El día que Juan prefirió perderlo todo
Hace unos meses, en un bar de Medellín, conocí a Juan. Era uno de esos tipos que siempre tienen una historia para contar. Pero esa noche, Juan no estaba de humor para bromas. Se veía preocupado, con la mirada perdida en su cerveza. ‘Me equivoqué’, me dijo, y empezó a soltar la historia que lo tenía tan angustiado.
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Juan había invertido en acciones de una empresa que parecía prometedora. Al principio, todo iba bien. Las acciones subían y él estaba feliz. Pero luego, el mercado empezó a cambiar. Las acciones comenzaron a caer. Juan estaba perdiendo dinero, pero en vez de vender y cortar sus pérdidas, decidió mantenerlas. ‘No puedo vender, todavía pueden subir’, se repetía. Pero las acciones seguían cayendo. Y Juan seguía ahí, esperando que la situación mejorara. Hasta que un día, la empresa quebró y Juan perdió todo su dinero.
¿Por qué Juan no vendió cuando aún podía salvar algo? ¿Por qué se quedó esperando que las cosas mejoraran, a pesar de que todo indicaba lo contrario? La respuesta está en un fenómeno psicológico conocido como aversión a la pérdida.
¿Qué es la aversión a la pérdida?
La aversión a la pérdida es nuestra tendencia a preferir evitar pérdidas antes que adquirir ganancias equivalentes. En otras palabras, el dolor que sentimos al perder algo es más intenso que la alegría que sentimos al ganar algo de igual valor. Esto nos lleva a tomar decisiones irracionales, como la de Juan, que prefirió perderlo todo antes que arriesgarse a vender y perder un poco menos.
Por qué tu miedo a perder te está arruinando
El otro día un cliente me dijo: ‘Prefiero quedarme sin nada antes que arriesgar un peso’. Y yo le contesté: ‘Esa mentalidad te está arruinando’. Y no exagero. La aversión a la pérdida nos hace tomar decisiones financieras absurdas. Por ejemplo, mantener un negocio que no da ganancias solo porque ya invertiste mucho dinero en él. O seguir en un trabajo que odias porque te da ‘seguridad’.
Pero aquí está el problema: la seguridad es una ilusión. El mundo cambia constantemente, y si no te adaptas, te quedas atrás. La aversión a la pérdida te paraliza, te impide tomar riesgos necesarios para avanzar. Y al final, lo único que logras es perder más.
El caso de Pepito: Cuando el miedo te hace tonto
Pepito es otro ejemplo clásico de aversión a la pérdida. Tenía un negocio de comida rápida que no funcionaba. Cada mes perdía dinero, pero seguía ahí, esperando que las cosas mejoraran. ‘Ya invertí demasiado’, me dijo. ‘No puedo cerrar ahora’. Y yo le contesté: ‘Pepito, no es una inversión si solo pierdes dinero’. Pero él no me hizo caso. Y adivina qué pasó: Pepito perdió no solo su negocio, sino también su casa y su coche.
¿Qué debió hacer Pepito? Vender el negocio y cortar sus pérdidas. Pero el miedo a perder lo paralizó. Y al final, perdió mucho más.
Cómo superar la aversión a la pérdida
Superar la aversión a la pérdida no es fácil, pero tampoco es imposible. Aquí tienes algunos consejos:
1. Acepta que las pérdidas son parte del juego: No puedes ganar siempre. Las pérdidas son inevitables. Pero si las aceptas, puedes aprender de ellas y seguir adelante.
2. No te apegues a tus inversiones: Si algo no funciona, no insistas. Vende y corta tus pérdidas. Mantener algo que no da resultados solo te llevará a perder más.
3. Toma riesgos calculados: La vida es un riesgo, pero no tienes que lanzarte al vacío sin paracaídas. Toma riesgos calculados, aquellos que tienen una buena probabilidad de éxito y que puedes afrontar si las cosas salen mal.
Conclusión: Atrévete a perder para ganar
La aversión a la pérdida es uno de los mayores enemigos del éxito. Nos paraliza, nos impide tomar riesgos necesarios y al final, nos hace perder más. Pero si aprendemos a aceptar las pérdidas como parte del juego, si dejamos de tener miedo a perder, podemos abrirnos a nuevas oportunidades y alcanzar el éxito que tanto deseamos.
Así que la próxima vez que te encuentres frente a una decisión difícil, pregúntate: ¿Qué es peor, perder un poco o perderlo todo? Y recuerda, a veces, para ganar, primero tienes que estar dispuesto a perder.