El día que Juan decidió vender litografías y casi quiebra
Hace unos meses, en un café de El Poblado, me encontré con Juan. Un tipo simpático, con una camisa llena de pintura y un aire de artista frustrado. Me contó que había decidido dejar su trabajo de contador para dedicarse de lleno a su pasión: las litografías. ‘Las hago en mi casa’, me dijo, orgulloso, mientras me mostraba fotos en su celular. Eran obras coloridas, llenas de detalles, y algunas hasta me recordaban a Botero. Pero había un problema: no las vendía.
Juan tenía un Instagram con 200 seguidores, casi todos primos y amigos del colegio. Publicaba fotos de sus obras con descripciones como ‘Litografía disponible. Precio: $150.000. DM para más info’. Y ahí estaba el error. Juan no estaba vendiendo litografías; estaba vendiendo aburrimiento. ‘¿Por qué crees que no funciona?’, le pregunté. ‘No sé’, respondió, ‘tal vez la gente no valora el arte’. Yo casi me atraganto con el café. ‘No, Juan. Es porque no sabes contar una historia’.
Por qué tu web parece un cementerio
El primer error de Juan (y de casi todos los artistas en Medellín) es pensar que una página web es solo un catálogo de obras. ‘Aquí subo mis litografías y listo’, me dijo una vez otro cliente. ¡ERROR! Tu web no es un cementerio donde las obras van a morir. Es el escenario donde cuentas quién eres, por qué haces lo que haces y por qué a alguien le debería importar.
Piensa en esto: ¿comprarías una litografía solo porque te gusta cómo se ve? Probablemente no. Pero, ¿comprarías una si supieras que fue creada después de un viaje inspirador a Guatapé, donde el artista se enamoró de los colores del paisaje? ¡Claro que sí! La gente no compra productos; compra historias. Y si tu web no tiene una, estás perdido.
Instagram no es un álbum de fotos
Volvamos a Juan. Su Instagram era un desastre. Publicaba una foto de una litografía cada tres días, sin ningún tipo de contexto. ‘Litografía en tonos azules. Disponible’, decía una publicación. Y cuando alguien le preguntaba el precio, respondía: ‘$150.000’. Fin de la conversación. Así no se vende, amigo.
¿Qué debería hacer Juan? Primero, contar la historia detrás de cada obra. ‘Esta litografía nació después de una noche de lluvia en Medellín. Mientras escuchaba a Silvestre Dangond, me inspiré en los colores de la ciudad’. Segundo, usar videos. Un timelapse del proceso creativo, por ejemplo. Tercero, interactuar. Responder preguntas, hacer encuestas, compartir historias de clientes satisfechos. Instagram es una red social, no un álbum de fotos. Úsala como tal.
‘Pero yo no sé hacer marketing’
El otro día, otro cliente me dijo: ‘Yo soy artista, no marketero’. Y yo le contesté: ‘Pues aprende, porque si no, te vas a quedar sin comer’. Lo sé, suena duro, pero es la realidad. En el mundo digital, no basta con ser bueno en lo que haces. Tienes que saber venderlo.
No estoy diciendo que te conviertas en un experto en SEO o que gastes miles de pesos en anuncios. Solo necesitas entender lo básico: cómo contar una historia, cómo usar las redes sociales y cómo conectar con tu audiencia. Si no lo haces, estás regalando tu trabajo.
El caso de Pepito: el vendedor de litografías más odiado de Medellín
Te voy a contar una historia. Pepito es un tipo que vende litografías en Medellín. Tiene un catálogo enorme, precios bajos y una estrategia de marketing agresiva. ¿El problema? Es odiado por todos. Publica memes malos, comenta en publicaciones ajenas con frases como ‘¿Quieres una litografía? Yo las vendo’, y hasta manda mensajes directos a desconocidos ofreciendo sus obras. Resultado: todos lo bloquean.
Pepito cometió el peor error del marketing digital: pensar que más es mejor. No, Pepito. Más no es mejor. Mejor es mejor. Es mejor tener 100 seguidores que realmente estén interesados en tu trabajo que 10.000 que te ignoren. Es mejor publicar una vez por semana con contenido de calidad que publicar todos los días con tonterías. Y es mejor construir relaciones reales con tus clientes que spamear a todo el mundo.
Cómo hacer que tu marketing digital funcione (sin morir en el intento)
Si quieres vender litografías en Medellín, aquí tienes algunos consejos prácticos:
1. Cuenta una historia: Cada obra tiene un por qué. Háblalo. ‘Esta litografía fue inspirada por el ruido de los buses en el centro de Medellín’. ‘Esta otra la hice después de ver un atardecer en Laureles’. La gente se conecta con las emociones, no con los objetos.
2. Usa videos: Un timelapse de tu proceso creativo, un recorrido por tu taller, una entrevista contando tu inspiración. Los videos generan más engagement que las fotos.
3. Interactúa: Responde a los comentarios, haz encuestas, comparte historias de clientes satisfechos. La gente quiere sentirse parte de algo.
4. No spamees: Nadie quiere recibir un mensaje directo de ‘¿Quieres comprar una litografía?’. Construye relaciones primero, luego vende.
El momento en que Juan lo entendió
Después de nuestra conversación en el café, Juan decidió cambiar su estrategia. Empezó a contar la historia detrás de cada obra, a usar videos y a interactuar con sus seguidores. En menos de un mes, vendió tres litografías. ‘No puedo creerlo’, me dijo. ‘La gente realmente se interesa por mi trabajo’. Claro que sí, Juan. Porque ahora no solo estás vendiendo litografías; estás vendiendo emociones.
Así que, si eres artista en Medellín y quieres vender tus litografías, deja de pensar en números y empieza a pensar en historias. El marketing digital no es una ciencia exacta; es un arte. Y tú, como artista, deberías ser el mejor en eso.
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