La historia del tipo que se sentía más solo rodeado de gente
Había una vez (bueno, el jueves pasado) un tipo llamado Juan. Juan estaba en un café en el poblado, rodeado de gente. Gente en mesas, gente en celulares, gente hablando y riéndose. Pero Juan se sentía solo. No, no es el inicio de un drama barato, es la realidad de muchos. Juan estaba ahí, físicamente presente, pero desconectado. Como si fuera un NPC en su propia vida. ¿Le suena? Mientras miraba a su alrededor, se dio cuenta de que todos estaban igual: juntos, pero separados. Nadie hablaba con nadie. Todos estaban en sus mundos, pegados a una pantalla, o hablando de cosas superficiales como si fueran robots programados para decir: ‘¿Cómo estás? Bien, ¿y tú?’. Juan empezó a preguntarse: ¿Dónde quedó eso de sentirse parte de algo? ¿De dónde salió este vacío colectivo?
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El gran error: confundir pertenencia con moda
Aquí viene la crítica dura, así que agárrate. Mucha gente en Medellín (y en el mundo) cree que el sentido de pertenencia se trata de seguir tendencias. ‘Ah, sí, soy parte de la cultura del café porque tomo Starbucks’. O peor aún: ‘Me siento parte de algo porque me compré las últimas Air Jordan’. No, querido. No es así. El sentido de pertenencia no se compra, no se pone como un accesorio. Es algo que se construye desde adentro, desde lo emocional, lo humano. Y la mayoría lo está haciendo mal.
El caso de Pepito: el rey de la desconexión
El otro día un cliente, vamos a llamarlo Pepito, me dijo: ‘Yo no entiendo por qué nadie me invita a nada’. Y yo, como buen irreverente, le contesté: ‘¿Y tú qué haces para que te inviten?’. Pepito se quedó mirándome como si le hubiera hablado en mandarín. ‘Pues nada’, dijo. Ahí está el problema: Pepito quiere sentirse parte de algo, pero no hace nada para pertenecer. Es como querer ganarse la lotería sin comprar el boleto. El sentido de pertenencia exige acción, compromiso, entrega. No es algo pasivo. ¿Quieres ser parte de un grupo? Entonces contribuye, participa, sé auténtico.
Por qué tu comunidad parece un cementerio
Te voy a decir algo que duele: si tu comunidad (sea la que sea) está muerta, es porque tú la mataste. Sí, tú. Otra vez. Las comunidades no se mantienen solas. Si no hay interacciones genuinas, si no hay compromiso, si no hay pasión, entonces es solo un grupo de gente juntada por casualidad. Y eso no es una comunidad, eso es un funeral. ¿Quieres revivirla? Empieza por conectarte de verdad. Habla con las personas, escúchalas, sé vulnerable. El sentido de pertenencia nace de la conexión humana, no del WhatsApp.
La fórmula para sentirte parte de algo (sin fingir)
Aquí te va la receta, pero prepárate porque no es fácil:
- Sé auténtico. No finjas ser alguien que no eres solo para encajar.
- Dale valor a los demás. Escucha, apoya, aporta.
- Comprométete. Si quieres ser parte de algo, tienes que ponerle energía.
- Conéctate emocionalmente. Deja de hablar del clima y habla de cosas que importen.
No hay atajos. No puedes comprar el sentido de pertenencia en Amazon. Tienes que trabajarlo.
El problema más grande: el miedo a ser vulnerable
Aquí está el gran obstáculo: el miedo. Miedo a ser rechazado, miedo a no encajar, miedo a mostrar quién eres realmente. Pero adivina qué: ese miedo es el que te está desconectando de todo. Si no te muestras como eres, si no te abres, entonces nunca vas a sentirte parte de nada. Es como tratar de bailar salsa sin mover los pies. No funciona.
El secreto está en las pequeñas acciones
No tienes que hacer algo grandioso para sentirte parte de algo. Puede ser algo tan simple como iniciar una conversación real, proponer una actividad, o simplemente escuchar a alguien cuando lo necesita. El sentido de pertenencia se construye día a día, con pequeñas acciones que suman.
Conclusión: pertenecer es un verbo, no un sustantivo
Si te sientes desconectado, si sientes que nadie te entiende, si sientes que estás solo en medio de la multitud, entonces es hora de actuar. El sentido de pertenencia no es algo que te dan, es algo que construyes. Así que deja de quejarte y empieza a conectarte. Porque al final del día, todos queremos lo mismo: sentir que somos parte de algo más grande que nosotros mismos.