La historia del restaurante fantasma
Hace un par de semanas, caminando por el Poblado en Medellín, me topé con un restaurante que parecía salido de una película de terror. Letrero luminoso, luces tenues, música ambiental… pero ni un alma. Literalmente, el lugar estaba más vacío que el cerebro de un influencer después de tres selfies seguidas.
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Entré curiosón. El mesero, con cara de ‘por favor, alguien que me rescate’, me recibió. Pedí un café y me puse a observar. El lugar era bonito, el menú decente, pero algo no cuadraba. ¿Por qué nadie estaba allí? ¿Era la comida? ¿El precio? ¿La ubicación?
Resulta que el problema no era ninguno de esos. El problema era que el dueño había decidido invertir en un logo carísimo, un menú diseñado por un ‘gurú creativo’ y hasta un DJ los viernes… pero no había gastado ni un peso en marketing. Cero. Nada. Nada de nada.
‘Es que el boca a boca funciona’, me dijo el mesero, resignado. Claro, ahí estaban, esperando a que el mundo mágicamente los descubriera. Spoiler: no funciona así.
Por qué tu marketing está fallando
Ahora, hablemos de ti. Sí, tú, el que está leyendo esto y pensando: ‘Pero si yo sí hago marketing’. ¿De verdad? Porque lo que hacen muchos en Medellín (y en todas partes) es tirar plata al aire esperando que algo se pegue. Y cuando no funciona, culpan a Instagram, a Facebook o al algoritmo del mal.
Pero aquí va la verdad incómoda: el marketing falla porque lo estás haciendo mal. Punto.
Tu web parece un cementerio
El otro día, un cliente me mostró su página web. Y créeme, parecía diseñada en 2005 por alguien que odiaba el color. Fotos borrosas, textos larguísimos, botones que no funcionaban… Vamos, un desastre.
‘Pero si la gente sabe lo que vendo’, me dijo. ¡ERROR! La gente no tiene tiempo para descifrar enigmas. Si tu web no es clara, atractiva y fácil de navegar, estás perdiendo clientes. Y no, poner tu logo grande no es suficiente.
Estás hablando de ti, no de ellos
Aquí va otro pecado capital: llenar tus redes sociales de ‘Somos los mejores’, ‘Calidad garantizada’, ‘Tenemos los precios más bajos’. ¿Y? A nadie le importa. La gente quiere saber qué puedes hacer por ellos, no por qué eres tan maravilloso.
El otro día le dije a un cliente: ‘Habla de tus clientes, no de ti’. Y me respondió: ‘Pero es que quiero que sepan quiénes somos’. Claro, porque a todos nos encanta que nos cuenten su vida en lugar de resolver nuestro problema.
El mito del ‘boca a boca’
Volvamos al restaurante fantasma. Muchos piensan que el boca a boca es suficiente. Error. El boca a boca funciona cuando ya tienes clientes. Pero si nadie te conoce, ¿cómo van a recomendarte? Primero tienes que salir ahí, mostrarte, generar interés. Y eso requiere marketing.
¿Y si cambiamos el chip?
Aquí va una idea revolucionaria: deja de hacer marketing como si fuera 2010. Las cosas han cambiado. La gente está saturada de publicidad aburrida. Si quieres destacar, tienes que ser diferente.
Haz contenido que le interese a tu audiencia. Usa historias, humor, curiosidad. No vendas por vender; ofrece valor. Y, por favor, invierte en una buena estrategia. No puedes esperar resultados si no estás dispuesto a ponerle esfuerzo.
Conclusión: el marketing no es magia
El marketing no es un botón mágico que resuelve todos tus problemas. Es una herramienta poderosa cuando se usa bien. Pero si lo haces mal, sólo estás tirando el dinero.
Así que, la próxima vez que pienses en marketing, recuerda al restaurante fantasma. No quieres terminar como ellos, ¿verdad?