El día que Pepito mandó un email que horrorizó a medio mundo
Había una vez un emprendedor llamado Pepito (sí, así de genérico era su nombre) que decidió que era hora de exportar sus productos de café artesanal a Estados Unidos. Pepito era de Medellín, y como buen paisano, tenía ese espíritu luchador que lo llevó a pensar: ‘Si monté este negocio desde cero, ¿por qué no conquistar el mercado internacional?’. El problema es que Pepito desconocía una regla básica del marketing: el email frío no es un grito al vacío.
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Así que, una tarde, después de tomarse un tinto bien cargado, se sentó frente a su computador y decidió escribir el peor email de exportación que haya existido. Comenzó con un ‘Hola señor’ seguido de un párrafo eterno sobre cómo su café era el mejor del mundo (sin pruebas, claro). Luego, incluyó un listado de más de 15 países a los que quería exportar (vaya estrategia de enfoque). Para rematar, adjuntó un PDF de 10 MB con fotos de baja resolución y sin dejar claro qué quería lograr con el correo.
El resultado fue, obviamente, catastrófico. De los 200 emails que envió, 198 terminaron en spam, y los dos que llegaron a destino fueron respondidos con un ‘No nos interesa’. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que uno de esos destinatarios publicó el correo en LinkedIn con el título: ‘Esto es lo que NO debes hacer si quieres exportar’. Pepito se convirtió en el hazmerreír de la industria por una semana. Y lo peor de todo: no vendió ni un solo gramo de café.
Por qué tu email frío de exportación parece una carta de amor desesperada
Pepito no es el único que ha cometido errores garrafales con los emails fríos de exportación. En Medellín, hay más casos de los que te imaginas. Y el problema siempre es el mismo: falta de estrategia. La gente piensa que escribir un email es como tirar una moneda al aire. Si cae cara, ganas; si cae cruz, pierdes. Pero no, querido amigo. Un email frío es como una cita a ciegas: tienes que seducir al otro, no asustarlo.
El primer error común es el tono. Muchos empresarios escriben emails que parecen cartas de amor desesperadas. ‘Hola, somos la mejor empresa del mundo, por favor compren nuestros productos.’ ¡Por favor! ¿Quién respondería eso? Nadie quiere leer un correo que huele a desesperación. Lo mismo pasa con los emails que parecen manuales de instrucciones: párrafos eternos, frases rebuscadas y un enfoque que aburre hasta a los muertos.
El segundo error es la falta de personalización. Muchos envían el mismo email a 200 personas diferentes, sin siquiera cambiar el nombre del destinatario. ¿Te suena? Es como llegar a una fiesta y saludar a todos con un ‘Hola amigos’ en lugar de usar sus nombres. ¿Tú le contestarías a alguien que ni se tomó la molestia de saber cómo te llamas?
El cliente no quiere saber de ti, quiere saber de él
El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero Isra, ¿por qué nadie responde mis emails si tengo el mejor producto?’. Yo le contesté: ‘Porque tu correo parece un monólogo de Shakespeare, no una propuesta’. Y es que ahí está el truco: el cliente no quiere saber de ti, quiere saber de él. Quiere saber cómo TU producto puede solucionar SU problema.
Por ejemplo, imagina que eres una empresa de textiles y quieres exportar a Alemania. En lugar de escribir ‘Hola, somos expertos en textiles’, podríacontar una historia así: ‘Hola, sabemos que en Alemania el mercado de ropa sostenible está creciendo un 20% anual. Nosotros ayudamos a marcas como la tuya a reducir costos y mejorar su imagen con materiales eco-friendly.’ ¿Ves la diferencia? No estás hablando de ti, estás hablando de ELLOS.
El formato: el enemigo silencioso de tu email frío
Ahora hablemos del formato, ese gran olvidado. Muchos empresarios piensan que mientras el contenido sea bueno, el formato no importa. ¡ERROR! Un email mal formateado es como un plato de comida desordenado: por más rico que esté, nadie lo quiere comer.
El otro día vi un email que parecía un testamento. Párrafos de 10 líneas, frases subrayadas en rojo, letras en negrita por todos lados y un menú de opciones que nadie pidió. ¿El resultado? El destinatario lo leyó hasta la mitad y lo borró. El formato tiene que ser limpio, claro y fácil de leer. Usa párrafos cortos, viñetas y un llamado a la acción que sea imposible de ignorar.
El cierre: el arte de no dejar las cosas al aire
Y ahora llegamos al cierre, esa parte del email que muchos hacen mal. ¿Qué pasa si terminas tu correo con un ‘Déjame saber si te interesa’? Pues que el destinatario va a pensar: ‘No, gracias’ y lo va a borrar. Un cierre efectivo tiene que ser claro y directo. Por ejemplo: ‘Podemos reunirnos el jueves a las 3 pm para hablar de cómo podemos ayudarte a reducir tus costos en un 15%. ¿Te funciona?’
Ahí está la clave: das opciones concretas y haces que el otro sienta que debe responder. No dejes las cosas al aire, porque el aire es el peor aliado de un email frío.
Conclusión: no seas Pepito
Si hay algo que aprendimos de la historia de Pepito es que un email frío mal hecho puede costarte más de lo que imaginas. No cometas los mismos errores: personaliza tu correo, habla del cliente y no de ti, usa un formato limpio y cierra con fuerza. Si lo haces bien, ese email frío puede convertirse en el primer paso hacia una relación de negocio internacional. Si lo haces mal, terminarás como Pepito: con cero ventas y una reputación por los suelos.