El día que le dije ‘no’ a Instagram
Hace dos años, estaba sentado en una cafetería de Medellín cuando escuché una conversación que me hizo soltar el café. Dos tipos, con laptops relucientes y camisas de marca, discutían cómo ‘hackear’ Instagram para conseguir seguidores. Uno de ellos decía: ‘Bro, si no estás en Instagram, no existes’. El otro asentía como si le hubieran revelado el secreto del universo.
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Me levanté, pagué mi café y me fui. Pero esa frase me persiguió durante días. ‘Si no estás en Instagram, no existes’. ¿En serio? ¿Es esa la verdad absoluta? ¿El destino de tu negocio depende de un algoritmo que cambia cada dos semanas?
Empecé a investigar. Hablé con dueños de negocios, con emprendedores, con gente que vendía sin depender de las redes sociales. Y descubrí algo fascinante: hay vida más allá de los likes.
Por qué tu web parece un cementerio
El error número uno de la gente que quiere vender sin redes sociales: creen que tener una página web es suficiente. La verdad es que la mayoría de las webs parecen cementerios. Diseños anticuados, textos genéricos, llamados a la acción aburridos. ‘Contáctenos’. ¡Qué emocionante! ¿No?
El otro día, un cliente me dijo: ‘Isra, mi web no vende’. Y yo le contesté: ‘Claro que no vende, parece hecha en 2005’. Si quieres vender sin redes sociales, tu web tiene que ser tu mejor vendedor. Tiene que contar una historia, seducir al visitante, llevarlo de la mano hasta el botón de compra.
El poder de las historias (y no me refiero a Instagram Stories)
Hablando de historias, ahí está la clave. La gente no compra productos, compra historias. Si vendes café, no hables de tu mezcla de granos. Habla de cómo tu abuelo te enseñó a tostar el café en un fogón de leña. Si vendes ropa, no hables de las telas. Habla de cómo diseñaste tu primera prenda después de que te robaron en el centro.
El otro día estaba en Envigado y vi un negocio pequeño, casi escondido. En la ventana tenían un cartel que decía: ‘Hacemos los mejores sándwiches desde 1993’. Y ahí estaba la historia. No necesitaban Instagram. Tenían algo mejor: una historia auténtica que conectaba con la gente.
Email marketing: el olvidado que todavía funciona
¿Sabes por qué el email marketing sigue funcionando? Porque es íntimo. Llega directamente a la bandeja de entrada de tu cliente. Las redes sociales son como gritar en un estadio lleno. El email es como una conversación privada.
Pero cuidado, no se trata de enviar correos genéricos del tipo ‘Oferta especial, 20% de descuento’. Se trata de conectar. De contar historias. De hacer que tu cliente sienta que le estás hablando solo a él.
Networking: la vieja escuela que nunca pasa de moda
Aquí viene la parte más importante. Si quieres vender sin redes sociales, tienes que salir a la calle. Conectar con gente. Asistir a eventos. Hablar con tus clientes cara a cara. El otro día estaba en Rionegro y conocí a un tipo que vendía artesanías. No tenía Instagram, ni Facebook. Pero tenía algo mejor: una red de clientes fieles que lo recomendaban. ‘El boca a boca es mi mejor publicidad’, me dijo.
Así que ahí lo tienes. Si odias las redes sociales, no te sientas obligado a usarlas. Hay otras formas de vender. Formas que funcionan. Formas que conectan. Formas que no dependen de un algoritmo que cambia cada dos semanas.
Conclusión: la venta es un arte, no un algoritmo
Al final del día, vender no tiene que ver con tener millones de seguidores en Instagram. Tiene que ver con conectar con la gente. Con contar historias que emocionen. Con construir relaciones que duren. Así que si quieres vender sin redes sociales, hazlo. Pero hazlo bien. Conviértete en el mejor vendedor que puedas ser. Y recuerda: el mejor algoritmo es el boca a boca.