Guion a Video: Cómo convertir una mala historia en un éxito viral (sin morir en el intento)

El día que Pepito casi arruina su carrera con un guion

Todo empezó en un café del centro de Medellín. Pepito, un joven entusiasta con sueños de convertirse en el próximo Spielberg de las redes sociales, me mostró su último proyecto: un guion para un video corporativo. Sus ojos brillaban con la esperanza de un éxito rotundo. Pero cuando leí las primeras líneas, supe que estaba a punto de cometer un error épico.

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El guion comenzaba así: ‘Buenas tardes, hoy les hablaremos de nuestra empresa, fundada en 1975, con una trayectoria de más de 40 años en el mercado…’. ¿Aburrido? Sí. ¿Predecible? Totalmente. ¿Peor que ver pintura secarse? Absolutamente.

Pepito no lo entendía. Él pensaba que estaba haciendo algo ‘profesional’. Le expliqué que su guion era como ofrecerle a alguien un plato de lentejas frías cuando podía darle un banquete de emociones. Pero ahí fue cuando me soltó la frase que aún resuena en mi cabeza: ‘Pero es que así lo hacen todos’. Y ahí fue cuando exploté.

Por qué tu guion es más aburrido que un funeral

Estoy harto de ver guiones que parecen escritos por un robot con resaca. Frases genéricas, datos innecesarios, cero emoción. ¿De verdad crees que a alguien le interesa saber que tu empresa fue fundada en 1975? Spoiler: no. A nadie le importa.

El otro día, un cliente me dijo: ‘Pero es que tengo que ser serio, es un video corporativo’. ¿Y quién dijo que serio es sinónimo de aburrido? La gracia de un buen guion está en contar una historia que emocione, que enganche, que haga que tu audiencia se quede pegado a la pantalla hasta el final.

El secreto de los guiones que enganchan

Aquí va una verdad incómoda: la mayoría de los guiones fracasan porque no tienen un conflicto. Sí, un conflicto. No hablo de una pelea callejera, sino de un problema que resuene con tu audiencia. Piensa en esto: si tu guion no tiene un ‘¿y ahora qué?’, no tiene chiste.

Te pongo un ejemplo. Pepito quería hacer un video sobre un producto nuevo. Su guion decía: ‘Este producto es el mejor del mercado porque tiene X, Y y Z’. Yo le dije: ‘Olvídate de las características. Cuenta una historia. Imagina que tu producto es el héroe que resuelve el problema de alguien’. Y así fue como transformó su guion en algo que valía la pena ver.

La regla de oro: emociona primero, vende después

Aquí está el truco que nadie quiere que sepas: un buen guion no vende, emociona. Si logras que tu audiencia sienta algo, el resto viene solo. No se trata de decirles por qué tu producto es increíble (eso es lo más aburrido del mundo), sino de mostrarles cómo cambia sus vidas.

El otro día, otro cliente me dijo: ‘Pero es que no tengo tiempo para tanta historia, necesito algo rápido’. Y ahí está el error. No importa si dura 15 segundos o 15 minutos, si no hay una historia, no hay conexión. Por eso, 💔.

El caso de la empresa que hizo llorar a su audiencia

Te voy a contar algo que pasó hace poco. Una empresa quería hacer un video sobre su fundador. En vez de empezar con el típico ‘Nuestra empresa fue fundada en 1975’, decidieron contar la historia de cómo el fundador vendió hasta sus zapatos para sacar adelante su sueño. El resultado: un video que hizo llorar a medio internet y que se volvió viral en horas.

¿Moraleja? No importa de qué hables, siempre hay una historia emocionante detrás. Solo tienes que aprender a contarla.

Los 3 pecados capitales de los guiones

1. Ser predecible. Si tu audiencia sabe cómo termina tu video desde el primer segundo, ya perdiste.
2. Ser aburrido. Si no emocionas, no conectas.
3. Ser genérico. Si tu guion podría ser de cualquier empresa, ¿por qué alguien lo vería?

Así que, la próxima vez que escribas un guion, pregúntate: ¿Estoy contando una historia? ¿Estoy generando emociones? ¿O solo estoy llenando páginas con palabras vacías?

Cómo escribir un guion que no sea un desastre

Aquí va mi fórmula secreta: empieza con un problema, introduce a un héroe (tu producto, tu marca, tu historia), y termina con una solución que deje a tu audiencia con ganas de más. No es complicado, pero requiere pensar fuera de la caja.

Y por último, pero no menos importante: lee tu guion en voz alta. Si te aburres tú, imagina cómo se sentirán los demás.

Conclusión: el guion no es lo que escribes, es lo que sientes

Al final del día, un guion no es solo texto. Es una herramienta para crear emociones, conexiones y, sí, ventas. Así que, la próxima vez que te sientes a escribir, recuerda: no estás escribiendo un guion, estás creando una experiencia.

Y si no sabes cómo hacerlo, déjame darte un consejo: llama a alguien que sí pueda. Porque, como diría Pepito después de su desastre inicial: ‘Mejor pedir ayuda que arruinarlo todo’.

Si necesitas ayuda para crear videos impactantes, considera usar un generador de videos con IA para darle vida a tus guiones.