El día que mi amigo Juan creyó que estaba en un video porno
Todo empezó un martes cualquiera, como esos días en los que te tomas un café que sabe a desilusión y piensas que la vida es una broma pesada. Juan, mi amigo de toda la vida, llegó a mi casa con cara de pánico. Parecía alguien que acaba de ver un fantasma y, al mismo tiempo, haberlo golpeado por error. ‘Tienes que ver esto’, me dijo, casi sin aliento, mientras me entregaba su teléfono.
Te recomendamos leer: Seo
Te recomendamos leer: Ai Video Generator
En la pantalla, había un video de él… sí, él mismo, haciendo cosas que ni siquiera sus fantasías más salvajes habrían podido imaginar. Fue como ver a tu mejor amigo protagonizar una película de bajo presupuesto en la que nunca firmaste para ser parte del elenco. ‘¡Pero esto no soy yo!’, gritó Juan, con esa voz quebrada que solo sale cuando estás al borde del colapso nervioso.
Resultó que alguien había usado un deepfake para poner su cara en un video completamente ajeno. ¿Lo peor? El video ya estaba circulando en su grupo de WhatsApp del trabajo. Sí, ese grupo donde todos son profesionales durante el día y comediantes frustrados por la noche. Juan pasó de ser el tipo que te ayuda con Excel a ser el meme del siglo en cuestión de minutos.
Y ahí estaba yo, preguntándome: ¿En qué momento la tecnología se volvió más peligrosa que un borracho con un micrófono?
Deepfake: La mentira tiene cara (y es muy convincente)
Los deepfakes no son solo una tecnología más, son la prueba de que el futuro llegó y decidió ser un imbécil. Imagina poder poner cualquier cara en cualquier cuerpo, hacer que cualquier persona diga cualquier cosa. Suena como un superpoder, ¿no? Pues también es la receta perfecta para el desastre.
El otro día, en un bar, escuché a un tipo decir: ‘Los deepfakes son solo un juguete, no hacen daño’. Quise tirarle mi cerveza en la cara, pero me contuve porque era una IPA artesanal y no quería desperdiciarla. ¿Cómo puede alguien pensar que esta tecnología es inofensiva? Es como decir que un toro en una cristalería es solo un animal pasando el rato.
¿Recuerdas la noche de las elecciones pasadas? Hubo un video falso de un candidato diciendo cosas que jamás diría. Sí, era un deepfake, pero la gente lo compartió como si fuera pan caliente. ¿El resultado? Caos, confusión y un montón de gente discutiendo en Facebook como si estuvieran en un episodio de Jerry Springer.
Por qué tus amigos son más peligrosos que Putin
Aquí es donde la cosa se pone fea. No necesitas ser un genio de la informática para crear un deepfake. Hay aplicaciones y programas que lo hacen tan fácil como pedir una pizza. Y mientras más fácil es, más gente lo usa para cosas estúpidas. Como Pepito, mi vecino, que decidió ‘bromear’ con su ex usando un deepfake. Sí, hizo un video falso de ella diciendo cosas horribles y lo envió a su familia. ¿El resultado? Una demanda, una orden de restricción y un Pepito que ahora tiene que explicarle a su abuela por qué no puede acercarse a su ex.
‘Pero es solo una broma’, dijo Pepito cuando lo confronté. ‘Una broma’, le contesté, ‘es esconder el control remoto de la TV, no arruinarle la vida a alguien’.
¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos ponemos todos gorros de aluminio?
No, no hace falta llegar a ese extremo. Pero sí necesitamos ser más conscientes. Cada vez que ves un video en redes sociales, pregúntate: ¿Esto es real? ¿Quién lo publicó? ¿Por qué? No te dejes llevar por ese clic fácil que promete el escándalo del siglo.
Y, por favor, si vas a crear un deepfake, usa esa habilidad para algo que no sea meterte en problemas. ¿Qué tal hacer un video de tu perro hablando? O de tu abuela cantando reggaetón. Hay mil formas de usar esta tecnología sin convertirte en el villano de la película.
Los deepfakes están aquí para quedarse, y como cualquier herramienta poderosa, pueden usarse para el bien o para el mal. Depende de nosotros decidir cuál será su impacto en nuestra sociedad. Así que la próxima vez que veas un video que parece demasiado bueno (o malo) para ser verdad, piénsalo dos veces antes de compartirlo. Porque, al final, la verdad siempre sale a la luz… aunque tenga que luchar contra un montón de mentiras convincentes para hacerlo.