le contaba a su amiga: ‘Yo necesitaba un cardiólogo urgente, pero ni en Google ni en Facebook encontré uno que me inspirara confianza. Terminé yendo al primero que me recomendó mi vecina, pero me sentí como si estuviera jugando a la ruleta rusa.’
Su amiga le respondió con un ‘Ay, mija, lo mismo me pasó a mí’. Y ahí seguían, comparando cómo algunos cardiólogos en Medellín tienen webs tan viejas que parece que las diseñaron en los 90, o perfiles de Facebook que no actualizan desde que estaban de moda los Tamagotchis.
Yo, mientras tanto, me preguntaba: ¿Cómo es posible que estos profesionales, que salvan vidas todos los días, no puedan salvar su propia presencia digital? ¿Por qué un cardiólogo que está al tanto de los últimos avances médicos parece vivir en la Edad de Piedra cuando se trata de marketing digital?
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Por qué tu web da más miedo que un infarto
Vamos al grano. La mayoría de las webs de cardiólogos en Medellín son un desastre. Fotos borrosas, textos que parecen escritos por un bot, y botones de ‘Contacto’ que ni siquiera funcionan. ¿Sabes qué piensa un paciente cuando ve eso? ‘Si no pueden arreglar su propia web, ¿cómo van a arreglar mi corazón?’
Un día le dije a un cardiólogo: ‘Mira, tu web parece un cementerio. Nadie quiere entrar ahí.’ Él se rio, pero cuando le enseñé las estadísticas de su sitio (0 visitas en el último mes), dejó de reírse. Le propuse una solución rápida: fotos profesionales, textos claros, y un botón de WhatsApp que funcione las 24 horas. En menos de un mes, su agenda estaba llena.
Los anuncios que nadie ve (y nadie hace clic)
Ahora hablemos de los anuncios. El otro día, un cardiólogo me dijo: ‘Yo puse un anuncio en Facebook, pero no me funcionó.’ Le pregunté qué había hecho, y me dijo: ‘Puse una foto mía con mi bata blanca y escribí: