El día que casi me echan de una finca por hablar de aguacates
Allá estaba yo, en medio de una finca en San Jerónimo, Antioquia, hablando con Don José, un tipo que llevaba 40 años cultivando aguacates. La conversación empezó bien: él me contaba cómo su abuelo había comprado esas tierras por ‘un huevo y una gallina’, y cómo ahora, gracias al ‘oro verde’, su familia vivía mejor que nunca.
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Pero entonces, cometí el error de decirle: ‘Don José, ¿por qué no exporta a Europa? Allá pagan el doble por sus aguacates’. El hombre me miró como si hubiera insultado a su madre. ‘¿Y usted cree que eso es fácil?’, me espetó. ‘Acá tenemos problemas de transporte, no hay apoyo del gobierno, y además, esos europeos quieren que todo sea perfecto’. Me quedé callado. No quería que me sacaran a machetazos.
Pero ahí estaba el problema: Medellín, y Antioquia en general, tiene un potencial agroindustrial ENORME, pero estamos tan cómodos con lo de siempre que no vemos las oportunidades que están ahí, esperando a que alguien las agarre.
¿Por qué Medellín es el rey del aguacate (y no lo sabe)?
Antioquia produce más del 30% de los aguacates Hass del país. Sí, esos aguacates que te cuestan un ojo de la cara en cualquier restaurante trendy de Nueva York o París. Pero el 80% de esa producción se queda aquí, metida en guacamole o ensaladas de restaurantes locales. ¿Por qué? Porque nos da miedo pensar en grande.
El otro día hablé con Pepito, un empresario que empezó exportando aguacates a pequeña escala. ‘La gente acá piensa que exportar es cosa de ricos’, me dijo. ‘Pero no saben que con un contenedor bien lleno de aguacates puedes ganar más que en seis meses de ventas locales’. El problema es que nadie nos enseña esto. Nadie nos dice que el agro no es solo sembrar y vender, sino hacer negocios inteligentes.
El error número uno de los antioqueños: la mentalidad de ‘tierrita’
Aquí está el primer gran problema: en Antioquia tenemos una mentalidad de ‘tierrita’. Es decir, pensamos que lo nuestro es solo para consumo local. ‘Si vendo aguacates en el mercado de Aburrá, ya estoy bien’, piensan muchos. Y eso es un ERROR GRAVE.
Miren a los brasileños. Ellos tomaron sus tierras, las modernizaron, y ahora son los reyes de la exportación agroindustrial. Acá tenemos tierras igual de buenas, pero nos falta visión. Nos falta entender que el agro no es solo trabajo físico, sino estrategia, tecnología y marketing.
Un ejemplo: el otro día un amigo me dijo: ‘¿Para qué voy a invertir en tecnología si siempre he sembrado igual?’. Y yo le contesté: ‘¿Sabes que con sistemas de riego inteligente puedes aumentar tu producción en un 40%?’. Se quedó callado, pero sé que no me creyó. Y eso, amigos, es lo que nos tiene estancados.
La falsa creencia de que el agro ‘da mala vida’
Aquí va otra cosa que me saca de quicio: la idea de que el agro es para ‘pobres’. Que si trabajas en el campo, no vas a ganar nada. ¿Sabes qué? Esa es la mentira más grande que nos han vendido.
Miren a Juan Valdez (el personaje, no la marca). El tipo vendiendo café en una finca, feliz de la vida. Y ahora, ¿cuánto vale el café colombiano en el mundo? Millones. Lo mismo podría pasar con nuestros aguacates, nuestras frutas, nuestras flores. Pero no lo vemos porque estamos cegados por esa idea de que el agro es ‘de segunda’.
El otro día un cliente me dijo: ‘Prefiero invertir en un almacén de ropa que en una finca’. Y yo le contesté: ‘¿Sabes que un cultivo bien manejado puede darte ingresos más estables que cualquier negocio en la ciudad?’. Me miró como si estuviera loco, pero es la verdad.
El caso de ‘María la del aguacate’ (y cómo se hizo millonaria)
Aquí les cuento una historia real: María era una mujer de San Jerónimo que siempre había vendido aguacates en el mercado local. Un día, un comprador le dijo: ‘¿Por qué no exportas?’. Ella, que no tenía ni idea del tema, se arriesgó. Empezó pequeña, aprendió sobre certificaciones, transporte internacional, y hoy tiene su propia empresa exportadora.
¿Sabes qué hizo diferente María? No se quedó con la mentalidad de ‘tierrita’. Pensó en grande, se educó, y ahora está ganando más que nunca. Y lo mejor: está llevando el nombre de Antioquia a todo el mundo.
Cómo despertar el gigante agroindustrial de Antioquia
Si queremos aprovechar el potencial agroindustrial de Medellín y Antioquia, hay que hacer tres cosas:
1. Educarnos: El agro ya no es solo cultivar. Es tecnología, negocios, marketing. Hay que aprender.
2. Innovar: Riegos inteligentes, cultivos sostenibles, tecnología de punta. No se puede seguir haciendo lo mismo de siempre.
3. Pensar en grande: El mundo está ahí, esperando nuestros productos. No nos quedemos solo en el mercado local.
Así que la próxima vez que veas un aguacate, piensa en esto: no es solo una fruta, es una oportunidad. Y Antioquia tiene millones de ellas esperando a ser aprovechadas. ¿Vamos a dejar que otros las agarren?