El día que Javier casi pierde su negocio por culpa de su propio cerebro
Javier es un tipo con suerte. Tiene un restaurante en el Poblado que, hasta hace poco, era el lugar de moda. Todo iba bien: clientes felices, ventas subiendo y hasta le sacaban fotos para Instagram. Pero entonces apareció un competidor. Uno muy fuerte. Un restaurante nuevo que lo tenía todo: menú innovador, diseño minimalista, hasta una planta en la caja registradora (porque sí, el detalle importa).
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Y Javier empezó a tomar decisiones… raras. Primero bajó los precios. Después copió el menú del otro restaurante, pero sin mejorarlo. Luego contrató a alguien para promocionarse en redes, pero le pidió que hiciera exactamente lo mismo que el competidor. Spoiler: nada de eso funcionó. Las ventas siguieron cayendo y Javier estaba desesperado. Hasta que un día, su mejor amigo le dijo algo que lo cambió todo: «¿Te das cuenta de que estás tomando decisiones basadas en el miedo?».
Javier se quedó ahí, con el café frío en la mano, preguntándose por qué había hecho todo eso. La respuesta está en los sesgos cognitivos, esos pequeños tramposos que hacen que tu cerebro te engañe sin que te des cuenta.
Por qué tu cerebro es como un ladrón de bancos
Imagina que tu cerebro es como un ladrón de bancos. Pero no el típico ladrón con pasamontañas y una bolsa llena de dinero. No, no. Este ladrón es mucho más astuto. Te engaña sin que te des cuenta, te hace tomar decisiones raras y, encima, te convence de que es tu amigo. Así funcionan los sesgos cognitivos.
Por ejemplo, ¿sabes por qué Javier bajó los precios aunque sabía que eso no era lo que necesitaba su negocio? Por el sesgo de aversión al riesgo. Cuando vemos una amenaza (en este caso, un competidor fuerte), nuestro cerebro se pone en modo supervivencia y nos empuja a tomar decisiones conservadoras, aunque no sean las mejores.
El efecto ‘Yo también hice eso’: Cuando copiar no es la solución
Aquí es donde me enciendo. Porque sí, claro, es fácil copiar lo que hace el que tiene éxito. Pero ¿sabes qué? Eso es como ponerte la ropa de otra persona y esperar que te quede igual. No funciona así. Y Javier lo aprendió por las malas.
El sesgo que lo llevó a copiar al competidor se llama sesgo de confirmación. Es cuando nuestro cerebro busca información que confirme lo que ya pensamos (en este caso, «ese restaurante está ganando porque hace esto»). Y aunque esa información sea incorrecta o incompleta, la usamos para tomar decisiones. Error, Javier. Error grande.
El ‘efecto Instagram’: Por qué vives en un mundo de mentiras
Otro sesgo que nos está matando es el sesgo de disponibilidad. Esto es cuando tu cerebro toma decisiones basadas en lo que más fácilmente recuerda. ¿Un ejemplo? Creer que todos en Instagram tienen una vida perfecta porque eso es lo que ves todos los días. Pero, obvio, eso es mentira. La gente solo comparte lo bueno (y a veces ni eso es real).
En el caso de Javier, fue peor. Veía cómo el competidor llenaba su restaurante y asumía que era por el diseño minimalista y la planta en la caja registradora. Pero ¿te digo algo? Tal vez los clientes iban porque el chef era famoso o porque tenían un descuento de lanzamiento. Javier nunca lo averiguó porque estaba demasiado ocupado copiando.
Cómo salir de la trampa de tu propio cerebro
Ahora, lo importante: ¿cómo evitar que los sesgos cognitivos te arruinen la vida o el negocio? Aquí van mis tips, porque sí, después de años viendo estas cosas, algo he aprendido.
Primero, cuestiona todo. ¿Por qué estás tomando esa decisión? ¿Es porque realmente crees que es lo mejor o porque tienes miedo? Segundo, busca opiniones externas. A veces un amigo o un mentor puede darte una perspectiva que tu cerebro nunca te daría. Y tercero, haz pausas. Los sesgos son más fuertes cuando actúas por impulso. Respira, piensa y decide.
Por cierto, Javier lo hizo. Cuestionó sus decisiones, buscó ayuda y cambió su estrategia. Hoy su restaurante sigue siendo un éxito, pero no porque haya copiado a nadie, sino porque encontró su propia voz. Y eso, amigos, es lo que hace que un negocio (o una vida) realmente funcione.
Conclusión: No dejes que tu cerebro te manipule
Los sesgos cognitivos son como esos amigos tóxicos que siempre te dan malos consejos. Te hacen creer que estás tomando la decisión correcta cuando en realidad te están llevando al precipicio. Así que, la próxima vez que sientas que algo no cuadra, pregunta ¿es mi cerebro jugándome una mala pasada? Porque, al final, la mejor decisión es la que tomas después de haber dejado a tu ladrón de bancos interno en su lugar.