Digitalizar un negocio tradicional: cómo no morir en el intento y dejar de parecer un dinosaurio

La historia del señor Martínez y su negocio que olía a naftalina

Todo comenzó en una esquina del centro de Medellín, donde el señor Martínez tenía su tienda de ropa. ‘Martínez y Hnos.’, decía el letrero, que llevaba más años allí que el Pueblito Paisa. El lugar olía a naftalina, y no porque vendiera bolas para las polillas, sino porque parecía que el tiempo se había detenido en 1985. Los maniquíes vestían sacos que parecían sacados de una película de Al Pacino, y el único sitio donde podías pagar era una caja registradora que hacía ‘clang’ como si fuera del Oeste.

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Un día, el señor Martínez me llamó. ‘Oiga, joven, necesito ayuda. Ya nadie me compra. Los jóvenes pasan de largo, y los que entran solo vienen a preguntar si acepto Nequi’. Le pregunté si tenía página web. ‘Sí, pero solo la hizo mi sobrino hace tres años, y nunca la actualizamos’. Spoiler: la página tenía un fondo negro, letras amarillas y una foto de la tienda tomada con un Nokia 3310.

Y así empezó la travesía de digitalizar un negocio que parecía untoneel túnel del tiempo.

Por qué tu web parece un cementerio (y cómo arreglarlo)

El error número uno de los negocios tradicionales es pensar que tener una página web es suficiente. ¡No, señor Martínez! No basta con poner un ‘Hola, bienvenidos’ y una foto de tu tienda que parece sacada de un álbum familiar de los 90. Tu web es tu vitrina, y si parece un cementerio, nadie va a entrar.

Un día, un cliente me dijo: ‘Pero yo no tengo tiempo para eso de las redes sociales y las páginas web’. Le contesté: ‘¿Tienes tiempo para quebrar?’. Crudo, lo sé. Pero así de cruda es la realidad. Si tu web no es atractiva, no genera leads, y no es fácil de navegar, estás mandando a tus clientes directo a la competencia.

El WhatsApp no es una estrategia digital

Aquí va otra perla que escucho mucho: ‘Yo ya estoy digitalizado porque tengo WhatsApp y subo fotos a mi estado’. ¡Por Dios, no! El WhatsApp es una herramienta, no una estrategia. Subir fotos de tus productos con un ‘Disponible, escriban al DM’ no te convierte en Jeff Bezos.

Recuerdo a ‘Pepito’, un amigo que tiene una tienda de zapatos. Me dijo: ‘Yo ya estoy en Instagram, tengo como 200 seguidores’. Le pregunté: ‘¿Y cuántas ventas te ha generado?’. Silencio incómodo. Exacto. Tener seguidores no es lo mismo que tener clientes. Si no tienes un plan, una estrategia de contenido y una manera de medir tus resultados, estás jugando a la ruleta rusa con tu negocio.

El error clásico: pensar que todo es gratis

Otro mito que me saca canas es pensar que digitalizar un negocio es gratis. ‘Pero si hay herramientas gratuitas, ¿no?’. Sí, las hay, pero si quieres resultados serios, tienes que invertir. Y no, no estoy hablando de vender tu casa para montar una campaña en Google Ads. Pero sí de entender que, si quieres llegar a más gente, tienes que ponerle plata al asunto.

Un caso que me dejó helado fue el de una señora que vendía arepas. ‘Yo hice una página en Facebook, pero no me sale nada’. Le pregunté si había hecho publicidad. ‘No, eso cuesta mucho’. Resultado: cero ventas. Le expliqué que, con 50 mil pesos al mes, podía llegar a cientos de personas interesadas en arepas. Al mes siguiente, me escribió: ‘¡Funcionó! Ahora tengo pedidos hasta para mañana’.

El miedo a lo desconocido te está matando

Aquí va mi opinión polémica: el mayor obstáculo para digitalizar un negocio tradicional no es la tecnología, sino el miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a equivocarse, miedo a perder el control. Y ese miedo te está matando más rápido que la competencia.

El otro día hablé con un señor que tiene una ferretería. ‘Es que yo no entiendo eso de las redes sociales’, me dijo. Le respondí: ‘Tampoco entendías cómo usar un taladro la primera vez, ¿verdad?’. Y eso es lo que pasa: la digitalización es una curva de aprendizaje, no un callejón sin salida.

El truco: empezar pequeño, pero empezar ya

Si estás leyendo esto y piensas: ‘Yo también quiero digitalizar mi negocio, pero no sé por dónde empezar’, aquí va el truco: empieza pequeño, pero empieza ya. No necesitas una página web de un millón de pesos o un equipo de marketing estratégico. Empieza con lo básico: un perfil en Instagram, un catálogo de productos en WhatsApp Business, o una campaña sencilla en Facebook.

Y sobre todo, no te rindas. Digitalizar un negocio tradicional no es una carrera de 100 metros, es un maratón. Pero créeme, cuando veas los resultados, vas a decir: ‘¿Por qué no lo hice antes?’.

Conclusión: deja de parecer un dinosaurio

Si tu negocio sigue funcionando como en los años 80, es hora de dar el salto. Digitalizar no es una opción, es una necesidad. Y no, no tienes que ser Mark Zuckerberg para lograrlo. Solo necesitas empezar, aprender y, sobre todo, dejar de tenerle miedo al cambio.

Porque, al final del día, la pregunta no es si puedes permitirte digitalizar tu negocio, sino si puedes permitirte no hacerlo.